Las promesas huecas de Azcárraga

Televisa y el club América incumplieron su compromiso de apoyar al jugador Carlos Sánchez Romero, quien después de golpearse la cabeza durante un partido sufrió un infarto cerebral que lo imposibilitó de por vida para jugar futbol. Al cabo de cinco años el consorcio de Emilio Azcárraga Jean no le renovó el contrato y lo dejó en el desamparo, pues las Águilas no dan de alta en el IMSS a sus jugadores. El exdefensa anunció que demandará al conjunto de Coapa, pues ni el dueño ni sus directivos cumplen lo que prometen.

Carlos Sánchez Romero, defensa del equipo América y quien sufrió un infarto cerebral el 12 de agosto de 2008 durante un entrenamiento, afirma que Televisa no respeta la ley, pues se niega a cubrir las cuotas de sus jugadores al IMSS y decidió interrumpir intempestivamente la relación laboral que él y la empresa mantenían.

Desde el pasado diciembre Sánchez Romero dejó de recibir atención médica y sueldo del equipo campeón del futbol nacional, pese a que Emilio Azcárraga Jean –dueño del equipo– le había prometido “el apoyo incondicional de Televisa”. El exjugador asegura que en su tratamiento hubo negligencia médica, pues no recibió la atención apropiada luego de sufrir un fuerte golpe en la cabeza en mayo de 2008 durante un juego en la Copa Libertadores. La contusión derivó en el infarto cerebral. “Nunca fui sometido a un examen clínico minucioso”, acusa.

“Fui obligado”, asegura, “a firmar un contrato totalmente ventajoso para el América”. Añade que en plena sala de urgencias, cuando todavía se desconocían las causas de su mal, los directivos Michel Bauer y Yon de Luisa, presidente y vicepresidente del club, difundieron ante los medios que el padecimiento se debía a un mal congénito.

A cinco años, Sánchez Romero decide hablar y revela que durante su convalecencia se firmó un acuerdo mediante el cual el equipo América prohibía a sus familiares cualquier contacto con periodistas. También se estipulaba que el entonces jefe de prensa del equipo, Francisco Reyes, se encargaría de redactar en una ficha la información que los padres de Carlos podrían compartir con los reporteros.

De no acatarse esos lineamientos, el equipo estaba en “su derecho” de suspenderle automáticamente toda asistencia médica y rescindirle el contrato, como ocurrió en diciembre pasado.

A punto de iniciar una nueva demanda contra la empresa de Azcárraga, Sánchez Romero arremete contra Alfonso Díaz y Joaquín Velásquez, médicos del América, a quienes acusa de negarse a tramitar sus análisis clínicos ante el encargado de la operación y presupuesto del equipo, Yon de Luisa. “Él se jactaba de no tener presupuesto. Pretextaba que mi caso no ameritaba algún estudio complementario y las dolencias se me pasarían en cuestión de tiempo”, sostiene. En resumen, “el golpe que sufrí no tuvo el tratamiento adecuado y todo derivó en el infarto del 12 de agosto”.

 

Dudas

 

El exjugador duda que al delantero ecuatoriano Christian Chucho Benítez, quien falleció el 29 de julio en Doha, Qatar, lo sometieran a estrictos controles médicos. “Simplemente no hay confianza total en los parámetros de los estudios clínicos empleados por el América respecto a una real atención de sus jugadores. En estos asuntos es muy dudosa la reputación del equipo”, refiere.

El 15 de mayo de 2008 en el juego de cuartos de final de la Copa Libertadores frente al Santos de Brasil, Sánchez Romero recibió un golpe en la espalda tras chocar con Mariano Trípodi. Sin tiempo para reaccionar cayó en mala posición y se pegó en la cabeza. Fue atendido en la cancha del estadio Azteca al minuto 66 y reemplazado casi 10 minutos después.

Mientras era trasladado se quejó de un fuerte dolor en el hombro derecho y dificultad para respirar. “Jamás recibí un golpe de esa naturaleza y mucho menos sentí un dolor así. Esas sensaciones las transmití puntualmente a los doctores. Ahí están los videos donde salgo del juego y me voy tocando el pecho por falta de aire. Pensé que me enviarían a un hospital, pues en el estadio no se tienen los medios para una adecuada valoración”, recuerda.

Para su sorpresa lo llevaron al vestidor, donde permaneció en reposo. “El médico Díaz me aplicó una inyección y poco a poco recuperé la normalidad de la respiración. Fue quizá la atención más puntual que recibí en todo el tratamiento”, expone.

