“Hombre vertiente”

El agua, generadora de poder, nace del cuerpo mismo del hombre y se sorprende de ser vehículo de ella y de utilizarla para combatir o inundarse en su torrente que fluye sin parar desde su interior. Hombre vertiente es una propuesta visual y auditiva de gran belleza que transita del sueño a las pesadillas, del laberinto al reconocimiento de sí mismo.

Con un mínimo de palabras, el espectáculo argentino Hombre vertiente, que se presenta en el Plaza Condesa, despliega sorprendentemente una infraestructura tecnológica para hacer que los personajes vuelen, caminen sobre un desierto vertical o se llenen de agua, con tal fluidez que sólo al preguntarse cómo lo hicieron, intuimos que sus cuerpos están llenos de tubos, cuerdas y mecanismos que esconden bajo un leotardo y que se conectan, imperceptiblemente, a mangueras y depósitos de agua colocadas bajo la plataforma donde transitan.

Más que una obra de teatro, Hombre vertiente es un performance que se conecta directamente con el espectador en el plano sensorial para sumergirse en mundos oníricos. El público puede mojarse, bailar, entrar en contacto con los actores y verse envuelto en el juego lumínico que rebasa el escenario.

El director Pichón Baldinu reconoce como punto de partida desde los ochenta al grupo español La Fura del Baus en sus propuestas de teatro de acción, rompimiento de la cuarta pared, performance y provocación. Con el paso de los años, observamos cómo este director y su compañía: primero La Organización Negra, luego De la Guarda y desde 2004 Ojalá, ha adquirido una personalidad propia, explotando al máximo la movilidad aérea a través de arneses y el cambio de perspectiva (el piso está en la pared), el juego con los elementos, la recreación de mundos fantásticos y evocativos y la sofisticación tecnológica.

En México conocimos a La Organización Negra en 1991 con su espectáculo La tirolesa, que trajo el Festival Cervantino, donde  hombres-araña caminaban por las paredes del edificio de Ferrocarriles de Buenavista como si lo hiciera por las banquetas. Dos años después Diqui James y Pichón Baldinu fundan De La Guarda donde desarrollan espectáculos aéreos, pero finalmente rompen su asociación creativa y cada uno forma su propia compañía: Diqui James con Fuerza bruta, espectáculo que vimos en el 2008, donde los espectadores observaban sobre sus cabezas un piso de plástico en el cual los actores derrapaban y brincaban en el agua. Y Pichón Baldinu funda, con Gabriella Baldini, Ojalá, y en el 2008 los invitan a la Expo Zaragoza en España donde presentan una primera versión de Hombre vertiente, la cual dura apenas 20 minutos pero que fue vista por más de un millón de espectadores. Tiempo después desarrollaron el guión y es el performance que ahora el público mexicano puede disfrutar durante el mes de julio.

Hombre vertiente nos transporta a lugares insospechados. Contemplamos, suspendidos por la mezcla de música electrónica y tribal, de la composición sonora de Gaby Kerpel, imágenes saturadas de agua, agua que emerge como una fuerza brutal hacia todos lados. La iluminación aísla, aparece o desaparece a los hombres vertiente, y las mujeres suspendidas entre telas flotan como en paisaje táctil que con los colores que adquieren: blanco, naranja o azul, cambia nuestra percepción. Vemos también a los actuantes en un laberinto que se abre y se cierra, que crea espacios minúsculos o amplía la lente, como si tuviéramos la capacidad de afocar. También entramos a la pesadilla de los monstruos inflables que montan mujeres guerreras y que junto con el público la convierten en un carnaval. En el epílogo, a través de una voz en off, parece que el hombre se reconcilia consigo y su entorno, y sin muchas profundidades acepta que “No importa mi nombre, importa a qué me
dedico”.