La izquierda de Colombia se encuentra ante la oportunidad de ganar la Presidencia en las elecciones de mayo de 2014. Eso es lo que considera Antonio Navarro Wolff, uno de los dirigentes históricos de la guerrilla del M-19 y actual líder del movimiento Progresistas. Las encuestas lo ubican como “presidenciable”, mientras él se afana en construir una coalición de fuerzas de centroizquierda. Tiene a su favor la caída de la popularidad del mandatario Juan Manuel Santos –lo que dificulta a éste sus posibilidades de reelegirse–, el pleito que éste sostiene con su antecesor Álvaro Uribe y el rechazo de la ciudadanía al modelo económico imperante en el país.
BOGOTÁ.- En medio de la efervescencia preelectoral y las movilizaciones sociales que sacuden a Colombia, el excomandante guerrillero del M-19 Antonio Navarro Wolff vuelve al primer plano.
Ahora dirigente del izquierdista movimiento Progresistas, ya era ampliamente conocido desde su desmovilización en marzo de 1990, pero su irrupción en las últimas semanas como uno de los personajes más populares del país fue sorpresiva, pues desde el fin de su gestión como gobernador de Nariño, en diciembre de 2011, ni siquiera aparecía en las encuestas.
Un sondeo de Gallup lo ubicó el mes pasado con una opinión favorable de 50% y como uno de los cuatro políticos más populares del país, por arriba del presidente Juan Manuel Santos.
“Navarro Wolff se convirtió en una opción presidencial muy seria”, afirma el politólogo de la Universidad Nacional de Colombia Juan Gabriel Gómez Albarello.
El excomandante del M-19 se sabe “presidenciable”, aunque afirma que el asunto no le quita el sueño. “Una encuesta no es para entusiasmarse demasiado, pero es un indicador”, dice en entrevista con Proceso en su departamento en el norte de Bogotá, donde vive con sus dos hijos, Alejandro y Gabriel.
Es una vivienda de hombres solos. La sala no tiene cortinas y a ninguno de sus habitantes se le ha ocurrido algo para acabar con la desolación de las paredes blancas. La clave decorativa está en la chimenea, convertida en una especie de altar: allí se aprecia un retrato en blanco y negro del excomandante en jefe del M-19 Carlos Pizarro, asesinado por paramilitares y agentes del Estado el 26 de abril de 1990, cuando era candidato presidencial de la Alianza Democrática M-19 (ADM-19), el partido formado tras la desmovilización guerrillera.
Navarro superó la indignación de ese homicidio sin sucumbir a la tentación de retomar las armas. Luego asumió la candidatura presidencial de la ADM-19 y se lanzó a la campaña protegido por 50 guardaespaldas. Ganó el tercer lugar en los comicios de mayo de 1990, detrás del ganador César Gaviria, del Partido Liberal, y del conservador Álvaro Gómez Hurtado, y desde entonces es un político gravitante en la vida pública nacional.
Ha sido presidente de la Asamblea Constituyente, senador, diputado, alcalde de su natal Pasto y gobernador de Nariño, entre otros cargos.
Hoy, el exguerrillero de 65 años piensa que la izquierda colombiana está ante una oportunidad “inédita, absolutamente nueva y única” para triunfar en los comicios presidenciales de mayo de 2014 y romper así la histórica hegemonía de los partidos Liberal y Conservador, en el poder en Colombia desde el siglo XIX.
Giro a la izquierda
De acuerdo con Navarro hay tres hechos políticos que juegan a favor de la izquierda.
Primero, Santos y su antecesor, Álvaro Uribe Vélez –ambos de origen liberal–, están “irremediablemente divididos” y esa pelea fractura a la oligarquía política tradicional. Segundo, el presidente sufre un agudo debilitamiento en su imagen, según los sondeos, y más de las dos terceras partes de los colombianos están en contra de su reelección, lo que lo hace “derrotable”. Y tercero, el modelo económico aperturista y privatizador que ha seguido el país en las últimas dos décadas “está agotado” y la opinión pública lo cuestiona por sus efectos nocivos sobre el agro y la industria.
“Hay un creciente número de electores que no está con Santos ni con Uribe –agrega el vocero nacional de Progresistas– y hoy coincide con los planteamientos de la izquierda. Hay además un elemento nuevo: el proceso de paz con las FARC (las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).”
