Con la muerte de Lou Reed, el pasado domingo 27 de octubre, el mundo perdió a uno de los pilares de la cultura pop de los últimos cincuenta años, una de las figuras esenciales en el desarrollo del rock y compositor de varias de las canciones más influyentes en la historia.
Su grupo en los sesenta, Velvet Underground, motivó a varias generaciones a tomar guitarras y hacer música, pues sus discos son escuchas esenciales para todos aquellos que disfrutan del rocanrol. Nada mal para alguien que hasta los once años no mostraba ningún tipo de interés en la música. “Simplemente no me gustaba” recordaba Reed hace unos años.
Fue hasta que descubrió la radio que su vida se encaminó a la música, tal y como le sucedió a Ginny, la protagonista de Rock and Roll, en una de sus canciones:
Un buen día encendió la [radio
No podía creer lo que [escuchaba
Su vida fue salvada por el [rock and roll.
Poseedor de una de las voces más características en el rock tuvo la suerte de plasmar sus ideas en cinta muy temprano en su vida. En 1958 con sólo dieciséis años grabó con The Jades un par de canciones doo wop que, pese a no lograr repercusión alguna fueron su entrada al medio musical.
“Eran canciones como las que sonaban en el radio –comentaba Reed–. Eso era lo que yo intentaba hacer, pensé: ‘Yo puedo hacer eso, es divertido’. Pero claro, yo no puedo cantar como negro, desde ese entonces lo sabía y me dije: ‘Ni siquiera lo intentes’.”
Lou Reed (Brooklyn, Nueva York, 2 de marzo de 1942), desde su época con Velvet Underground, no fue completamente comprendido por los expertos analistas del rock de su época, y sus discos fueron altamente criticados al grado de calificar a Berlín, de 1973, como el disco más depresivo de la historia.
Fue redescubierto por las nuevas generaciones. Grabó discos excepcionales como New sensations (1984), New York (1989), Songs for Drella (1990), Set the twilight reeling (1996) y The raven (2003), además de publicar varios libros y realizar exposiciones fotográficas que lo mantuvieron vigente convirtiéndolo en uno de los artistas más respetados de su generación.
En el 2000 visitó la Ciudad de México por última vez para ofrecer un inolvidable concierto en el Teatro Metropolitan en el que ya era evidente su maltrecho estado de salud, consecuencia de los excesos de juventud, pero en el que en dos horas y media de concierto dejó claro que era un verdadero animal del rock en el escenario.
Dio un repaso a gran parte de su discografía siendo celebrado efusivamente por el público mexicano tras cada tema, reacción que sorprendió al mismo Reed quien, pese a ser poco expresivo, no pudo contener una sonrisa al ver a su audiencia bailando al compás de su clásico Sweet Jane.
Las emotivas reacciones a su muerte invadieron las redes sociales minutos después de darse a conocer la noticia, destacando las palabras de John Cale, su compañero en Velvet Underground:
“Dos jóvenes tuvieron la oportunidad de conocerse y 47 años más tarde peleamos y amamos de igual manera. A diferencia de tantas historias similares, tenemos lo mejor de nuestra furia plasmada en vinil. Las risas que compartimos sólo hace unas semanas me recordarán para siempre todo lo bueno entre nosotros.”








