Pensión alimenticia y responsabilidad pública

El 7 de junio salió de Santa Martha Acatitla la expareja y madre de dos hijos de Góngora Pimentel. Diez días después, el ministro en retiro de la Suprema Corte interpuso un recurso de apelación para que se revoque tal libertad. Así,  parece que Góngora sigue la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque. Lo único bueno de que siga el pleito es que falta todavía investigar  a fondo las redes de influyentismo corrupto y de complacencia machista (también de algunas mujeres) que usó Góngora para reducirle la pensión a sus hijos y mandar a la cárcel a su examante. Es necesario aclarar el papel del magistrado González Alcántara y la juez penal Nelly Ivonne Cortés. Ojalá Carmen Aristegui, quien exhibió al exministro, le siga también la pista a ellos y a los demás involucrados.

El escándalo se ha politizado, pero no para reflexionar sobre las dificultades y complicaciones que se dan en torno al apoyo económico que los padres deben otorgar a sus hijos, sino para golpear a la izquierda lopezobradorista, que tenía en el exministro una figura pública que la apoyaba. Mucho hay que comentar sobre el oscuro y sospechoso entramado judicial que lo apoyó en su ruin iniciativa de rebajar la pensión a sus hijos autistas porque pertenecen a otra clase social. A mí me intriga qué ocurre para que un hombre como él se resista a pagar el 35% de su  ingreso de ministro en retiro (supuestamente 350 mil pesos al mes) para la atención de dos hijos con autismo. ¿Será que no quiere a esos hijos, o  que los tuvo sin desearlos?

Esa pregunta me remite al deseo de ser madre y de ser padre. Se dice que para la gran mayoría de las mujeres la maternidad es un fin en sí mismo, mientras que para muchos padres la paternidad es una derivación de la relación con una mujer que desea ser madre. Algo ha de haber de cierto. Lo que es seguro es que una posible consecuencia de la relación sexual entre una mujer y un hombre es un embarazo, y éste  puede ser no deseado por alguna de las partes. Respecto de las mujeres que quieren abortar, he escuchado infinidad de veces: “Ya le dieron vuelo a la hilacha, ¡que paguen las consecuencias!”. ¡Pero los hombres también quieren darle vuelo a la hilacha y no asumir las consecuencias!

Me sorprenden las lamentaciones de algunos hombres de cómo las mujeres se embarazan sin su consentimiento y luego los obligan a pagar económicamente parte de la crianza, para asegurarse así una vida cómoda. Ante el victimismo de quienes se sienten engañados cuando preñan a una mujer y ésta prosigue con el embarazo, hay que señalarles que ya es hora de que los varones empiecen a usar anticonceptivos masculinos. ¡Así, ninguna mujer se aprovechará de ellos! Antes no había necesidad de anticonceptivos para hombres por la facilidad con la cual éstos evitaban asumir la paternidad. ¡Cuántas mujeres han sido abandonadas al comunicarle a su pareja que han quedado embarazadas! Pero hoy la prueba de ADN ha modificado en parte la evasión de la responsabilidad genitora, aunque exigirla requiere de información y recursos que no todas las mujeres tienen.

Pero por lo pronto, mientras la ley establece obligaciones alimentarias al progenitor,  lo que impera en nuestro país es la gran vulnerabilidad de muchas criaturas que no reciben esa pensión. Hace años, grupos de expertos propusieron que para que la pensión se entregara bien y a tiempo, el Estado  debía asumir un papel más activo, a través de una entidad estatal que se  encargara de adelantar el  pago a la mujer, y se la cobrara posteriormente al padre. Pero el cumplimiento de las pensiones alimenticias no es una prioridad en la agenda nacional, y falta mucho para que  pase a ser un asunto de interés  público. Casi no existe información oficial sobre el déficit de padres que existe, ni sobre el  incumplimiento de sus obligaciones. Hay que investigar el grado de abandono de los padres, en especial cuántos obligados a la  pensión  por orden judicial evaden su deber y cuántos reducen la cantidad, con triquiñuelas o con tráfico de influencias, como hizo Góngora.

El tema de las pensiones abre un horizonte de debate amplísimo sobre la paternidad de los hombres, sobre la irresponsabilidad de muchos de ellos y la infamia de unos cuantos. Tal debate remite al gran tema ausente del pacto y de la agenda política: el cuidado de las personas dependientes. Habrá que seguir hablando al respecto, en lugar de aprovechar el derrumbe de Góngora para llevar agua al molino del anti-lopezobradorismo. Hace unos días el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación envió un mensaje a los integrantes del personal de justicia en el país exhortándolos a tener una conducta irreprochable también en sus vidas privadas. Sí, lo personal es político. Y por más que Góngora revire y quizás llegue a ganar la apelación, lo que ya no tiene vuelta atrás es lo que hizo y lo que dijo. Por eso hay que  presionar para que se finquen responsabilidades a las figuras de la trama  de amiguismo, como el magistrado González Alcántara, quien facilitó la despreciable acción de reducir la pensión que ya había sido fijada, o incluso cuestionar a Édgar Elías Azar, quien anticipó a un periodista lo que la juez iba a resolver días después. Se requiere poner la lupa en todo lo que sigue.