En la cumbre de su carrera, el tenor aceptó la dirección artística de Ópera de Bellas Artes porque había vislumbrado un proyecto desde hacía muchos años, que explica a este semanario dividiéndolo en tres puntos: 1. Formar un grupo de cantantes de excelencia de manera integral, 2. Ubicar a los cantantes mexicanos que están aquí o en el extranjero para ayudarlos, y 3. Reactivar los teatros en todo el país y unirlos al del Palacio de Bellas Artes en producciones itinerantes.
La sorpresa fue mayúscula cuando el pasado mes de abril las autoridades culturales anunciaron al nuevo titular de Ópera de Bellas Artes: ¿Ramón Vargas en la burocracia? ¡Si está en la cúspide de su trayectoria como tenor! Amigos y familiares le recomendaron esperar a que su carrera comenzara a declinar para aceptar un cargo así. No tuvo dudas:
“Porque estoy en un buen momento de mi vida y porque este proyecto es tan importante lo quiero hacer ahora.”
Lo siente como una misión. Luego de haber hecho un censo de los cantantes de ópera profesionales dentro del país (mexicanos y residentes extranjeros), sostiene que México “es un país que canta” y al cual le gustan las buenas voces. Aun en el ámbito popular y de la música pop, pese a que se han querido imponer desde el mercado a malos cantantes, la gente se inclina por los mejores.
Se propone saber ahora cuáles mexicanos se encuentran en el extranjero, algunos con buenas oportunidades, pero otros –lamenta– se van a Europa a trabajar en teatros de tercera, y desea ofrecerles quedarse en México, a través de su proyecto como director artístico de la Ópera en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Lograr que vivan de su trabajo con dignidad:
“Porque si un país no puede dar trabajo a cien o ciento cincuenta artistas de gran nivel significa que algo está fallando.”
En sus oficinas de la calle 5 de Mayo en el Centro Histórico, de donde pronto se mudará para estar más cerca del Palacio de Bellas Artes, donde se producen los ensayos, el tenor nacido en la Ciudad de México en 1960 expone su plan, al cual considera único en el mundo, y aclara que en realidad él no hace trabajo administrativo. Este le corresponde a Jaime Ruiz Lobera, director ejecutivo de la Ópera, y cuya oficina está a un lado de la suya:
“Mi trabajo es exclusivamente artístico. Soy el director artístico y tengo un proyecto que vislumbré desde hace muchos años, pues aunque la mitad de mi vida la he pasado fuera nunca he perdido el contacto con México ni como artista, ni como persona, ni como hermano, ni como hijo, ni como mexicano, ni como ciudadano.”
Lo motivó percibir una situación: En México el único lugar donde se ha hecho ópera en los últimos 80 años con constancia y calidad es el teatro del Palacio de Bellas Artes. De un tiempo a la fecha hay teatros en otras ciudades como Guadalajara y Monterrey, además de León con Alonso Escalante y el estado de Yucatán con Enrique Patrón de Rueda.
Contar con un lugar tan emblemático como Bellas Artes tiene sus pros y sus contras, enfatiza. Por un lado “es nuestra carta de presentación al extranjero”, donde se presentan o debieran presentarse obras de la más alta calidad nacional e internacional y no ser un teatro para iniciar la carrera. Es un espacio al cual “se debe llegar”.
De otra parte, explica, al haber pocos teatros para ópera hay una gran presión social y artística-musical, pues todo mundo desea tener una presentación ahí. Llegar y cantar en Bellas Artes. Vargas piensa que es un espacio donde se debe mantener la más alta calidad, si bien el problema es que no resulta suficiente. Así, aunque se organice una temporada operística con siete títulos, no bastaría para dar trabajo a todos.
Para todos los gustos
La solución es activar otros teatros en la República Mexicana y hacer que la Compañía Nacional de Ópera cumpla realmente con su carácter nacional. Vargas tiene el propósito de que varios estados se unan a Bellas Artes para realizar producciones de gran nivel y ser presentadas en diferentes teatros en forma itinerante. Esa es la primera parte de su proyecto.
Existen al menos 42 teatros en el país con las capacidades técnicas para presentar las coproducciones. Recuerda que la ópera es compleja y costosa pues se necesita un escenógrafo, iluminador, vestuarista, orquesta, coros, solistas, un maestro concertador. Si se activan los teatros los jóvenes tendrán dónde cantar, y se reactivarán también orquestas y coros.
Deja en claro que no se producirá sólo lo que Bellas Artes decida o sugiera. Se están montando títulos populares como Rigoletto de Giuseppe Verdi, que ya se estrenó en León, y ya están planeando La flauta mágica de Mozart, Elíxir de amor de Donizetti, El Barbero de Sevilla de Rossini y seguramente Carmen de Bizet.
Quizá haya gente más especializada que acostumbre ir –por ejemplo– al Metropolitan Opera House de Nueva York, o a las funciones que se transmiten aquí desde ese teatro, y quizá “no quieran ver por enésima vez Carmen”. Por lo tanto Bellas Artes apuesta también por óperas más vanguardistas. Recién presentó El holandés errante de Wagner (que también se llevó al Festival Internacional Cervantino, en Guanajuato). Para el año entrante se presentará por primera vez en México Billy Budd, de Benjamin Britten.
