¿Qué hacer con don Juan Sandoval Íñiguez? ¿A dónde enviar al jubilado arzobispo de Guadalajara, quien a ratos parece que quiere socavar la autoridad de su sucesor, el cardenal José Francisco Robles Ortega? ¿Quién lo recibiría para darle ocupación, tanta como sus fuerzas, que aún son bastantes? A pesar de sus 80 años, Sandoval tiene muchas ganas de trabajar; espacio y mando le faltan para canalizar esas inquietudes. Si coincidencias tuviera con el Papa Francisco, podríamos esperar que lo llamara algún día para invitarlo a hacerse cargo de algún dicasterio o misión. Pero no hay similitudes entre la forma de ser del Papa y del exarzobispo tapatío; más bien se contraponen. Sandoval, por ejemplo, siempre se negó a dejar la comodidad de la residencia arzobispal; Francisco, por su parte, desde el principio rechazó vivir en la molicie y lujo del Palacio Vaticano. Todo esto viene a cuento porque Sandoval no sólo impulsa o al menos consiente la publicación de El Laico Opina, un tabloide mensual que habla mucho de él en demérito del actual titular de la arquidiócesis (Proceso Jalisco 457); además, convirtió en libros dos sendas entrevistas –Servus, editado hará un año, y Credo, recién salido de la imprenta. * * * Precisamente en el marco de la presentación de Credo, a principios de la semana pasada, del periodista argentino Andrés Beltromo Álvarez, Sandoval Íñiguez contradijo a Robles Ortega y declaró que la Línea III del Tren Ligero no debe pasar por el centro de la ciudad, menos aún “por debajo de la catedral”, pese a que al principio, cuando se le explicó que no afectaría al máximo templo de la ciudad, ya lo había aceptado. Recientemente, el gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz habló sobre el mismo tema con el actual arzobispo y éste aceptó que pasara por la avenida Alcalde-16 de Septiembre, a suficientes metros por debajo de los cimientos de la catedral para no dañar el inmueble. No obstante, ahora Sandoval se contrapone con quien es el responsable de la catedral y de la diócesis, quien incluso ya dio su anuencia. Pareciera que don Juan le está hablando a Robles Ortega como si todavía fuera su alumno. En contra de los estudios realizados hace más de dos décadas, le indica que el tren deberá ir a Tlajomulco –“donde también hay muchos votos”, según el purpurado–, y no de Zapopan a Tlaquepaque, cruzando transversalmente Guadalajara. Por cierto, el nuevo proyecto se lo sacó de la manga el gobernador panista Emilio González Márquez para beneficiar a especuladores de terrenos y promotores de vivienda sin haber hecho un estudio profundo. * * * Al coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, le asiste la razón cuando asegura que “no hay homologación de normas ni hay diagnóstico actualizado sobre lugares de riesgo en zonas habitadas”. No obstante, yo añadiría lo que le faltó decir a este hombre: también hay irresponsabilidad de las autoridades cuando no informan a tiempo de los fenómenos metereológicos inminentes, como ocurrió con Ingrid y Manuel, que anegaron el territorio mexicano. Sin embargo, más que por la abundancia de las lluvias, lo que ha ocasionado en este país –y también en Jalisco– los grandes desastres han sido las corruptelas de las autoridades, dado que a lo largo y ancho del territorio se permiten, o hasta se propician, construcciones en zonas de alto riesgo, como son las partes cercanas al mar, ríos, presas y humedales, exactamente como sucedió en Acapulco con el huracán Paulina hace poco más de una década y ahora con la tormenta Manuel. Otras desgracias se han dado por simple negligencia de las autoridades, como las de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) por no desahogar a tiempo represas. Y cuando abrieron abruptamente las compuertas, como en la presa del Nogal, en Tapalpa, lo hicieron 30 horas después, de madrugada y sin avisar a las poblaciones asentadas aguas abajo. Por eso la crecida del río les llegó cuando menos esperaban. Decenas de familias, muchas de ellas muy pobres, perdieron casi todo lo que tenían. Si no hubo desgracias humanas fue, como dijeron los afectados, por un verdadero milagro. No obstante, las pérdidas fueron cuantiosas para campesinos y ganaderos, pues, en algunos casos, el agua arrasó con todo su patrimonio. ¿Quién o quiénes responderán por esos daños? fcobian@proceso.com.mx








