Acerca de La excepción del poder De Santiago Cardoso Villegas

Señor director:

 

Mucho le agradecería publicar en Palabra de Lector las siguientes aportaciones al más reciente artículo de Javier Sicilia, titulado La excepción del poder (Proceso 1921).

En el artículo La ley y la excepción, de julio de 1990, Gabriel Zaid menciona la tesis de Carl Schmitt relativa a que “…la soberanía se define en el estado de excepción. Soberano es quien puede romper la ley sin ser delincuente”, en tanto que  Javier Sicilia escribe: “la simulación de que los ciudadanos son protegidos por el Estado deja al descubierto la espantosa verdad: ‘La política –como lo ha demostrado Cesáreo Morales– no es la mediación esperada’, sino el ejercicio del estado de excepción donde cada individuo debe asumir su condición de ‘ser desechable’…”.

Ya en febrero de 1990, en su artículo ¿Razonables o dejados?, el mismo Zaid advertía que “en México las autoridades (y los poderes fácticos) pueden actuar como asaltantes, con mayor impunidad, precisamente por ser autoridades. Pueden robar, humillar, someter y seguir en su cargo (sindicato, empresa, etcétera)… el abuso es selectivo, queda al arbitrio de la autoridad (y de los poderes fácticos)”.

A mi juicio, sólo con este tipo de análisis podemos explicarnos la complejidad y la profundidad de la devastación que existe en todos los ámbitos de la vida del país y en todos los estratos del tejido social, realidad desgarradora que arroja a muchos mexicanos al abatimiento y desamparo, sin que en el horizonte se vislumbre una solución.

La muerte, el asesinato, el secuestro, la inseguridad, el abuso, la arbitrariedad, la impunidad, la corrupción, toda esa espantosa verdad es el pan nuestro de cada día y, desgraciadamente, a ello nos estamos acostumbrando. Es La peste de Camus, que nos azota y nos mantiene virtualmente prisioneros en un campo de concentración.

Me viene a la mente también Guy Debord, quien plantea que “en el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso”.

El pensar que la democracia funciona y que el Estado es el garante de nuestra seguridad es una verdad que de facto es mentira pero que la seguimos creyendo verdad. El desprecio a la tolerancia y al reconocimiento del Otro como un interlocutor válido en este “estado de excepción” lleva a la cosificación del hombre y a considerarlo baja colateral, prescindible y matable.

Al respecto, Javier Sicilia apunta: “Bajo el terror, la norma de la excepción quiere convertir al ser humano en (…) ‘una supervivencia separada de cualquier posibilidad de testimonio’, a la cual puede asignársele cualquier identidad”.

Basta el caso de la Guardería ABC para ilustrar esta ignominia. Los niños de esa guardería en realidad nunca existieron, murieron en la “no identidad” y, a la fecha, ninguna persona ha sido responsabilizada por su muerte. Ellos son, para el Estado, “seres despreciables que no merecen nada”: son la expresión viva del estado de excepción.

Zaid sostiene: “Hay un régimen de derecho, que es la norma, pero sujeto a un régimen de arbitrio personal, que es la excepción”, y puntualiza: “Cuando la autoridad no abusa, pudiendo hacerlo, el derecho no es derecho: es un favor.  Y cuando abusa, no hay derecho que valga.  A menos que se llame derecho al derecho de fregarse, transar y mover palancas”.

Los mexicanos tenemos que reconquistar la soberanía que reside en nosotros y no en las autoridades, que deben sujetarse al mandato del pueblo. Quizás el surgimiento de un fenómeno emergente de toma de conciencia que venga desde abajo dé nueva vida y posibilidades al país en el reconocimiento de nuestra condición de seres humanos con derecho a vivir, a vivir en paz y en un estado de derecho y no de excepción.

Apelemos a todo lo que hay de bueno en el hombre y en los mexicanos. Octavio Paz escribió: “Para que pueda ser, he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”. (Carta resumida.)

Atentamente

Santiago Cardoso Villegas

San Luis Potosí, S.L.P.