Mientras los equipos de la Concacaf evolucionaban y crecían, México se estancó. El gigante de antaño acudirá al repechaje no por méritos propios, sino porque Estados Unidos le hizo el favor. Cuando se compara el poderío económico exhibido por la Femexfut con las carencias que enfrentan ligas como la costarricense, la hondureña o la de Panamá, resulta difícil explicar los pésimos resultados de la escuadra nacional.
SAN JOSÉ /TEGUCIGALPA.- Tuvieron que pasar 22 años para que la selección de Costa Rica venciera a la de México en la ciudad de San José. El martes 15 el marcador favoreció 2-1 a los centroamericanos, lo que significó casi la puntilla para la escuadra mexicana, que de no ser por la victoria de Estados Unidos frente a Panamá quedaba fuera de la Copa del Mundo Brasil 2014.
Esta no ha sido la primera bofetada que Costa Rica le propina al otrora gigante del área. Hace más de 12 años demostró que México no era invencible como local, cuando lo derrotó por primera vez en el Estadio Azteca.
Para Jafet Soto, gerente deportivo del campeón costarricense, Herediano, los mexicanos están pagando caro su falta de humildad.
Como México tiene varios jugadores en el extranjero “creen que con el nombre pueden venir a Centroamérica y sacar los resultados”. Se olvidan, dice, de que el nivel del futbol de Concacaf ha mejorado en recursos, técnica y estrategia. “Ahora, con el agua al cuello, decidieron hacer ajustes en su torneo local para ceder espacio a la Selección. Esto comprueba que siempre miraron la zona con desprecio”, apunta.
Para todo el trabajo con miras a Brasil 2014, la Federación Costarricense de Futbol (Fedefutbol) presupuestó 2.5 millones de dólares, equivalente al 1% de las ganancias generadas por la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) durante el actual ciclo mundialista. No obstante, la escuadra tica superó por siete puntos a su similar azteca al ganarle cuatro de los seis puntos en los dos duelos disputados.
Costa Rica no atrae a los grandes mercados de la televisión como ocurre en Estados Unidos y México, afirma el presidente de la Fedefutbol, Eduardo Li. Por ello, es muy dura la lucha para atraer patrocinadores, “pero hemos salido bien librados”. Para los partidos en casa los precios de las entradas costaron en promedio 30 dólares. Mudarse del estadio Saprissa (17 mil espectadores) al Nacional (35 mil) fue de gran ayuda en la parte económica.
Con los ingresos obtenidos por el Mundial –alrededor de 10 millones de dólares– se espera fortalecer la estructura futbolística para acercarla al primer mundo del cual se encuentra bastante lejos.
En este país centroamericano, la mayoría de los clubes son manejados por directivos bajo la modalidad de asociaciones deportivas sin fines de lucro, y no pertenecen ni a empresas ni a televisoras, como ocurre en México.
En el último ranking de FIFA, Costa Rica aparece en la posición 31. Su mejor ubicación se dio en mayo de 2003, en el puesto 17. Los logros internacionales no han sido muchos, pero sí relevantes, como cosechar triunfos en el Mundial de Italia 90, al superar la primera fase luego de vencer a Escocia y Suecia, 1-0 y 2-1, respectivamente.
El triunfo del martes 15 sobre México fue muy significativo para los ticos, pero el gusto no duró mucho, porque Panamá no colaboró para endulzar la noche de los aficionados costarricenses. Perdió ante Estados Unidos y le obsequió a México un tanque de oxígeno extra: el repechaje contra Nueva Zelanda.
El caso Honduras
La clasificación de la selección de Honduras al Mundial 2014 fue tomada por la población como un verdadero regalo, en medio de una vida cotidiana sujeta a una persistente crisis económica y una situación generalizada de violencia e inseguridad que cobra, en promedio, 19 muertos al día.