–¿Y el proceso de paz juega a favor de la izquierda? –se le pregunta.
–Sí, porque una de las dificultades que ha habido para las fuerzas alternativas en este país ha sido la continuidad del conflicto armado, ya que ha puesto la seguridad como la máxima prioridad de la sociedad, y esa seguridad la ve garantizada por sectores duros, como el del expresidente Uribe.
“En la medida en que se resuelva el conflicto interno, la seguridad ya no será la prioridad y aparecerán otras prioridades, como las políticas sociales, los ajustes al modelo de desarrollo, y ahí la izquierda tiene una opción más grande, sin antecedentes, para competir.”
Los diálogos de paz entre el gobierno y las FARC transcurren desde hace 11 meses en La Habana sin demasiados avances. Uribe Vélez es un crítico acérrimo de ese proceso, pues considera que el Estado colombiano no debe negociar con “terroristas” ni hacer con ellos un “pacto de impunidad”.
El exgobernante, que ha convertido ese tema en su principal bandera política, será candidato al Senado, y su partido, según encuestas, logrará entre 15% y 20% de los escaños en el Congreso bicamaral. Las elecciones legislativas están programadas para marzo de 2014, dos meses antes que las presidenciales. La coyuntura política presiona cada día más las conversaciones de paz.
Para Navarro, un eventual fracaso o postergación del proceso fortalecería a la ultraderecha uribista, convertida en la más férrea opositora al gobierno, y comprometería seriamente las aspiraciones de reelección de Santos, quien ha empeñado todo su capital político en el éxito de los diálogos en la capital cubana.
Navarro Wolff considera difícil alcanzar un acuerdo de paz de aquí a las elecciones, pero cree posible lograr avances que hagan pensar “a la opinión pública que el proceso es irreversible. ¿Por qué? Porque es evidente que la victoria de la lucha armada revolucionaria es imposible. Está fuera de toda posibilidad. Creo que las FARC deben aceptar la realidad. Ese no es el camino de América Latina y tampoco el de Colombia”.
El excomandante guerrillero, quien coordinó las negociaciones del M-19 en el proceso de paz de 1989-1990, cree que tanto las FARC como el gobierno tienen “necesidad y voluntad” de un acuerdo. Santos se juega la reelección y esa guerrilla sabe “que el costo político del fracaso de un proceso de paz tendría consecuencias militares muy complicadas para ellos”.
Con esa convicción sostiene que Colombia logrará en los diálogos de La Habana poner fin a una guerra de casi medio siglo. “Y si lo que viene es un posconflicto, nosotros (los desmovilizados del M-19) tenemos 23 años de posconflicto y esa experiencia puede ser útil para lo que el país va a necesitar en los próximos años. Tal vez la suma de todo esto ha ayudado a que haya un ascenso en las encuestas”.
Modelo agotado
El paro nacional agrario en Colombia –de finales de agosto y principios de septiembre pasados– tuvo un inusitado apoyo popular. El gobierno cometió el error de minimizar las protestas de los campesinos, quienes demandan apoyo al agro y la renegociación de los acuerdos de libre comercio firmados por Colombia en los últimos años, por ejemplo, con Estados Unidos y la Unión Europea. La respuesta fue que la popularidad de Santos se desplomó 27 puntos (de 48% a 21%) y su imagen negativa subió a 72%, según Gallup.
Tras el paro agrario, 70% de los colombianos está en contra de los acuerdos comerciales, 81% desaprueba las políticas dirigidas al sector agrario y casi la mitad rechaza la llegada de multinacionales y de inversión extranjera.
Navarro considera que en Colombia emergieron temas que estaban “borrados” por la priorización de la guerra contra las FARC y frente a los cuales la izquierda había mantenido una postura crítica.
“Nosotros –dice– veníamos advirtiendo que había que hacer una internalización distinta. Criticamos el credo neoliberal, dijimos ‘no’ a la privatización de todo, pedimos políticas de desarrollo para nuestros sectores nacionales, pedimos una combinación de lo público y lo privado y pugnamos por resolver racionalmente los problemas, más que con una ideología neoliberal. El tiempo nos ha dado la razón en estos planteamientos, y esto lo entiende así la opinión pública.”
