Herederos de las tierras originales de El Revolcadero, atacados por el fenómeno Manuel y afectados por las grandes construcciones erigidas en la zona, recuerdan que la expropiación de sus terrenos para conformar Punta Diamante fue ilegal por no apegarse al principio de utilidad pública. Habitantes y comerciantes de la región, limitados al área denominada El Pueblito y aislados ahora por las aguas, reprochan al actual gobernador de Guerrero haber destruido un puente y advierten que no admitirán ser reubicados hasta que se haga otro tanto con los ricos…
ACAPULCO, Gro.- “Revolcadero nesecita ayuda”, se lee en la improvisada manta que da paso al brazo de tierra con locales cerrados donde hubo artesanías, ropa playera y marisquerías hasta que la crecida de la laguna Negra esculcó, zarandeó y se robó lo que encontró a su paso para botarlo en el mar. Atrás quedaron palmeras y un restaurante que parece submarino, donde el tinaco es la escotilla que se asoma del agua.
Como si el mar se hubiera entretenido en sacar cubos de arena, hasta al piso de cemento le quitó la tierra que este pueblito tenía debajo. Ahora, sus ocupantes caminan de puntitas.
Este no es un sitio más de los que el ciclón Manuel arrasó con saña. Es el lugar donde Tarzán, el Hombre Mono, fue visto meciéndose entre las lianas que aún caen de los frondosos árboles y bañándose en los manantiales que bajan del monte pedregoso. Es el sitio donde Luis Miguel y Lucerito se prodigaron arrumacos cuando eran adolescentes. Y además de haber sido escenario de películas, era el paradero turístico por excelencia, donde se dejaban ver artistas y políticos.
Esta parcela de paraíso, bautizada como “Punta Diamante”, de tan codiciada atrajo a varios políticos mexicanos –empezando por Juan Francisco Ruiz Massieu, los Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Cevallos– y carga una larga historia de disputas por la propiedad que se inició con una expropiación a la que le siguieron ventas, reventas, litigios legales y protestas que continúan hasta estos días.
“Ya vinieron a decirnos que nos van a reubicar porque es zona de alto riesgo. Desde la expropiación quieren hacerla zona de ricos. Si te fijas hay pura casa de ricos. Siempre les ha interesado a ellos, a los inversionistas; por eso nos quieren sacar”, resume Enedina Palma, la lideresa de Unión de Prestadores de Servicios, Meseros de la Zona Federal Playa Revolcadero, A.C., que abarca un tramo de esa playa y otro de la sección Diamante.
La mujer se dice la legítima heredera del fundador de El Pueblito, Sabino Palma Rodríguez, a quien, asegura, el gobierno le expropió sus terrenos en 1989, cuando José Francisco Ruiz Massieu (padre de la actual secretaria de Turismo federal) era gobernador, sin que –según los distintos herederos que reclaman la propiedad, se autoproclaman legítimos y acusan a los demás de impostores– nunca fuera indemnizado.
El presidente Miguel de la Madrid avaló el decreto expropiatorio a pesar de los señalamientos de que desarrollar infraestructura para gente adinerada no cumple las condiciones de ley por lo que se refiere al causal de utilidad pública, que fue refrendado durante el salinismo (Proceso 703). Raúl Salinas, el “hermano incómodo”, tenía mucho interés por ese megaproyecto, que fue causa de conflicto con Ruiz Massieu (Proceso 958).
Cuando se instaló El Pueblito, el Grupo Mexicano de Desarrollo construyó un puente de acceso, con lo que se convirtió en el paradero favorito de los autobuses cargados de turistas. Los locales los entregó el Fideicomiso Acapulco, en tiempos de la expropiación.
“Desde esa vez les interesaba el área”, comenta la mujer.
La nieta Palma mira hacia el antiguo hábitat de Tarzán, el monte verde del que asoman las residencias, y asegura que 11 hectáreas son propiedad de su familia. A la mayoría las convirtieron en estacionamiento del hotel Quinta Real y sólo le dejaron una, en donde tiene su casa y un pedazo de El Pueblito, una cadena de locales, con arquitectura mexicana y kiosco en medio, para atraer turistas.
Unas 50 personas son propietarias del centenar de negocios que tienen alrededor de 200 empleados.
