Como la manutención de los medios públicos corre por cuenta de la sociedad, las autoridades que se encargan de su manejo estarían obligadas a cumplir, en circunstancias normales, por lo menos con tres condiciones irrenunciables. La primera sería tomar en cuenta la opinión que la sociedad tiene, luego de una consulta previa, sobre la programación de dichos medios. Una segunda exigencia sería que los medios públicos sean plurales, estén abiertos a las diversas voces de la colectividad y no se limiten a presentar un punto de vista (por lo común el oficial) sobre los problemas y necesidades sociales, las políticas públicas y el desempeño de los directivos en la administración pública. Y una última obligación: difundir aquellas manifestaciones valiosas que suelen ser desatendidas por los medios comerciales alegando motivos de bajo rating o la inconveniencia de incluir en su programación aquello que “no le gusta a la gente”.
A partir de lo anterior, no sería exagerado decir que quienes manejan los medios públicos de Jalisco incumplen paladinamente con las dos primeras condiciones y que sólo observan a medias la última. Y lo anterior se aplica lo mismo para los medios de comunicación a cargo del gobierno de Jalisco que para los que regentea la Universidad de Guadalajara. Ambas instancias oficiales manejan sendos conglomerados de estaciones radiofónicas y televisivas. El más antiguo es el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRT), que incluye dos radiodifusoras en Guadalajara (una en la banda de FM y otra en la AM) y otras en Ciudad Guzmán y Puerto Vallarta, así como el Canal 7 de televisión, cuya señal abierta se capta en la mayor parte del territorio de Jalisco.
El otro grupo de medios públicos es el que opera a nombre de la UdeG: el llamado Sistema Universitario de Radio y Televisión (SURT), conformado recientemente con ese nombre y al cual integran ocho radiodifusoras de FM en otras tantas regiones de Jalisco, así como el Canal 44 de televisión, cuya señal es difícil de captar incluso en el área metropolitana de Guadalajara, entre otras cosas porque no ha sido incorporada a los sistemas de cable.
Aparte de su baja audiencia y de operar con fondos públicos, ambos grupos de medios tienen varias cosas en común. Entre las menos presumibles están los noticieros –incluidos otros programas teóricamente “informativos”, pero confeccionados con un espeso barniz oficialista– que pecan de parciales y no pocas veces tienen un mal disimulado carácter propagandístico.
Y lo anterior no es atribuible, o por lo menos no tanto, a los reporteros, editores y conductores que alimentan dichos programas –entre los que se cuentan profesionales– sino a la línea editorial marcada, explícita o implícitamente, por las más altas autoridades gubernamentales y universitarias; una línea editorial que el equipo periodístico de ambos sistemas no tiene más remedio que acatar, ya sea de mala o de buena gana, es decir, como censura o como autocensura.
Tanto en el caso del SJRT como en el del SURT, sus respectivos “servicios informativos” son una zona ciega. Y ello por varios motivos, aunque por ninguna razón: porque las autoridades de Jalisco, lo mismo que las universitarias, suelen ver a los medios públicos como un instrumento a su servicio antes que al servicio de la sociedad. Quienes gobiernan el estado y el grupo que desde 1989 tiene el control de la universidad pública no sólo tienen intereses políticos de facción, sino que los defienden en las distintas arenas, particularmente a través de los medios de comunicación que están bajo su tutela y los cuales manejan a su antojo.
No obstante que existe un evidente conflicto de intereses y que el gobierno estatal en turno aparece como juez y parte, en los noticieros del SJRT no sólo se privilegia el punto de vista gubernamental, sino que con frecuencia se cancela cualquier otra forma de ver y juzgar un asunto de interés público. Y lo mismo hace la nomenklatura udegeísta con su Señal Informativa, sea a través del muy poco visto Canal 44 o de su “red” de radiodifusoras regionales.
Modelo de información parcial, maquillada, tendenciosa y siempre favorable sobre lo que hace y deja de hacer la cúpula política de la UdeG , es el noticiero que presenta el SURT, el cual ha ido incorporando (¿o cooptando?, en varios casos es evidente que sí) a reporteros y editorialistas que hasta hace poco decían estar comprometidos con el “periodismo libre” y ahora se encuentran atados para referirse de manera mínimamente crítica al cacicazgo del exrector Raúl Padilla, que lo ha convertido desde hace más de dos décadas en uno de los principales poderes fácticos del estado, si no es que en el principal.
Y es que en la radio y la televisión de la UdeG no se toca ni con el pétalo de una duda los proyectos “culturales” más descabellados y costosos para el erario emprendidos por el padillato, como la Feria del Libro en Español en Los Ángeles (LéaLA) o el de la extensión a la misma ciudad del ya de por sí presupuestófago Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG in LA). Allá los jeques de la UdeG no sólo gastan alegremente dinero de su alma mater, sino el de otras instituciones y organismos públicos de Jalisco, así como federales, y para colmo con magros resultados, con un pobre rebote social y hasta con el ostentoso desaire de invitados especiales y homenajeados.
Tal cosa acaba de ocurrir en la tercera edición del FICG in LA, donde se pretendía entregar un galardón al actor Fenando Luján por su trayectoria cinematográfica, pero a éste no le dio la gana de asistir. Lo mismo sucedió con Gael García y Diego Luna, “quienes no asistieron por estar en promoción de otros proyectos” (La Jornada Jalisco, 3 de noviembre).
Por supuesto que la radio y la televisión de la UdeG no sólo omitieron lo anterior, sino que la directora del FICG in LA difundió a través de esos medios que el festival volvió a ser un éxito, desafiando la maldición de Pinocho.
En el SJRT las distorsiones no son menores. Su línea editorial no sólo es oficialista, enteramente favorable al gobierno del priista Aristóteles Sandoval, sino que para tratar de darle credibilidad a sus noticieros y programas de opinión ahora se ha incorporado a reporteros y editorialistas identificados con un grupo de la radio comercial (XEDK) quienes, comenzando por su director de noticias (Alfonso Javier Márquez), ahora dobletean, en una contorsión casi circense, en dos arenas teóricamente distintas: la del periodismo independiente (con y sin comillas) y los medios electrónicos oficiales.
Sin importarles que estén de espaldas a la sociedad, que forzosamente paga para hacer posible la subsistencia de la radio y televisión autocalificadas de “diferentes”, tanto el SJRT como el SURT han creado una zona ciega en el manejo de la información relacionada con los gobiernos priistas y con la cúpula directiva de la UdeG, respectivamente, hasta el extremo de que los medios menos confiables para formarse una opinión acerca del gobierno de Jalisco son la radio y la televisión estatales. Y para cubrirle la espalda al cacicazgo padillista ante la opinión pública, nadie supera a la Señal Informativa UdeG.