Al término del torneo le realizaron los exámenes previos a la pretemporada “y todas las pruebas de esfuerzo las pasé perfectamente bien, pero el dolor del hombro y del cuello no los superaba después del golpe. Los médicos hicieron caso omiso. Durante los siguientes tres meses jamás fui citado para un estudio de valoración”, lamenta.

Añade: “Mi caso fue mal manejado. No fui valorado de manera adecuada por el departamento médico del equipo y jamás me llevaron a un hospital o a un centro de estudios clínicos a realizarme estudios más completos para descartar cualquier secuela. Siempre fui tratado con una pastillita de Voltarén y algún tipo de analgésico, que cuando hacía su efecto aminoraba un poco el dolor, sólo por un momento”.

Al cabo de algunos meses todo seguía igual, hasta que la mañana del 12 de agosto de 2008 Carlos sufrió el infarto cerebral. Poco antes se había quejado de un fuerte dolor de cabeza. En cuanto empezó a trotar sobre el césped se desvaneció ante la mirada de sus compañeros.

En conferencia de prensa, después de los hechos, el jefe de los servicios médicos del equipo, Alfonso Díaz, dijo: “Sánchez se quedó mirando al piso y presentó problemas de ausencia. No respondía y sus palabras eran de incoherencia. Ahí nos percatamos de que su problema era grave… Se le formó un coágulo en una arteria del cerebro que afecta la irrigación de la sangre. Se le está tratando de remover con un catéter”.

El subcoordinador de neurología del hospital Médica Sur, Juan Nader, explicó: “Una resonancia magnética demuestra que la arteria que irriga la mayor parte del cerebro del lado derecho, cuyo nombre es arteria cerebral media, se encontraba tapada por un coágulo y se estaba desarrollando en este momento un infarto cerebral”. Tiempo antes Sánchez Romero había solicitado que le realizaran una resonancia magnética, pero no le hicieron caso.

“En ningún momento me atendieron para evitar el infarto cerebral, el cual se pudo evitar si me hubiesen realizado los estudios necesarios a tiempo. Durante tres meses me reporté con los médicos del club para comentarles acerca de mis dolores y sólo me recetaban Voltarén. Fallaron en la atención tanto los médicos como los directivos, quienes ordenan o desautorizan los estudios a realizar. A mí siempre me dijeron: ‘No hay presupuesto y es cuestión de tiempo para recuperarte’. Todos fallaron”, acusa.

–¿Comentó su situación con el presidente del equipo y con el entrenador? –se le pregunta.

–Por supuesto, pero siempre se manejó que tendría el apoyo del club. En su momento el dueño de la empresa así lo prometió y los directivos siempre expusieron ante los medios que el equipo y la empresa me respaldarían para la rehabilitación. Mientras tanto a mis padres los amenazaron para no dar ninguna información a la prensa. De lo contrario, les advirtieron, me retirarían todas las ayudas.

–¿Quiénes profirieron las amenazas?

–En ese momento yo estaba en el quirófano. En pláticas posteriores mis padres me dijeron que los manipulaban para dar informes a los medios. Se encargaba de eso el jefe de prensa, Paco Reyes, quien les daba el guión y las indicaciones para hablar con la prensa.

–¿En qué medida el América cumplió sus amenazas?

–Hay muchas declaraciones públicas de los dirigentes del club, incluido el dueño de la empresa, en el sentido de darme toda la ayuda. Para evitar cualquier tipo de molestias de la directiva y con la idea de coordinar esta parte de la salud accedimos a llevar las cosas en un tono más bajo, sin ningún aspaviento, confiando siempre en que el club respondería conforme a lo expresado por sus directivos.

“Pasaron los primeros meses de mi padecimiento. Sin embargo, hubo promesas incumplidas. Me ofrecieron el CRIT (Centro de Rehabilitación Infantil Teletón) para tener una rehabilitación íntegra. El vicepresidente del América, Yon de Luisa, le dijo a mi madre: ‘Si es necesario lo trasladaremos a Cuba para que reciba la terapia más completa y pueda continuar su profesión’. También prometió que si después de todos los esfuerzos no llegaba a tener la oportunidad de continuar en mi actividad, el club me arroparía en otros quehaceres. Por eso tomé el curso de entrenador.”

 

Litigios

 

El 22 de agosto de 2008, Michel Bauer, a la sazón presidente del América, se presentó en el hospital Médica Sur de la Ciudad de México con un claro mensaje del propietario del Grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean, para la familia de Carlos Sánchez: “El jugador tendrá el respaldo irrestricto de la institución para que al salir del hospital lleve a cabo su rehabilitación con los mejores médicos de la especialidad”.

Incluso mencionó que la primera opción de Azcárraga era trasladar al jugador a un centro de rehabilitación en Cuba, donde se encuentran los mejores médicos para llevar a cabo las terapias necesarias.