Desde que Manuel le tiró el puente que conectaba la playa Revolcadero con El Pueblito, para llegar a su casa Enedina debe cruzar en lancha a contracorriente del río, que en estos días se pasea apresurado y noquea lo que encuentra. No tiene acceso por la calle, pues la entrada al fraccionamiento está custodiada por vigilantes que impiden el paso a desconocidos y sólo admiten a personas autorizadas, a quienes retienen una identificación y entregan una llave para que pasen únicamente hacia la sección permitida. El residencial se halla compartimentado en seis secciones. No hay forma de pasear por el lugar.
“Ahora que se nos cayó el puente, los del fraccionamiento no nos dejan pasar por la calle. Dicen que es propiedad privada. A mi niña ayer me la regresaron los de Quinta Real, a pesar de que sólo podía entrar por ahí porque el río se pone peligroso y da miedo. Yo les he dicho que cuando ellos aparecieron yo ya vivía aquí, aquí nací, tengo 42 años de edad, 18 de que se empezaron a construir las vialidades y 13 de que aparecieron las viviendas”, refiere.
Como todas las historias de este tipo, que a veces tienen más nubes que luz, dicho testimonio contiene claroscuros.
Hace 10 años apareció Salvador Palma, un pariente que se dijo heredero, y en sus protestas por la indemnización cerró hoteles, regaló pedazos de fraccionamientos, organizó caminatas y huelgas de hambre, persiguió a presidentes y políticos con su solicitud de indemnización por los terrenos de su abuelo. Como él, han surgido otros “propietarios originales” que han acusado a Enedina de ser una impostora, al igual que funcionarios de gobierno para quienes el abuelo ni siquiera está en las listas de ejidatarios que debían ser indemnizados.
Lo cierto es que Enedina vive ahí, está al frente de la Unión y continúa en disputa con “los ricos” que, advierte, quieren la playa. Uno de ellos, Diego Fernández de Cevallos, quien aparentemente recibió terrenos con valor millonario como pago por defender a propietarios surgidos del decreto expropiatorio (Proceso 1041), y otro, el expresidente Ernesto Zedillo, a quien el panista acusó de no haber pagado predial de sus propiedades (Proceso 1064).
“Oigo nomás díceres que Diego Fernández de Cevallos tiene propiedades aquí y que él fue el que empezó a vender, pero como no lo conozco no sé, no lo reconocería si lo veo”, dice Palma.
No tiene a mano papeles que certifiquen su propiedad. Muestra una capillita construida en el patio de su casa. La propiedad tenía vista a Puerto Marqués.
Y señala: “Ahí donde está el san Juditas hace 12 años había una casa donde tenía los papeles, y me la quemaron con todo. Las copias no las tengo aquí”.
En lugar de los documentos, saca una foto de don Salvador, quien murió a un mes de cumplir los 120 años. Pide que la retraten junto a la imagen y se para afuera de una casa de paredes ennegrecidas por los años de humedad, sin piso, sin techo, sin muebles, que dejó su abuelo y que ella, “por falta de economía”, no ha podido arreglar.
“Según la ley, una expropiación es para el bien de la comunidad, y si te fijas hay pura casa de rico. Ahora están manejando que desde que se inundó es zona de riesgo y que nos van a reubicar, pero no estamos de acuerdo. Primero que reubiquen todas las colonias que se inundaron, que nos dejen a nosotros al final y nosotros decidiremos si nos vamos o no.”
Para llegar a El Revolcadero se pasa por afuera de las instalaciones del exclusivo hotel Princess, que hace un par de décadas no tenía vecinos en la zona, pero que ahora está rodeado de otros hoteles, unidades habitacionales y grandes tiendas. Detrás de una barda de piedra destruida por la tormenta se observan los campos de golf arruinados por el agua. Algunos tramos todavía lucen como estanques.
Antes de las fiestas patrias comenzó el aguacero. Ese fin de semana la laguna se desbordó en un par de horas y no hubo forma de rescatar la mercancía. La creciente empezó pantano adentro, donde la tierra fue desmontada para construir sobre humedales. La inundación agarró desprevenidos hasta a los turistas con seguro de vida.
En cuentas de Facebook o Twitter pudieron leerse mensajes de turistas que quedaron rodeados de agua adentro de hoteles de lujo.
