Señor director:
He seguido de cerca el desarrollo del conflicto magisterial. Como docente, investigador y ciudadano, el tema me preocupa profundamente, y su estudio me ha llevado a conclusiones que quisiera compartir.
1.- Las modificaciones al artículo 3° constitucional y la promulgación de la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y de la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) muestran que efectivamente existen bases para sustentar los temores de maestros, académicos y ciudadanos preocupados por el presente y el futuro de la educación en México.
Entre otras cosas, se autoriza un incremento sustancial en los nombramientos por tiempo fijo (véanse, por ejemplo, los capítulos III y IV de la LGSPD), y se abren posibilidades de contratos con instituciones privadas (artículo 59 de la LGSPD), sin especificar condiciones de otorgamiento. Por otra parte, aunque ambas leyes especifican que serán tomados en cuenta los contextos regionales y socioculturales para la evaluación, no se determina la manera en que esto se realizará.
2.- Los vicios estructurales y coyunturales de nuestro país, reales y conocidos por amplios sectores de la población, plantean serias dudas sobre la operatividad, imparcialidad y transparencia necesarias para cumplir con los objetivos del Instituto y la LGSPD. La corrupción omnipresente, documentada semana tras semana en esta y otras publicaciones, así como las posibilidades de otorgar cargos a discreción (como la atribución del Ejecutivo de imponer miembros para la Junta de Gobierno, en caso de que el Senado no tome la decisión) y de convertir la ley en instrumento de venganzas personales por parte de autoridades locales, supervisores y evaluadores, hacen temer que se presenten situaciones irregulares.
3.- Muchos académicos e investigadores mexicanos tienen serias dudas sobre la implantación del modelo por competencias en México, debido a las debilidades estructurales y operativas propias de nuestro sistema educativo. Es posible forzar a los profesores a llevar cursos, posgrados y diplomados sobre el modelo, y exigir resultados a maestros, supervisores e instancias educativas, pero ello no garantiza que se logren los objetivos (o el desarrollo de las competencias) propuestos en planes y programas. En contra del discurso oficial, incluso en países como España existen serias críticas hacia el enfoque de la enseñanza por competencias (las referencias pertinentes pueden rastrearse en revistas indexadas con arbitraje estricto).
Por si esto no fuera suficiente, prevalecen toda clase de resistencias administrativas, económicas, burocráticas y estructuras de corrupción que han hecho fracasar iniciativas de currículum flexible y programación por competencias a todos los niveles. Agreguemos, a guisa de ejemplo, las denuncias sobre profesores que preparan a los alumnos exclusivamente para las pruebas ENLACE, descuidando el resto de los contenidos educativos, sea por iniciativa propia o respondiendo a presiones de las autoridades de los centros escolares.
4.- La estrategia del gobierno en este asunto está muy clara: 1) no ceder y apostar al desgaste del movimiento; 2) promover la división y confrontación de la población civil, y 3) emprender la represión selectiva o generalizada. En el momento de escribir estas líneas, es notorio que esta estrategia ya les está dando apreciables (y quizá definitivos) resultados. Para los grupos de poder es muy sencillo manipular a la opinión pública a través de la radio y la televisión.
5.- Por último, los profesores deben ser plenamente conscientes de su propio papel en la gestación de las circunstancias actuales. Desafortunadamente, se conocen muchos casos de maestros faltistas, incumplidos y corruptos, que han creado un estigma y un estereotipo (no discuto si justificado o no) en grandes sectores de la población. Y por otro lado, la filiación e identificación de un sector considerable de docentes con el partido en el poder hace pensar a algunos que el magisterio está recibiendo lo que merece. Personalmente he escuchado a algunas personas decir: “Tienen lo que querían, ¿no? Es una sopa de su propio chocolate”.
Creo que todos debemos asumir la responsabilidad que nos corresponde, sea en el activismo, la protesta o el llamado a las conciencias. No debemos limitarnos a protestar. Es necesario considerar con cuidado si no lamentaremos más adelante los resultados de nuestras decisiones. Incluso muchos años después. (Carta resumida.)
Atentamente
Doctor en ciencias Roberto Lagunes Córdoba