Será la tercera participación de este país en un Mundial y la segunda consecutiva. Si bien llegó a Sudáfrica 2010 de manera un tanto azarosa, en esta ocasión el equipo, aunque con muchos altibajos, hizo una campaña más meritoria con 14 puntos que le dieron el boleto directo.
El futbol hondureño está organizado bajo la tutela de la Federación Nacional Autónoma de Honduras (Fenafuth), a la cual pertenecen la Liga Nacional Profesional (LNP), la Liga de Ascenso (semiprofesional) y el sector amateur. La LNP cuenta con 10 equipos, cuatro son los “grandes”: Olimpia y Motagua, de Tegucigalpa, y Real España y Marathon, de San Pedro Sula. El resto son clubes menores, entre los que descuellan, por su historia, el Vida y el Victoria, de la ciudad de La Ceiba, y Platense, de Puerto Cortés.
Los clubes no son empresas o sociedades anónimas, como en México. Casi todos tienen como soporte algún grupo empresarial que los mantiene financieramente y los dirige. Estos cuatro equipos tienen planteles más o menos importantes, con jugadores que pueden vivir de sus salarios, pero con suplentes que esperan la oportunidad de jugar para cobrar. Las crisis económicas son recurrentes en casi todas las escuadras.
Esta situación dejó sin entrenadores a cinco equipos. En Honduras ser futbolista no alivia las penurias económicas. El jugador transforma su vida sólo cuando firma un contrato fuera del país, a diferencia de la nómina anual de la Liga MX de México que alcanza los 84 millones de dólares, según datos publicados por la revista Forbes en mayo pasado.
El nivel de juego en la LNP es bajo. Ni siquiera los clubes más importantes suelen desarrollar un futbol atractivo, de buen estilo, salvo excepciones esporádicas. Por la violencia imperante y los costos de las entradas los estadios no suelen llenarse, a menos que se trate de un juego entre dos de los cuatro “grandes”, especialmente si el encuentro define un torneo.
Desde esta perspectiva ¿cómo se explica que Honduras haya accedido a dos mundiales de manera consecutiva? Cuando son convocados a la selección mayor, los jugadores “se matan” por jugar bien, por demostrar su valía, porque cuentan con un escaparate donde pueden lucir sus cualidades ante observadores de otros países que eventualmente pueden ofrecerles un contrato.
La prensa local bautizó como “legionarios” a los futbolistas que han logrado contratos en el exterior, y que hoy en día son unos cuantos: no pasan de 25, 15 de ellos están en la selección. Juegan en China, Estados Unidos, Rusia, Bélgica, Inglaterra, Escocia, Polonia, Colombia, Costa Rica o en los vecinos Guatemala y El Salvador, sin olvidar algunos contratados por equipos mexicanos.
Aunque no todos tienen nivel de selección, hay suficientes como para integrarlos a los mejores jugadores de los clubes locales y conformar un equipo con cierto nivel competitivo.
Nadie dice cuánto paga la Fenafuth a sus convocados, ni tampoco si los salarios son igualitarios o diferenciales. “Si se sabe que alguien tiene un poco de pisto, le secuestran un familiar y piden rescate”, dice el secretario adjunto de esa federación, Marco Antonio Mendoza.
De esto no se salvan ni siquiera los actuales ídolos nacionales del seleccionado –como el defensa Maynor Figueroa, el delantero Marvin Chávez– o los ya retirados David Suazo y Amado Guevara. Aunque vivan en el extranjero, muchos de sus familiares permanecen en el país.
A la Fenafuth le cuesta 40 mil dólares mensuales la manutención del entrenador Luis Fernando Suárez y todo su cuerpo técnico.
Como buen número de los convocados tiene experiencia fuera de Honduras esto ha permitido elevar el nivel de juego de una selección que, hasta antes de la llegada de Rueda, tenía notorios altibajos y pasaba de una frustración a otra.
Según declaraciones del presidente de la Fenafuth, Rafael Callejas, llegar a Brasil ha costado unos siete millones de dólares sufragados con los ocho millones de dólares generados en las taquillas y con los patrocinadores. La Federación espera recibir de la FIFA unos 13 millones de dólares por su clasificación.