“Nos vino a afectar que al Princess y a ese Pierre Marqués, de Lorena Ochoa, la del golf, se les rompió la barda y todo eso se vino para acá. Servían de contención y nos echaron encima el agua. Se llevó todos los locales, todo. Eran como 50 los que estaban en esa barra”, relata mientras apunta hacia la sección de puestos desaparecida por el agua. Según los planos que mostraría más tarde, de 31 puestos que estaban a la vera del río, el agua sumergió 18; de los 85 restantes en tierra firme, dejó inservibles 25 y los demás quedaron sin mercancía.
“Pedimos asilo a los hoteles de cinco estrellas y ni nos dejan pasar. El gerente de uno dijo en las noticias que nos estaba dando asilo y de comer, y es mentira. Ni el paso nos dan”, se queja Areli Palma Sandoval, hermana menor de Enedina.
Una adolescente sentada entre el grupo de mujeres interviene: “Los de las motos acuáticas sacaron a uno de los policías de la caseta que ya se andaban ahogando, mas lo sacamos nosotros primero antes que ellos”.
La locataria Marisela Mejía agrega: “Se murió una muchacha. Ella se cayó el domingo y murió el jueves. Era hermana de ella”.
Entonces mencionan a la difunta. Sale a la charla de la nada, como si fuera una aparecida. Sin drama, como si fuera costumbre la desgracia.
Evelia Osuna Sánchez falleció por falta de atención médica. Cayó en un remolino que se formó hondo como jacuzzi en el puesto de su hermana. Aunque la sacaron del hoyo, no pudieron llevarla al hospital. El agua les bloqueó los caminos.
El lugar donde ocurrió el accidente es un cuarto de palos con paredes casi desnudas. En un rincón se ve la foto instantánea de la difunta cuando se hallaba con vida, roída por las gotas de agua. Dos familiares velan su alma en ese lugar hasta que se cumplan nueve días. No quieren que su alma vague sin compañía hasta que cruce hacia su destino.
El Pueblito luce abandonado. Sólo un grupo de mujeres, casi todas del clan Palma, charlan debajo de una lona. Hablan de los tiempos en los que recibían decenas de autobuses al día. Todavía, algunos fines de semana llegan a atender hasta 30 camiones, otras veces menos de 10. Culpan a Félix Salgado Macedonio de su desgracia por haberles tumbado el puente vehicular que cortó el paso a los camiones.
“Que porque estorbaba la salida del agua. Decían que éramos un tapón para el agua, pero si esto se inundó fue por culpa de Casas Ara y Geo, el Costco, Wal-Mart, porque ellos construyeron donde eran terrenos de humedales, sobre donde se destendía el agua, y porque ellos desviaron el río La Sabana a la laguna Negra. Esas eran salidas, y esa es la consecuencia de que los ríos se nos vengan a nosotros. En La Marina, por ejemplo, le echaron miles de carros al mar para que se llenara, y el mar hace todo por salir”, indica la lideresa. Seis perros la siguen a donde vaya.
“Dicen que estamos en terrenos de alto riesgo, pero no lo aceptamos porque no todo el tiempo tenemos agua.”
En el piso hay bolsas de despensa que les dio un proveedor. Un par de días atrás hicieron una manifestación en la calle y recibieron unas cobijas. En algunos puestos sobreviven colguijes como peces globo o sonares de conchas de mar. La Capilla de la Virgen de Guadalupe está en pie.
Los artesanos Julia Galeana y Moisés Gallardo, indígenas de la Montaña, propietarios del local número uno, sentados en la banqueta lamentan: “Perdimos muchas cosas, collares, todas las artesanías, docenas de surtidos, porque aquí entró el agua, aquí se sumió”.
Cada tanto miran al cerro, como queriendo constatar cómo están “los ricos que ahí viven”. Desde las alturas se ve a los meseros de un hotel asomados hacia abajo, como checando que el río no crezca, o viendo la destrucción de El Pueblito que, por estar tras una alambrada, quedó como isla.
El ayuntamiento recién anunció que se actualizará el Plan Director de la Zona Diamante, donde la reserva territorial está agotada; que ya no se autorizarán más construcciones, y que a las existentes que obstruyen cauces y canales “se les buscará solución”. El anuncio posiblemente incluya a este Pueblito.
Conforme avanza la tarde crece la corriente y se vuelve más peligrosa. Entonces la señora Palma se despide: “Estoy pasando en esta lanchita… No la veo… –mira la lideresa a un lado y a otro–. ¡Uy, no está! Creo que también se la llevó la corriente…”.








