MADRID.- En Barcelona hay periodistas que recuerdan la frase de Marta Ferrusola cuando en 2003 su esposo, Jordi Pujol i Soley, sufrió el revés en las elecciones regionales que le obligó a dejar la presidencia de la Generalitat de Cataluña. Decía, indignada: “Ganamos las elecciones pero nos robaron el gobierno. Es como si entran en tu casa y te encuentras los armarios revueltos porque te lo han robado todo”.
Esa declaración da una idea del poder patrimonialista que los Pujol ejercen sobre Cataluña, donde el patriarca de la familia gobernó de 1980 a 2003. Durante esos 23 años cualquier información o comentario acerca de los contratos y las numerosas relaciones empresariales de sus hijos al amparo o influencia de su poder los consideraba como “un ataque a Cataluña”.
El director del semanario El Triangle, Jaume Rexach, recuerda que Pujol padre “permaneció muchos años al frente de la banca catalana”, desde donde tejió vínculos empresariales y con el régimen franquista. “Gracias a la fuerza que le daba esa posición decidió saltar a la política”, apunta.
Y agrega: “Esa es una parte de la biografía de Pujol i Soley que con frecuencia se olvida: No puede entenderse a Pujol sin su grupo bancario. Ni comprender por qué después, en la política, preservó el poder en seis elecciones, durante 23 años”. Para lograrlo, detalla, se basó en el modelo de la Italia de Berlusconi o de la Francia de Sarkozy, con un dominio muy claro de los medios de comunicación. Al crear la televisión y la radio públicas en Cataluña, contó con éstas para mantener a una opinión pública favorable a su causa. En su largo mandato también subvencionó a los medios privados.
Coautor del libro Las mil caras de Jordi Pujol, Reixach comenta en entrevista con Proceso que en esos 23 años de gobierno “Pujol y su entorno crearon círculos de corrupción inamovibles, máxime si es un hombre que desde la banca está acostumbrado a hacer negocios, pues ese espíritu de los negocios los traslada a la esfera pública”.
El Triangle ha realizado una de las más exhaustivas coberturas de las pesquisas en torno a los hijos de Pujol. Acerca de estos casos, Reixach sostiene que “la esposa y sus siete hijos hacen grandes negocios y, obviamente, viven en ese caldo de cultivo del poder único en la región, logrando mantener un silencio mediático por años”.
Durante el gobierno de Felipe González, el fiscal general del Estado Eligio Hernández, señaló que de los negocios de los Pujol “emanaban aromas de corrupción”. En enero pasado el diario El País rescató esta frase en un reportaje sobre los escándalos de la “primera familia de Cataluña”.
Hoy, el poder parece desmoronarse: la Audiencia Nacional instruyó una causa penal contra el “heredero” Jordi Pujol Ferrusola por presunto cobro de sobornos y blanqueo de capitales. El junior llevó parte de su gran capital a México en 2003, cuando su padre perdió el poder. La prensa catalana asegura que esa fortuna ha ido regresando al territorio catalán desde que Artur Mas retomó el poder, en noviembre de 2010.
El otro hijo, Oriol Pujol, diputado por Convergencia i Unió (CiU) en el Parlamento Catalán está imputado por tráfico de influencias en el caso ITV, que consistió en amañar los contratos en las estaciones de Inspección Técnica Vehicular de esa región.
Al respecto, Reixach plantea que la visión patrimonialista del poder que se les inculcó a los vástagos de esa familia hizo que crecieran “en la lógica de los negocios para beneficio propio, de los amigos y los conocidos”.
Sostiene que el caso del primogénito “es de lo más salvaje porque hizo negocios con la administración: ‘si te interesa esta carretera, paga’, ‘si te interesa esa obra, paga’”.
Considera que su caso fue sintomático. “Cuando decide irse a México no va como el empresario que construyó un grupo inversor de España que busca su expansión a México, sino que sale huyendo en la medida que su padre pierde el poder. Es claro que todos los empresarios o constructores que le han pagado durante años ‘la mordida’ llegan a reclamarle. Era evidente que no podía continuar con este tipo de asalto a mano armada y pone tierra de por medio yéndose a México”.
Parentela mexicana
Durante su gestión, Pujol i Soley nunca fue imputado, pese a que se ventilaron públicamente acusaciones por beneficiar con adjudicaciones públicas a las empresas de sus hijos o en las que trabajaban.
La oposición socialista denunció a la arquitecta Marta Pujol por recibir un trato favorable de la Generalitat mientras su padre estuvo al frente del gobierno. Su estudio consiguió media docena de encargos de obra pública. Las denuncias nunca fueron solventadas.
Es precisamente con Marta con quien la familia Pujol estableció los primeros lazos de unión con México, cuando ella se casó con el arquitecto mexicano José María Esperalba, de Jalisco, cuya familia tiene raíces en Mataró (Barcelona).
Pero no es la única. En febrero de 2012, la familia Pujol celebró en la Ciudad de México el matrimonio civil de Mercé, hija de Jordi junior, quien se casó con Ignacio García de Quevedo, hijo del magnate Xavier García de Quevedo, accionista del Grupo México que encabeza Jorge Larrea.
El grupo empresarial del consuegro del hoy investigado Pujol Ferrusola creció al amparo del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando el Grupo México adquirió los ramos estatales de minería y ferrocarriles.
Según el portal de Grupo México, Xavier García Quevedo ocupa la presidencia de Minera México y es presidente ejecutivo de Southern Copper Minera México, así como director general de operaciones.
También está al frente de Americas Mining Corporation y en el pasado fue presidente de Grupo Ferroviario Mexicano y de Ferrocarril Mexicano, así como ejecutivo de Condumex.








