Devastación arqueológica y ambiental: Silvia Garza

La arqueóloga Silvia Garza Tarazona, quien ha investigado en Xochicalco desde hace 28 años, considera inaudito que la minera Esperanza Silver haya obtenido una concesión por 50 años para la “prospección y eventual usufructo de potencial minero” en una extensión de más de 15 mil hectáreas, en las cuales se incluye el subsuelo de esa zona arqueológica.

La investigadora del Centro INAH-Morelos expone su punto de vista sobre el proyecto minero La Esperanza en el número de marzo de En el Volcán. Y en entrevista telefónica con Proceso explica que el problema es que la antigua ciudad prehispánica está dentro de una formación de calizas de lajas, y cuando la minera comience a detonar explosivos para extraer la piedra, las vibraciones llegarán a Xochicalco y “lo más probable es que se nos caigan las cuevas y con ellas el Observatorio”.

El proyecto de la minera está planteado en siete fases. Esperanza V comprende al cerro El Jumil, pero la arqueóloga advierte que lo importante es pararlo definitivamente, porque de lo contrario se irá todo “al cuerno”. En el mismo Jumil hay vestigios como un juego de pelota. Explica además que Xochicalco no se entiende sin el primer sitio:

“El Jumil es un sitio muy importante para el diseño arquitectónico de Xochicalco. El sol sale por El Jumil el primero de noviembre y marca una línea a lo largo de Xochicalco. Esa línea se usó para la traza de Xochicalco, pasa exactamente por en medio de la pirámide de la Serpiente Emplumada y de la Acrópolis. Y está señalado con el monumento El Marcador, mal llamado El Señor de Rojo, que está exactamente en esa línea.”

Además de que al desaparecer El Jumil se afectaría la visual de Xochicalco y su entorno
–pues lo que se vería desde ésta es el hoyo dejado por la minera–, los sitios arqueológicos ahí encontrados son parte de la antigua ciudad. Dice que están las calzadas prehispánicas que conectaban estas zonas, que también desaparecerían con los trabajos de la mina.

Y aunque al momento de delimitar la poligonal de Xochicalco no se incluyeran las otras zonas, explica en su colaboración de En el Volcán:

“Si el Proyecto Xochicalco no ha extendido sus actividades de investigación hacia el cerro del Jumil y sus inmediaciones, ha sido porque no se han resuelto todas las interrogantes planteadas a la zona arqueológica en el núcleo central de Xochicalco. Pero no por ello el INAH no tiene interés científico en los sitios aledaños…”

Garza forma parte del colectivo En el Volcán porque, explica, está preocupada no sólo por el patrimonio arqueológico, sino por la contaminación que dejará la mina en el ambiente y los mantos freáticos. Cuenta que está reuniendo firmas para pedir a Enrique Peña Nieto que las 15 mil hectáreas se hagan parque nacional. Lleva 16 mil firmas y espera reunir 3 millones.

Previene que si las minas de Morelos y de Guerrero avanzan en sus proyectos, ambos estados no podrán más dedicarse a la siembra ni al turismo:

“¿A dónde nos van a mandar a vivir?” –pregunta afligida.

Y considera más grave el caso de Guerrero, pues dice que el narco ni siquiera permite a los arqueólogos ver el estado de los vestigios prehispánicos.

Cuenta que la minera dio una plática a los morelenses para hablar de “las bondades” del proyecto y ofrecieron una mensualidad por 15 años a los dueños de los terrenos, luego “les van a reponer su tierra y van a plantar arbolitos, yo no lo creo”.

Lamenta que prácticamente en toda Latinoamérica el único país que ha dicho no a la minería a cielo abierto haya sido Costa Rica, cuando ni siquiera hay algún beneficio para las naciones. En este sentido afirma que los legisladores, “muy monos”, aprobaron que las mineras den apenas 5% de sus ganancias al país.

E igual que el historiador Felipe Echenique, deplora en su texto la actuación del área de Salvamento:

“La intervención de personal de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH en el sitio del cerro del Jumil para determinar si dicha área en su conjunto podía ser liberada para su explotación, fue errónea. El personal enviado, sin experiencia en la zona y sin interés alguno en la perspectiva regional del sistema de asentamiento, propuso dejar los vestigios más relevantes sin tocar, pero separados entre sí a beneficio de la iniciativa minera.”