Cristina Sada desnuda los procesos electorales

MONTERREY, NL.- Desde el año pasado Cristina Sada Salinas es “políticamente incorrecta” a los ojos del empresariado regiomontano.

Y no porque haya seguido los pasos de Irma Salinas Rocha, su madre –quien a fines de los setenta puso en jaque a las familias burguesas de Nuevo León al revelar algunos de sus secretos, incluso de alcoba– sino por haberse aliado a la izquierda electoral.

En entrevista con este semanario Sada Salinas –cofundadora y durante 26 años presidenta del consejo de administración del Instituto San Roberto, donde estudian los hijos de los directivos de las más importantes empresas nuevoleonesas– habla de su desencanto de la política electoral, lo que plasma en su libro Perfume y pólvora. Vida y memorias de una campaña sin fin, de reciente aparición.

 

Estirpe

 

Esta mujer reúne los apellidos de dos familias que cotidianamente aparecen en la revista Forbes encabezando a los millonarios de México: Irma Salinas Rocha heredó la cadena Salinas y Rocha, absorbida luego por Elektra, de su familiar Ricardo Salinas Pliego, propietario de TV Azteca; su padre, Roberto G. Sada, provenía de la familia fundadora de lo que ahora se conoce como Grupo Vitro y estaba emparentado con Eugenio Garza Sada, cabeza del Grupo Monterrey asesinado el 17 de septiembre de 1973.

Cristina Sada Salinas se volvió “problemática” al sumarse a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Fue candidata a senadora por el Partido del Trabajo (PT), encabezado por Alberto Anaya, líder de los movimientos populares que invadieron hace más de 30 años terrenos en las faldas del cerro de Topo Chico para fundar la colonia Tierra y Libertad.

Durante su campaña recorrió por primera vez en su vida los mercados que se instalan cotidianamente en las colonias populares; marchó codo a codo con trabajadores en nutridas manifestaciones por las calles de esta ciudad y se reunió con campesinos, estudiantes, homosexuales y todo tipo de grupos marginados económica y socialmente.

Conoció de primera mano la pobreza de millones de mexicanos. Una injusticia social agudizada porque “tenemos empresarios multimillonarios que se sienten cómodos pagando sueldos mensuales de 6 mil pesos a sus trabajadores, si no es que menos”.

Sada centró su campaña en solicitar el voto para López Obrador. Obtuvo alrededor de 270 mil sufragios para la coalición que lo apoyaba, algo inédito en Nuevo León.

 

Abandonada por el PT

 

Cuando aceptó ser candidata sabía que entre la clase media de la zona metropolitana de Monterrey los partidos de izquierda son vistos como una amenaza para la estabilidad y seguridad económicas y hasta para las convicciones religiosas.

“Se les tiene pavor y se les adjudican ideologías comunistas”, asegura en Perfume y pólvora, su primera incursión en la escritura y donde desnuda la “traición y abandono” que sufrió por parte de los dirigentes petistas.

En el libro reitera que aceptó la propuesta de competir por el PT para apoyar a López Obrador pero pronto se dio cuenta de que Alberto Anaya sólo pretendía usar su nombre, pues fue abandonada financiera y políticamente por el partido.

Conoció desde adentro cómo se maneja el PT y escribe que le queda claro que es un gran negocio para sus dirigentes, como el Partido Verde.

En Nuevo León el PT es conocido como el “partido de la tele” pues en todas sus campañas electorales “compra” a celebridades de la televisión, deportistas, cantantes o conductores de programas banales a quienes les ofrecen cantidades de hasta siete dígitos a cambio de que sean candidatos a alcaldes o a legisladores.

Así el PT consigue el mínimo de votos indispensable para mantener su registro y seguir viviendo del presupuesto público.

El cerrado grupo de dirigentes también realiza un lucrativo negocio con las campañas de esos candidatos que no saben nada de política. Su participación se limita a regalar camisetas, balones, gorras y llenar de pendones el distrito del candidato.

Toda esa mercancía es elaborada por empresas de los propios dirigentes, quienes se la venden al partido a precios altísimos. Así justifican ante el Instituto Federal Electoral sus multimillonarios gastos de campaña.

Los artículos promocionales se entregan como “ayuda en especie para su campaña” a sus ilusos candidatos sacados de la televisión. En el caso de Sada, los líderes del PT no le ofrecieron dinero para que aceptara competir por el Senado pero sí le prometieron ayuda financiera con la idea de que la adinerada aspirante pagara sus propios gastos.

En su libro cuenta cómo fue paulatinamente abandonada por el PT: “Otros reveses no tardarían en llegar. Me fui dando cuenta, días después de mi presentación ante la prensa de la Ciudad de México, que los apoyos y la asesoría prometida por Pedro Noriega (empresario ligado al PT) no llegaban”.

Noriega le pedía paciencia. Le explicaba que los recursos aún no estaban disponibles y era “preciso esperar”. Una espera que nunca terminó. “Creyeron que me sometería y sería una marioneta más o una simple reproducción de sus obedientes lacayos. (…) Llegué a considerar llamar a una rueda de prensa para anunciar que mi nominación era una farsa, por lo que me retiraría de la contienda, ya que los apoyos seguían sin llegar”.

La intención de Anaya era que Sada financiara su propia campaña, pero ella no estaba dispuesta pues sabía “que los partidos políticos reciben fondos millonarios del gobierno federal”.

No declinó pues consideró que su candidatura podría ser su pequeña contribución al cambio del país: “Recordé los muertos, los desaparecidos, los colgados de nuestros puentes; los transmigrantes centro y sudamericanos que terminan en fosas comunes después de ser torturados; los mexicanos latinos deportados por el gobierno de Obama; la miseria y hambruna y el abandono del campo; el tráfico y la trata de seres humanos, aun de niños y niñas”.

Se mantuvo como candidata; su compromiso no era con Anaya o con los partido que la nominaron “y ni siquiera en última instancia con el propio Manuel López Obrador, sino con un proyecto que a mi entender significaba la última oportunidad para que los mexicanos pudieran recobrar alguna esperanza”.

 

Decepcionada de AMLO

 

Sada recibe a Proceso en una de sus amplias residencias en el municipio de San Pedro Garza García y señala en entrevista que se considera una ciudadana “totalmente indignada”. Destaca que pertenece a una clase privilegiada pero aun así percibe la desigualdad social.

Esa injusticia social, asegura, ha llegado al extremo de provocar “una triste narcorrevolución” que se expresa en una inusitada violencia en todo México.

“Durante la campaña se me marginó por los mismos partidos de izquierda que me pusieron zancadillas. Me terminaron despreciando hasta el cierre de campaña”, asegura.

“Me centré en solicitar el voto para Andrés Manuel López Obrador y me traicionaron. Así que terminé decepcionada de todos. De los políticos, de los partidos y sus personajes.

“Me di cuenta de cómo los partidos son en realidad grandes negocios multimillonarios para sus dueños. Por eso no apoyo al movimiento Morena de Andrés Manuel López Obrador. Porque veo que entra otro parásito que viene a chupar del presupuesto nacional.

“Quedé muy decepcionada de la vía electoral. Tenemos un sistema que genera pobres para después alimentarse electoralmente de ellos”, reflexiona. “Ahora tenemos un caldo de cultivo muy denso que ya se expresa en violencia”.

La corrupción y la avaricia de los grandes empresarios, señala, han hecho que el país ya no sea funcional. La nación está a punto de estallar por la injusticia social agudizada en los últimos años. Lo que se expresará con más inseguridad y violencia, concluye.