Los indígenas de Chiapas por sí mismos en Berlín

Dos indígenas tzotziles fueron invitados a Berlín para representar a 13 artistas de Chiapas en una exposición llamada Chiapanecos, por la RE: Film, Photography and Documentary Arts Beyond the Western Mainstream. Ambos exponen su rechazo a la mirada de fuera que ha deformado sistemáticamente su cultura, y explican la necesidad de la “auto-representación”. Para ello crearon dos obras: El primero, Ronyk, el cortometraje Con las manos en la tierra, y la segunda, María Sántiz Gómez, la serie fotográfica Creencias.

 

BERLIN.- Don Ciro mira a la cámara. La imagen en primer plano muestra a un hombre mayor con rasgos indígenas, piel morena y mirada transparente. Con un español apenas entendible, don Ciro habla sobre uno de los valores más sagrados en su vida: el trabajo.

Narra cómo desde jovencito salir a trabajar al campo era lo que más feliz lo hacía y cómo, con los años, heredó tal gusto y pasión a sus hijos. La palabra trabajo y amor a la tierra salen una y otra vez por su boca.

Sin dejar el primer plano, la toma tiene como fondo una humilde casa de adobe con muchas plantas y la hamaca en la que don Ciro reposa durante la charla. Su mujer, ya difunta, es el otro gran tema de conversación. El indígena zoque resalta como un logro haberse casado y haber formado una familia, a la cual sacó adelante con su trabajo. Enfatiza la importancia del compañerismo en el matrimonio y la valiosa ayuda de su mujer durante toda su vida.

Después, la lente conduce a los campos que durante años don Ciro ha trabajado. Al ras de suelo la cámara sigue velozmente el ágil andar entre milpas y matorrales de este hombre. Es entonces cuando el espectador se da cuenta de que las piernas de don Ciro son distintas. Sin fuerza en ellas –lo que genera que se desplace literalmente a la altura del suelo– el hombre utiliza el poder de sus brazos para desplazarse. Con habilidad emplea como soporte e impulso a sus pies.

El cortometraje Con las manos en la tierra llega a su fin. Un estruendo de aplausos explota en la sala de proyecciones en la galería de la Fundación de Artistas Poll en Berlín, cuyos asientos no fueron suficientes para la nutrida asistencia. Entonces el director del cortometraje, Ronyk, alias Enrique Hernández, se planta en el escenario y con una sonrisa tímida agradece los aplausos.

“En primer lugar me gustaría decir que me siento muy apenado porque don Ciro no ha visto el video todavía y le prometí que lo vería antes que nadie. Y hoy estamos aquí y eso me hace sentir muy mal», dice emocionado el joven director nacido en Yaalhicin, municipio de San Juan Chamula, Chiapas.

“Don Ciro es zoque y dentro de su comunidad es muy importante el concepto del moka jaya u ‘hombre completo’. Y un hombre completo es aquel que trabaja la tierra, que vive del maíz, que tiene hijos y éstos a su vez tienen hijos y cuya forma de vivir y trabajar es en conexión con la tierra. A través de él es que quise mostrar los valores del trabajo y darle fuerza a este concepto del moka jaya, él lo es pese a su discapacidad”, explica emocionado al público.

Ronyk es un joven artista tzotzil que junto con la fotógrafa María Sántiz Gómez, también tzotzil, llegó a Berlín con el respaldo de la iniciativa RE: Film, Photography and Documentary Arts Beyond the Western Mainstream, para representar a un grupo de 13 artistas indígenas originarios de Chiapas que presentan en la capital alemana su trabajo fotográfico y fílmico que se exhibe en la exposición Chiapaneco.

RE: es una iniciativa alemana-estadunidense que busca resaltar y promover el trabajo fotográfico, fílmico y documental de grupos indígenas y locales de diversas regiones del mundo fuera de la visión occidental. Chiapaneco es el segundo de los tres proyectos que este año impulsa la iniciativa. Primero lo fue Juan Orrantia, un trabajo fílmico, fotográfico y de instalación realizado en Colombia y Mozambique, y el tercero será la serie fotográfica de Florence Aigner en su camino de Bélgica a Vietnam.

 

“Creencias”

 

En la primera fotografía reposa un sombrero que utilizan los hombres del campo, al lado de una fogata. El pie de foto sentencia: “Dicen que es malo soplar fuego con sombrero porque al dueño del sombrero le puede doler la cabeza o siente mareo”.

La siguiente imagen es de un tronco de árbol con una piedra a su lado. “Dicen que es malo sentar a los niños en un tronco o en una piedra. Si así lo hacen, se volverán muy haraganes. Igual como el tronco y la piedra, que no se mueven”.

