Auschwitz

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El escritor italiano Primo Levi (1919-1987) fue uno de los sobrevivientes de Auschwitz. En 1943, ante la imposibilidad de trabajar por ser judío, se unió a la resistencia y en un enfrentamiento con los fascistas lo capturaron y enviaron al campo de concentración. Luego de 11 meses los alemanes abandonaron la prisión y Levi regresó a Turín. Sin embargo, sufrió múltiples vejaciones y logró sobrevivir gracias a su especialidad en química, que le permitió trabajar en el laboratorio del lugar y protegerse del frío invernal. La ofensa sufrida y los ultrajes que vio lo decidieron a denunciar el oprobio, porque “ha sucedido y por consiguiente puede volver a suceder; esto es la esencia de lo que tenemos que decir”.

También debido a que, con el paso de los años, se pretendió negar el genocidio y resurgió el fascismo.

Así escribió tres testimonios que aparecen en La trilogía de Auschwitz (Ed. Oceano/El Aleph; Barcelona, 2013. 652 pp.): “Si esto es un hombre” trata sobre las torturas, humillaciones, hambres, enfermedades que sufrieron los prisioneros, entre ellos el autor hasta su liberación. El segundo relato, “La tregua”, narra lo sucedido después  de la guerra y la persistencia del miedo y la desconfianza entre la gente, así como el resurgimiento de la intransigencia. “Los hundidos y salvados” son un conjunto de ensayos, en donde Levi analiza los campos de concentración como lugares en donde, a través de la violencia y el terror, se impone un orden que extiende la perversión entre los hombres. La trilogía de Auschwitz es un libro imprescindible para entender el horror nazi.   l

 

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En 1940 el ornitólogo Günther Niethammer, miembro de la SS, fue designado guardia en Auschwitz. La diversidad de aves que contempló lo llevó a solicitar al comandante del campo Rudolf Höss permiso para realizar una investigación sobre ellas, que años después publicó. Sobre este hecho Arno Surminski escribe la novela Los pájaros de Auschwitz (Ed. Salamandra; Barcelona, 2013. 186 pp), en donde cambia el nombre del protagonista por Hans Grote e incluye a un prisionero polaco, Marek Rogalski, como ayudante, por su destreza para dibujar pájaros.

La novela trata de la difícil relación que se da entre los dos hombres y muestra sus posiciones: la del centinela, rígida y desdeñosa del horror que sucede en el campo, y la del cautivo que, a través de la contemplación de las aves, concibe la libertad como una condición natural. La ficción es interesante, pero le falta intensidad porque Surminski contiene la narración y evita tratar las barbaridades cometidas. No hay una denuncia clara y valiente, como la realizada por Primo Levi, Imre Kertész, Jorge Semprún y Victor Frankl, entre otros.