Partidero

De quienes tuvieron alguna intervención en la XI Cumbre de Negocios celebrada en Guadalajara los días 14 y 15 de octubre, sólo dos personajes expresaron lo que sentían: la joven regiomontana Bianca Patricia Treviño, quien hizo a un lado el texto que le dieron para leer y, aunque nerviosa,  exclamó: “Uno, como joven, está abajo del gobierno; uno recibe el golpe del gobierno que va y te edita el discurso que tú preparaste para leer aquí porque no es bueno (…) Lo que nosotros queremos es que nos escuchen, pero el gobierno no quiere que nos escuchen, no nos lo permite. No es posible, de verdad. El gobierno de México necesita ver nuestra humanidad, sentir al pueblo, de verdad, saber realmente lo que la nación necesita, y cambiar, escucharnos. El gobierno está aplastando a los jóvenes. No nos están permitiendo crecer en México. Los líderes nos están bloqueando, nos están bloqueando de verdad. Por más que el pueblo quiere crecer, no nos dejan, nos tienen mentalizados… como se dice, coco wash: Es muy difícil despertar al pueblo, ver la realidad”. Su discurso incomodó a muchos de los presentes, aunque también hizo poner los pies a muchos de los asistentes sobre lo que ocurre en México.

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El otro personaje del encuentro empresarial fue, ni duda cabe, el conferencista coreano Woosuk Ken Choi, quien dio una sacudida a los empresarios nacionales para que imiten lo que se ha hecho en su país en los últimos decenios (ello pese a que Corea sufrió una guerra interna a la mitad del siglo pasado): crear sus propias marcas y generar su propia tecnología para competir en el mundo globalizado. Según el ponente, los empresarios mexicanos tienen que meterse de lleno en la tecnología y hacerla competitiva internacionalmente; de lo contrario, expuso, siempre van a estar trabajando con base en lo que otros hagan. “Aquí estamos hablando de que hay 500 compañías globales mexicanas, pero para decirles la verdad, no hay ninguna que esté entre las 500 compañías líderes a nivel mundial”. Ken Choi les aconsejó crear su propia marca –que significa dinero– y pensar hacer las cosas como en su país, que es no esperar el crecimiento interno en función de la inversión extranjera, sino de la propia, y que el gobierno haga su parte; que defina cuál debe ser el papel de la industria nacional. Así de sencillo. No obstante, a diferencia de Corea del Sur, en México no tenemos un proyecto claro de nación y seguimos siendo mediocres y acomplejados. Antes de la intervención del coreano –según la crónica de La Jornada Jalisco–, los representantes de las armadoras de autos (extranjeras, por supuesto) establecidas en México hablaron maravillas del  sector porque “atrae 30% más divisas que el petróleo, o más divisas que el turismo y las remesas juntas”.

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Muy a pesar de que cada vez se lee menos porque la gente prefiere ver la televisión o escuchar la radio para informarse o recurre cada vez más a las redes sociales –digamos que hay un creciente analfabetismo funcional–, pronto habrá en la zona metropolitana de Guadalajara más publicaciones impresas. Entre ellas se anota la llegada de al menos uno o dos diarios que vendrían a sumarse a los más de 12 que ya existen aquí; entre ellos hay varios de circulación gratuita, porque lo que venden es publicidad y muy escasa o deficiente información. Pues bien, aunque la capital jalisciense es una plaza difícil en el campo de la publicidad comercial, que por norma es, o debería ser, el sostén de los medios de comunicación en general, el proyecto, o los proyectos en cuestión, siguen adelante para ofrecer información impresa. ¿A qué le apuestan? ¿Será a la generosa publicidad oficial o gubernamental? Probablemente. Porque apostarle a más lectores en las circunstancias actuales es sumamente difícil; a no ser que por ahí saquen de la chistera alguna impensada novedad. Pero cuando se trata de extensión de otros diarios que en otras latitudes no han tenido gran aceptación, entonces, ¿dónde está la razón de la sinrazón? ¿En el erario? No debe descartarse.

 

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