Después, una foto de un jarrito de barro junto a otro de bule sobre el piso de tierra justo frente  a la puerta de entrada de una casa: “Para que regrese a casa un perro perdido se le asienta un jarrito de barro en medio de la puerta, se le pega a la boca del jarrito, se le dice tres veces el nombre del perro: ¡Ven, aquí está tu casa! Dicen que el perro regresará al día siguiente o al tercer día”, se lee.

Las imágenes forman parte de la serie fotográfica Creencias de María Sántiz Gómez. El trabajo de esta indígena tzotzil, originaria del paraje Crustón, municipio de San Juan Chamula, Chiapas, ya recorrió España, Francia, China y Alemania. Para ella, sin embargo, es el primer viaje fuera de su pueblo.

Desde muy jovencita, cuando el destino la llevó a mediados de los noventa a la Casa del Escritor, en San Cristóbal de las Casas, Maruch (como le gusta que le digan) quedó fascinada por el proceso químico de la fotografía. Tiempo después comenzó un proyecto de investigación sobre las creencias de su pueblo.

“Originalmente, la investigación no incluía fotografía. Pensaba sólo en recopilar en un libro las frases y rescatar así la sabiduría de los viejos porque hoy en día los jóvenes ya no respetan las creencias de los antepasados. Pero a medida que investigaba decidí incorporar la fotografía”, explica en entrevista con Proceso.

Fue así como surgió Creencias, una serie de más de 100 fotografías en blanco y negro y a color que buscan rescatar la tradición oral tzotzil y que desde el año 2000 ha recorrido galerías en Asia y Europa.

 

Auto-representación

 

Y de lo que justamente trata Chiapaneco es de mostrar la visión de los pueblos desde los pueblos mismos.

“La exposición busca dignificar a los pueblos y fomentar que ellos den la versión de sí mismos, de lo que son, y no lo hagan los de fuera. Ha sucedido que siempre llegan periodistas, artistas, fotógrafos y demás de fuera y presentan a estos pueblos desde su punto de vista occidental: ya sea como algo folclórico o como las eternas víctimas”, explica en entrevista Thomas John, curador de la exposición.

Así, lo que RE: hace es otorgar el espacio a estos artistas y fomentar con ello la denominada «auto-representación».

“Este trabajo es valioso porque hablamos de la primera generación de artistas que hacen esto. Son trabajos que representan identidades contemporáneas y que las establecen y afirman con sus trabajos”, señala el investigador alemán.

Además de su trabajo como documentalista, Ronyk también es fotógrafo y músico. En el centro de su serie fotográfica expuesta en Chiapaneco resalta en español, alemán e inglés el mensaje que quiere hacer llegar:

“No quiero ser un artista indígena. Y te digo que no lo soy. No quiero ser este pinche artista indígena. El tipo pobre-amable-indio-artista. Para ese caso, simplemente podría exhibirme con una lanza, tatuajes en la cara y un pinche clavo en la nariz. Tengo trabajos que no se consideran como arte indígena. Son animaciones, algo que no se imagina que haya sido hecho por alguien de mi pueblo. Trabajos que no tienen nada que ver con iconografía maya, ni con el concepto indígena, ni con ningún asunto indígena. El término indígena está muy cabrón desde la perspectiva de la discriminación aquí en Chiapas y no sé si hay ese fenómeno en otras partes del mundo.”

En entrevista, el joven tzotzil explica el fondo de su mensaje: ir en contra de las etiquetas, sobre todo de aquellas que van de la mano con prejuicios como lo es el concepto de indígena.

“En nuestras lenguas no existe el concepto indígena. Ese lo inventaron los occidentales. Y está bien, en algunas situaciones concretas funciona, pero personalmente yo no lo utilizo para referirme a mí mismo pues ni siquiera sé quién lo impuso y siempre tiene una connotación de menosprecio”, dice.

Ronyk apuesta en cambio por el concepto de la auto-representación:

“Hasta acá (Chiapas) llega siempre gente de fuera a representarnos y aunque seguramente muchos lo hacen con buena intención no siempre lo logran correctamente. Trabajos como la película Chamula, tierra de sangre o esa tan famosa de Apocalipto, están llenas de imprecisiones y errores”, explica.

“Esa producción de Mel Gibson plantea, en el contexto del levantamiento de los mayas, a un pueblo dormido y lento. Don Ciro, el protagonista de mi corto, se levanta cada día a las 4:30 de la mañana a trabajar como mucha gente. Así que esa representación me enojó mucho. No somos pueblos haraganes. Esa película creó un deseo en mi de trabajar en la auto-representación de nosotros mismos”, dice.