Un par de semanas de cine europeo, de ese que no se dedica a copiar o a “homenajear’ a Hollywood”, es como una cura de desintoxicación anti blockbuster. Exceptuando la película inaugural, Cinema Paradiso remasterizada, todo el programa que presenta la Cineteca Nacional, dentro del ciclo Cinema Europa 2013, se compone de cintas de autor; cine que respeta la inteligencia del público, no explota sus emociones gratuitamente y le exige participación; es decir, pensar.
Es cierto que el cine de autor oscila entre la experimentación extrema y el planteamiento duro, político o filosófico, este ciclo es prueba de ello; pero la selección mantiene un buen equilibrio. En un extremo, El pequeño Niño Jesús de Flandes (Bélgica, 2010), una inesperada, por inverosímil y fascinante, parábola sobre el mito fundador del cristianismo navideño actuada por actores no profesionales, con síndrome de Down; en el otro, Wrong Time, Wrong Place (Tiempo y lugar equivocado), documental del danés John Appel sobre la masacre en Noruega; trabajo inquietante porque aborda los hechos no tanto con afán de informar o denunciar, sino desde la perspectiva de la ironía del destino, o la de casualidad.
En medio se encuentran Retrato íntimo (Thèrése Desqueyroux), última cinta del difunto Claude Miller, adaptación de la novela de François Mauriac que ya habrá tiempo de comentar en este espacio; el drama experimental del Joao Canijo, realizador portugués recién descubierto en México; o la comedia del catalán Ventura Pons, Año de gracia. Historias bien contadas, substanciosas, dentro de géneros tradicionales.
Decir cine de autor significa que detrás del trabajo estuvo alguien que controló todos los aspectos de guión, producción y dirección, y que ahora se hace responsable del resultado; así lo ilustra este trabajo de Jonás Trueba, Los ilusos (España, 2013), meta película en la línea que marcaron Fellini y Truffault, cine sobre el hacer cine; género pedante siempre al límite de lo soportable. Pero el joven Trueba, de linaje de cineastas, sorprende por su falta de petulancia en esta película que se va haciendo sola, con un grupo de gente, soñadores todos, que exploran el deseo de hacer cine. El kit completo de la película incluye al director mismo, quien acompaña a la única copia de su cinta por dondequiera que se exhiba, y que seguro no faltará en la Cineteca.
Helena Klotz destaca con su primer largometraje, La edad atómica (L’âge atomique), el viaje iniciático de un par de adolescentes a través de la noche parisina, la discoteca, la calle, el bosque; el logro principal de esta directora es haber creado una atmósfera donde se funden el deseo, la oscuridad y el miedo; sin pose de crítica social, sin sexplotation ni fábulas moralistas, la cinta de Klots explora la poesía, Rimbaud, la violencia; la ternura se amalgama a la crueldad.