Hay estados con los cuales se han iniciado las primeras coproducciones, una de ellas es Atzimba, de Ricardo Castro, estrenada en 1900 con Porfirio Días, pero desde 1952 no se había vuelto a montar pues se perdió la partitura del segundo acto. Se presentará en abril de 2014 en Bellas Artes e itinerará por otros recintos escénicos del país.
Más entidades se sumarán el año entrante. Explica el cantante que cuando asumió el cargo, algunos ya tenían sus previsiones presupuestales y “no tienen dinero ahora”, por lo cual esperarán al presupuesto de 2014. Y agrega entusiasmado:
“Encuentro fascinante lo que está pasando en este momento en México, no había pasado nunca, no porque yo esté. Porque luego la gente dice: ‘¡Ay!, ya Ramón Vargas piensa que ésta es la nueva era de la ópera porque él está ahí’. No, no, estas ideas ya existían pero a nadie se le había ocurrido hacerlas funcionar.”
Da crédito a Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), y María Cristina García Cepeda, directora del INBA, pues les comentó de su proyecto hace ya varios años y ahora que llegaron a estos cargos le hablaron a los pocos meses para poner en marcha el programa.
La segunda parte de su plan consistió en realizar el censo, en el cual quedaron registrados más de 400 cantantes. Esa base de datos ayudará a directores y personas que quieran montar un espectáculo. Se detalla cuántos tenores hay, cuántas sopranos, y además de cuál es su repertorio. Y desde luego, agrega, cada entidad tendrá libertad de tomar o no los cantantes del padrón o llamar a los de su entidad, lo importante es mantener estándares de calidad.
Un tercer aspecto del proyecto es la formación de 13 jóvenes cantantes y dos pianistas, quienes con beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) integrarán el Estudio Operístico en el cual recibirán clases de teatro, maquillaje, historia de la música, de la ópera, técnica Alexander e idiomas, entre otras.
La pregunta es por qué elegir sólo a 13 jóvenes y no incorporar esas materias a las carreras de cantante de ópera. El tenor argumenta que así es en los estudios de este tipo en el mundo. Se requiere un grupo pequeño para el buen seguimiento a los jóvenes, pero espera que para la próxima convocatoria, si hay tanta demanda (en esta ocasión acudieron cerca de 200 interesados), podría aumentarse la cifra de aceptados. Y agrega que son 13 cantantes ya profesionales, no estudiantes, pues se trata de una formación “de excelencia, como un posgrado”.
Largo plazo
Vargas tenía en mente su proyecto desde hace años, de hecho lo expuso en el sexenio pasado, pero dice que por la falta de continuidad en la administración cultural, donde estuvo al frente del Conaculta primero el director de ópera Sergio Vela y luego Consuelo Sáizar, “se había quedado volando”. Y es hasta ahora cuando se le ofreció la oportunidad de llevarlo a cabo.
Enfatiza que es un proyecto a largo plazo y por ello se debe iniciar al principio del sexenio. En cuanto fue invitado a ser el director artístico de la Ópera integró a su equipo que asegura, está trabajando ya “aceitadito”, pues él continuará con sus contratos como tenor pero estará frecuentemente en México.
“Estamos haciendo todo lo posible para que este proyecto funcione. Ahora estamos realizando alrededor de 40 o 45 funciones al año, si logramos que se hagan otras 45 o 50 fuera de la Ciudad de México en los próximos dos años, en tres podremos hacer cien funciones fuera. Ese es el reto, es difícil pero hay voluntades.”
Hay muchos aspectos en contra, dice, como los pasados desastres naturales, y no sabe si ahora los estados respetarán los recursos que habían prometido, pues cuando surgen los problemas muchas veces se recorta el presupuesto de cultura y para la ópera porque parece que ésta va al final.
Cree que debería ser al contrario, y en momentos como los que padece el país con la violencia o los desastres naturales debería hacerse como en Ciudad Juárez, donde hay un día completo de música por las calles.
Es la respuesta que los artistas deben dar ante la situación del país y las desgracias naturales, considera al rememorar una de las últimas escenas de la película Titanic, de James Cameron, donde al tiempo que el barco se hunde los músicos deciden seguir tocando:
“Esa escena fue muy bonita, habla muy bien de lo que podemos hacer los músicos y los artistas en nuestra sociedad. Despertamos emociones y sentimientos que engrandecen. Está demostrado, la gente que tiene contacto con la cultura desde muy chica tiene más sensibilidad y por lo tanto más respeto hacia los demás. Es más fácil encontrar a un pueblo respetuoso cuando la gente está sensibilizada a través de las artes.”
Y piensa que este es el momento para la ópera, por ello aunque muchos se sorprendan o reciba críticas por haberse incorporado a la dirección artística de la Ópera, acepta el encargo por complicado que sea:
“Yo estoy aprendiendo porque nadie sabe cómo hacer este trabajo en México –ni la dirección de la Ópera–, nadie sabe cómo hacer un proyecto porque simplemente no existe en el mundo, no conozco a nadie en ningún lugar que esté haciendo un proyecto de trabajo como éste.”
–¿Ni en países así como Italia?/
–Donde se junten 15 teatros, no. Luego se prestan o alquilan las producciones, pero no hay coproducción. Si acaso coproducen dos o tres, Bolonia con Reggio, Emilia con Roma, coproducen una, no más. Pero que haya 15 o más de diez coproductores nunca lo había visto. Y que se haga un proyecto a nivel nacional, haciendo censos nacionales, no existía… Yo creo que se está haciendo un proyecto gigantesco que puede ser un parteaguas en la vida operística de México.








