Maestro jubilado apoya las posturas de los disidentes

Señor director:

 

Soy un maestro normalista que ejerció la docencia durante más de 50 años, y que en su ejercicio profesional realizó varios cursos de posgrado, en ninguno de los cuales me evaluaron como condición para conservar mi plaza.

Actualmente disfruto de una pensión por jubilación, así como de servicios médicos y otros que adquirí gracias a los derechos que constitucionalmente me correspondían conforme al artículo 123, apartado B, y sus leyes reglamentarias, que me concedieron el derecho de antigüedad o años de servicio por los cuales tuve la oportunidad de pensionarme.

De no contar con estas prestaciones estaría actualmente en la calle y en la miseria porque no me hallaría en condiciones de seguir trabajando, ni habría quien me diera trabajo a mis 78 años de edad  y  arrastrando  un  infarto  desde  hace más de  siete meses. De ahí la trascendencia del derecho de antigüedad que, con la reforma educativa, se quiere negar o restringir a los nuevos maestros y a los trabajadores en general. Sería verdaderamente un crimen. Retrocederíamos más de un siglo, cuando los patrones del campo y de la ciudad trataban a sus trabajadores como esclavos, sin prestaciones de ninguna naturaleza y sin la mínima seguridad en el empleo.

Por lo que se refiere al aspecto técnico pedagógico de la citada reforma educativa, considero que los reformadores actuales pasaron por alto que una verdadera reforma debe empezar por el estudio y análisis de los planes y programas de estudio en todos los niveles de la educación, pues con esas herramientas sabríamos qué tipo de mexicano debemos formar de acuerdo con lo que el país requiere. Con base en estos instrumentos, debemos evaluar no sólo a  los  nuevos  maestros, sino fundamentalmente a los formadores de maestros (docentes de las Normales oficiales y particulares).

Nos hemos olvidado de ese sector del magisterio desde hace muchos años aunque en ellos está la clave para el éxito de una educación de calidad. No debemos perder de vista lo que el maestro Santos Valdés decía en la cátedra: “Nadie puede enseñar lo que no sabe”. Si nuestros nuevos profesores no dominan las modernas metodologías de la enseñanza, es obvio que tendrán muchos tropiezos en su desempeño frente a los alumnos, y los resultados de su labor serán insuficientes o mediocres. De ahí la exigencia de que los formadores de docentes los preparen teórica y prácticamente antes de otorgarles un título. Y conste que hablo de formadores, no de las escuelas Normales; porque son ellos los que en la cátedra les deben dar las herramientas metodológicas para que sean excelentes maestros frente al grupo.

A la par de los planes y programas de estudio, deben revisarse con sumo cuidado los contenidos de los libros de texto gratuitos de los niveles respectivos y ajustarlos rigurosamente a esos planes y programas. No puede ser de otra manera. Por eso es tan importante que la Comisión de Libros de Texto Gratuitos esté integrada por personal profesional altamente capacitado en el campo de la educación y en el desarrollo de la inteligencia del niño y del adolescente. Sólo así podremos esperar un producto que verdaderamente cale en el ánimo y en los intereses de los alumnos.

Por otra parte, tomando como referencia los contenidos  de  los  planes  y  programas  y  de los libros de texto gratuito, debe evaluarse al maestro en activo para conocer sus fortalezas y debilidades; pero no para correrlo ni rescindirle su contrato de trabajo (plaza). Con base en los resultados de esas evaluaciones se deben programar estrategias de capacitación permanente con el firme propósito de mejorar no sólo sus conocimientos, sino también su desempeño.

Por último, son muchas las opiniones que se han vertido en favor y en contra de los profesores disidentes ante la reforma educativa. Políticos de todo tipo y colores y comunicadores de Televisa y TV Azteca, incluyendo los de Mexicanos Primero, se han ensañado con los maestros, tratándolos de vándalos y de irresponsables. Me gustaría evaluar a esos críticos en materias como historia de México y la Constitución Política de nuestra patria. Estoy seguro de que no alcanzarían el 6 (seis) ni por aproximación. Ahora que, si los evaluamos en matemáticas, cultura greco-romana, filosofía o el Código de Hammurabi, tengo la seguridad de que se quedarían sin trabajo. (Carta resumida.)

Atentamente

Profesor Juan Godina Silva

Morelia, Michoacán