El dirigente también se refirió a la posibilidad de enviarlo a uno de los CRIT creados por el consorcio televisivo.

Sin embargo, expone Sánchez, hubo algunos cambios inesperados. “Tenía mi contrato con el club y paulatinamente lo fueron cambiando hasta llevarlo a otra empresa. Si bien decía Televisa, ya no era por parte del equipo. Así lo fueron llevando”.

Con la promesa de respetarle sus derechos laborales o reasignarle otras tareas en el club, Sánchez fue orillado a firmar un nuevo contrato en 2010, pero lo hizo para la filial del consorcio de Azcárraga Jean, Televisa Talentos, S.A. de C.V. “Al parecer lo quieren volver camarógrafo o artista, cuando él es jugador. Se quieren deslindar de su responsabilidad”, externó Benjamín Sánchez, padre del exdefensa, el 5 de agosto de 2009.

Carlos Sánchez ingresó al América desde la escuelita de futbol. Jugó algún tiempo en otro de los equipos de Televisa, San Luis, con el que se coronó campeón de la Primera A –liga de ascenso– en la temporada 2001-2002, antes de retornar al conjunto capitalino y obtener el título (Verano 2002).

El jugador muestra el contrato firmado el 1 de julio de 2007 con el Grupo Corporativo de Organización Administrativa, S.C. de R.L., que a su vez pactó con Fomento al Futbol en San Luis Potosí, A.C., la prestación de servicios del jugador.

Ese documento, vigente hasta el 30 de junio de 2008, establece en su primera cláusula: “El jugador no tendrá relación de trabajo alguna con el Fomento, sino que prestará sus servicios a la asesora en su calidad de socio cooperativista”. En la cláusula duodécima se especifica: “El Fomento proporcionará al jugador, dentro de las posibilidades económicas del mismo, un seguro de gastos médicos mayores para el jugador, su cónyuge e hijos. El seguro tendrá validez durante la vigencia del presente contrato”.

Según Sánchez Romero este contrato es similar al que signó con el América, cuya copia fotostática, sostiene, ya está en poder de sus abogados, que preparan la querella contra la empresa de Televisa.

Los desacuerdos se manifestaron en noviembre de 2011, cuando Rogelio Ruiz Irigoyen y Guillermo González Bravo, entonces abogados del exfutbolista, demandaron a la empresa Club de Futbol América, S.A. de C.V., porque desde hacía un año el equipo no había pagado el sueldo de Sánchez Romero, quien además firmó el desventajoso contrato a través de una empresa filial del consorcio, Televisa Talentos, S.A. de C.V. (Proceso 1777)

Los litigantes, quienes también defendieron al futbolista Salvador Cabañas –por el que reclamaron 1 millón 400 mil dólares por pago de su salario y bonos– requirieron al club América el pago de aproximadamente 2 millones de pesos por la misma causa. Asimismo, exigieron al equipo de Televisa la afiliación de Carlos Sánchez al Instituto Mexicano del Seguro Social. De acuerdo con los litigantes, el Club de Futbol América, S.A. de C.V., no cuenta con registro patronal en ese instituto.

No obstante el jugador se desistió de la querella: “Mi familia y yo quisimos evitar cualquier tipo de disputas y tratamos de conciliar de la manera más amigable posible. De nuevo accedimos a sus condiciones confiando en sus promesas de tratarme de la mejor manera en cuanto a mi rehabilitación, así como asignarme un trabajo en el club”.

Finalmente, en diciembre de 2012 el América rompió abruptamente el acuerdo laboral con el futbolista incapacitado, a quien deja en el abandono: sin salario y sin seguro de gastos médicos.

–¿Qué procede ahora?

–Mis abogados ya preparan la demanda para reclamar lo que me corresponde por derecho. Llegamos a un acuerdo con el equipo y no cumplieron. En una decisión unilateral me retiraron todo el apoyo médico prometido, así como el que estaban obligados a proporcionarme por no contar con seguro social. Al momento de renovar el contrato, unilateralmente decidieron no refrendarlo.

“El jurídico de Televisa dijo que por órdenes de más arriba, de los dirigentes, para ellos la empresa ya había cumplido totalmente su contrato conmigo. Me dieron las gracias y querían liquidarme como lo hacen con cualquier trabajador, con tres meses de sueldo y 20 días más, algo así.”

El martes 6 este semanario solicitó una entrevista con Yon de Luisa y con Ricardo Peláez (presidente deportivo del América) a través del actual responsable de prensa del equipo, Javier Salazar, quien pidió que la solicitud se hiciera por escrito. Hasta el cierre de edición no hubo respuesta.