Los canaleros
Panamá, donde se juega futbol semiprofesional, exporta una treintena de futbolistas a las ligas del mundo, de cuya lista surgieron 19 de los convocados por el seleccionador Julio César Dely Valdés para afrontar las últimas dos jornadas del hexagonal final.
El martes 15, la selección panameña tuvo en sus manos la oportunidad histórica de clasificar por vez primera a una Copa del Mundo, pero Estados Unidos los atajó con un par de goles en tiempo de reposición que, de rebote, mandaron a México al repechaje.
El futbol panameño tiene presencia en las ligas de El Salvador, Hungría, Australia, Grecia, Italia, España, Eslovenia, Polonia, Uruguay, Venezuela, Ecuador, Guatemala, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Costa Rica, y México.
Los 10 equipos participantes en la Liga Panameña de Futbol comparten los cuatro estadios disponibles. Las limitaciones económicas, aunadas a los pagos por abajo del salario mínimo, obligan a los jugadores a buscar afuera lo que no encuentran en casa.
El delantero Blas Pérez tenía 22 años, pero sus prioridades eran claras. Se lanzó a la aventura al futbol de Colombia con el Cúcuta en 2007. En seis años ha pasado por 12 equipos de las ligas de España, México, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos.
Pérez, ahora en el FC Dallas, de la Major League Soccer (MLS), desfiló en México por los equipos Tigres de la Universidad de Nuevo León, Pachuca, San Luis, León e Indios de Ciudad Juárez, este último en la Liga de Ascenso Mx.
En mayo pasado, la MLS reveló la lista de los jugadores mejor pagados en la temporada 2013 en la que Pérez aparece con un salario de 300 mil dólares anuales, que con las compensaciones se incrementa a 324 mil. No habría corrido la misma suerte en su país, donde un jugador semiprofesional puede ganar al mes apenas 180 dólares o mil 500 dólares si es profesional.
En marzo de 2010, Cruz Azul le endilgó un 3-0 (4-0 el global) al Deportivo Árabe Unido de Panamá, en la Liga de Campeones de Concacaf. El entrenador del conjunto visitante, el colombiano Richard Parra, se refirió a la desproporcionada diferencia salarial entre ambos equipos:
“Económicamente es abismal porque los sueldos de dos jugadores mexicanos equivale a una nómina completa de un equipo panameño en un mes, y a veces tenemos que tratar que los jugadores se sientan a la par de los demás. Eso es difícil porque un futbolista mexicano tiene trabajo de base, mejor alimentación y mucho roce internacional. Uno a veces quiere más, pero hay que aceptar la realidad.”
La Liga Panameña de Futbol (Anaprof) se fundó en enero de 1988 con la idea de sentar las bases para realizar una competencia con jugadores profesionales y semiprofesionales de Panamá y con ello conformar, a medio plazo, una selección nacional. A 25 años de aquella aventura, el futbol panameño se ubica ahora en el lugar 36 del ranking mundial de la FIFA. Con todo y sus carencias, los canaleros se quedaron a un suspiro de la repesca.
Estados Unidos, que siempre estuvo a la sombra de México en la zona de Concacaf, le regaló al Tricolor su pase al repechaje. Sucedió lo impensable: en un periodo de 20 años se convirtió en el verdadero rey de la zona.
La MLS está a años luz de la Liga MX en cuanto a salarios de jugadores y entrenadores, patrocinios y derechos de transmisión de los juegos, pero en organización y estructura es superior a la de México. El salto es evidente: este año ganó la Copa Oro y se clasificó como líder del hexagonal con 22 puntos (el doble que la selección mexicana). El ranking de la FIFA no miente: el acérrimo rival está en el lugar 13, 11 lugares delante del otrora “gigante” de la Concacaf, cuyos anhelos del quinto partido son cosa del pasado y ahora se limitan a calificar para el Mundial.