Colombia vive una movilización social similar a las de Chile y Brasil, donde las clases medias emergentes salen a las calles para demandar mejor calidad de vida y un Estado más atento a sus necesidades. El privatizado sistema de salud y la situación de la educación pública están en el centro de las preocupaciones sociales, con vigorosos movimientos que exigen al gobierno más recursos y atención para esos sectores.
La educación y la salud arrastran problemas estructurales que “frustran” a capas cada vez más amplias de la población, opina Angelika Rettberg, directora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes. “Colombia registra una transición social y económica que ha hecho crecer las expectativas de las personas, especialmente las de la creciente clase media baja, que no percibe las bondades del modelo económico”, afirma.
Para Navarro Wolff “esta sociedad está empezando a pensar distinto y tiene un gran rechazo a la política tradicional”. Añade: “Si se suman estas posiciones distintas al neoliberalismo y el rechazo a la política tradicional, que representan Santos y Uribe, uno encuentra que hay un espacio para el crecimiento de la izquierda”.
Opción centrista
El vocero de Progresistas trabaja a marchas forzadas en la construcción de un proyecto alternativo. Cree que la izquierda colombiana debe consolidar una opción centrista, de centroizquierda, de cara a los comicios de 2014.
El primer paso ya está dado: Progresistas y el Partido Verde sellaron a finales del pasado septiembre un acuerdo de fusión del que surgirá la Alianza Verde, pero falta mucho por hacer para formar una coalición de izquierda capaz de disputarle el poder a los partidos tradicionales.
A la izquierda de la Alianza Verde quedó el Polo Democrático Alternativo (PDA), dirigido por la exalcalde de Bogotá y precandidata presidencial de ese partido Clara López Obregón; y más a la izquierda, Marcha Patriótica, de la exsenadora Piedad Córdoba, quien aspira a levantar su propia candidatura. Las fuerzas progresistas colombianas están divididas y con frecuencia sus rivalidades son más enconadas que las que tienen con la derecha.
Navarro Wolff sabe que debe trabajarse en la unidad e insiste en que el reto es construir una plataforma centroizquierdista.
Más que sumar a Marcha Patriótica, la apuesta es por el centro político. “Aun con ese corrimiento de la opinión pública hacia posiciones como las nuestras, creemos que se necesita un compromiso de centro, y eso es lo que estamos buscando”, dice.
La fusión entre Progresistas y el Partido Verde está aprobada por las partes pero enfrenta muchos obstáculos. Uno de ellos es el exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, un centroderechista del Partido Verde a quien la izquierda no le perdona haberse aliado en las elecciones municipales de 2011 con Uribe Vélez en un frustrado intento por llegar de nueva cuenta a la alcaldía capitalina.
La idea de la Alianza Verde es elegir a su candidato presidencial mediante una consulta popular en la cual los aspirantes serían Navarro Wolff y Peñalosa, quien hace unos días se inscribió como candidato. Varios sectores pugnan por que esa consulta sea interpartidista y en ella participe también López Obregón.
Consultada al respecto, la líder del PDA señala que todos los actores de la izquierda han mostrado voluntad política para llegar a acuerdos, aunque, afirma, “hemos tenido muchas dificultades”. Advierte que no iría a una consulta en la cual participe Peñalosa, puesto que se trata de “un factor de la derecha que en el pasado recibió el apoyo del expresidente Uribe”.
Navarro también objeta al exalcalde bogotano, aunque éste se deslindó de Uribe y respalda el proceso de paz. El peor escenario para la izquierda colombiana es la dispersión de candidaturas.
Según una encuesta de Ipsos, entre López Obregón, Navarro Wolff y Peñalosa obtendrían 41% de los votos en una primera vuelta presidencial, mientras que Santos 21% y el candidato del Partido Centro Democrático –del expresidente Uribe– alrededor de 15%. Una segunda vuelta entre el mandatario y un candidato centroizquierdista se perfila muy cerrada, con una candidatura unitaria de los sectores progresistas.
Navarro ha sido candidato a diferentes puestos siete veces; ha ganado cinco elecciones. Sólo ha perdido las dos veces que se compitió por la Presidencia (1990 y 1994). Afirma que frente a los comicios presidenciales de 2014 no tiene “ninguna angustia de ser candidato; para perder, no vale la pena, pero si llegase a haber una opción de competir, uno competiría seriamente, y sí, yo puedo ser parte de ese proceso”.








