BOGOTÁ.- El sociólogo Ricardo Vargas, experto colombiano en temas de cultivos ilícitos y conflicto armado, considera que la eventual salida de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) del negocio de las drogas tendría un efecto limitado en el narcotráfico regional, pues los vacíos serían llenados por otros actores, como las bandas criminales (bacrim) y los cárteles mexicanos.
“Habrá una recomposición en las zonas productoras de coca y el temor es cómo va a ser ese cambio. Es difícil preverlo, pero puede haber descomposición de elementos de las FARC que opten por seguir en el negocio; puede haber estructuras de las bacrim que se reacomoden y asuman más protagonismo, y también los cárteles mexicanos pueden aprovechar esa situación”, dice a Proceso el investigador del Transnational Institute (TNI).
“La clave es quién va a controlar a nivel local la regulación, el acopio de materia prima o de cocaína, y ahí los cárteles mexicanos pueden asumir mayor control a través de sus socios colombianos; es perfectamente posible ese escenario”, considera.
Adam Isacson, especialista estadunidense en drogas y seguridad, sostiene que los cárteles mexicanos ocupan cada vez más espacios en Colombia por los golpes sufridos por las bacrim y “están buscando meterse más en la cadena de producción, lo que puede verse reforzado con un acuerdo de paz” en el cual las FARC abandonen el control de los cultivos de coca.
“Si mañana desaparecen la coca y la cocaína de Colombia, eso no quiere decir que la demanda mundial de droga va a desaparecer. El incentivo económico para que otros grupos, como los cárteles mexicanos, se encarguen de mantener el negocio va a seguir existiendo”, comenta este experto, maestro en relaciones internacionales por la Universidad de Yale e investigador de la Oficina de Washington sobre Latinoamérica.
Según reportes de inteligencia de la Policía Nacional de Colombia, emisarios de los cárteles mexicanos están presentes en varias regiones del país debido a su interés de “acercarse a las fuentes primarias de producción y procesamiento” de la cocaína.
En febrero pasado el presidente colombiano Juan Manuel Santos ordenó a los organismos de seguridad investigar la presencia de cárteles mexicanos en el suroccidental departamento de Nariño, el mayor productor de hoja de coca en el país, sin que hasta el momento se hayan hecho públicos los resultados de esas pesquisas.
El profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia, Marco Romero, señala que los cárteles mexicanos tienen una gran dependencia de las fuentes colombianas de abastecimiento de cocaína, por lo cual ”es natural que se preocupen por un escenario de posconflicto en el cual sus fuentes de suministro de droga puedan verse alteradas”.
En una hipotética desmovilización, las FARC, agrega, seguirían teniendo poder político en sus tradicionales zonas de influencia. “Si ellos son la fuerza que eventualmente va a gobernar algunos territorios, seguramente mantendrán una política frente al tema, y se ha dicho que puede convertirse en policía rural; entonces no necesariamente va a haber un vacío de poder”, sostiene Romero.
En cambio Vargas considera poco probable que esa guerrilla al desmovilizarse pueda contener a las mafias; para ello el gobierno debería desarrollar un programa para atender la crisis agraria y la marginación rural, así como una estrategia para garantizar un ataque eficaz a las prácticas y los poderes mafiosos, los cuales en Colombia –como en gran parte de la región– han actuado en simbiosis con el poder político y los organismos de seguridad del Estado.
De acuerdo con el sociólogo e investigador del TNI, incluso aunque una acción concertada entre el gobierno y las FARC termine con los cultivos ilícitos en Colombia, la pasta básica de cocaína podría llegar de Perú y Bolivia para ser procesada en territorio colombiano y enviada desde aquí a los centros de consumo, como ocurrió durante los ochenta y principios de los noventa.
Vargas puntualiza que los diálogos de paz en La Habana podrían tener un efecto limitado en el narcotráfico, aunque sí resolverían “el problema del involucramiento de las FARC en la producción y comercialización de narcóticos”.
Iván Márquez, comandante de las FARC, dijo el martes 1 al Canal Capital de la televisión colombiana que esa guerrilla está dispuesta “a cooperar para resolver definitivamente el problema del narcotráfico” en el país, pero advirtió que ese fenómeno es una industria criminal de alcance global cuyo combate requiere una acción multinacional concertada.








