Pese a que las leyes federales establecen el delito de feminicidio, algunos gobiernos estatales, como el de Guanajuato –de derecha, tradicionalmente sumiso a los dictados de la Iglesia y donde rige una ley hecha a modo por el anterior gobierno–, se resisten a utilizar ese término. Este año al menos 62 guanajuatenses han sido asesinadas y las autoridades del estado sólo han aceptado clasificar seis de los casos como feminicidios. Los homicidas, si los aprehenden, se hacen acreedores a penas ridículas: aparentemente matar a la pareja no es delito grave.
LEÓN, GTO.- Cristina Torres fue asesinada a golpes el 1 de enero en Pénjamo por su pareja, Diego Elizarrarás González. Ella tenía 27 años y dos hijos. Él está prófugo.
El cuerpo calcinado de Juana Mena, una joven irapuatense de 16 años, fue encontrado el 9 de enero en un lote baldío, 11 días después de ser reportada desaparecida. Dos supuestos amigos suyos la quemaron. Uno fue detenido.
El 27 de enero Jéssica González fue rociada por su esposo Ricardo Frausto Ávalos con un líquido inflamable. Le prendió fuego. Tras quemarla, Ricardo se vació el solvente encima y murió días después por las quemaduras. La pareja vivía en León y tenía una hija de tres años.
A sus 17 años la estudiante Irán Eunice Cortés quedó embarazada de su novio, Sergio Eduardo Zata, quien pagó 20 mil pesos a tres amigos para fingir su secuestro. La estrangularon el 3 de febrero para evitar que se supiera su estado, aunque él ya le había prometido matrimonio. Tiraron su cuerpo en un canal de riego. Dos de los responsables fueron detenidos. Uno recibió una sentencia de 20 años y seis meses de prisión. Sergio Eduardo sigue prófugo.
María Isabel Fuentes Medina desapareció el 5 de marzo de su casa en Celaya. Sus familiares reportaron su desaparición y añadieron un dato: el maltrato constante que recibía de su esposo, Néstor Beltrán. Cinco días después fue encontrada, asfixiada, en un camino de terr








