Activistas, expulsados de su paraíso

De la noche a la mañana, el ayuntamiento de Guadalajara ordenó que la policía impidiera el uso del Parque Revolución a los grupos que ahí acuden a divertirse, a practicar deportes y, sobre todo, a manifestar sus opiniones políticas. Entre estos últimos los principales afectados son los colectivos Bordamos por la Paz y #YoSoy132, los cuales denuncian que el supuesto remozamiento de las áreas verdes oculta la verdadera intención del alcalde Ramiro Hernández: dispersar la protesta social.

Con el pretexto de remodelar las áreas verdes, el ayuntamiento de Guadalajara pretende sacar del Parque Revolución a todos los grupos que lo convirtieron en centro de convivencia, intercambio de ideas y  organización contra los actos de gobierno que consideran injustos.

Los trabajos comenzaron en marzo pasado sin previo aviso. A principios de mayo, policías guardabosques comenzaron a levantar a toda aquella persona que se sentara o acostara en el pasto.

El secretario de Medio Ambiente y Ecología Municipal, Juan Carlos Vázquez Becerra, confirmó la prohibición de utilizar el área y mandó sembrar plantas ornamentales en los espacios donde los jóvenes practicaban disciplinas como capoeira, parkour (desplazamiento acrobático) y slackline (equilibrio sobre cuerda).

Como las declaraciones de Vázquez Becerra causaron preocupación, el presidente municipal de Guadalajara, Ramiro Hernández García, anunció que invertiría 10 millones de pesos para remozar el lugar, pero el ayuntamiento terminó por admitir que no tiene el dinero ni ha presentado el plan de intervención del Parque Revolución, conocido también como el “parque rojo” por el color del están pintadas sus bancas y maceteros.

De cualquier forma, los trabajos coinciden con el primer aniversario del movimiento #YoSoy132 y el colectivo Bordamos por la Paz, dos de las principales organizaciones que ahí realizan actividades recreativas, informativas y de reflexión sobre política local y nacional.

El año pasado los estudiantes de  #YoSoy132 organizaron en este parque sus marchas multitudinarias contra Enrique Peña Nieto, entonces candidato a la Presidencia de la República, y el colectivo Bordamos por la Paz surgió en el mismo sitio a iniciativa de un grupo de mujeres que decidieron no cruzarse de brazos ante los miles de muertos que arrojaba la guerra contra el narcotráfico emprendida por el régimen de Felipe Calderón.

Teresa Sordo, promotora de Bordamos por la Paz, explica que ella y otras compañeras retomaron la idea del colectivo Fuentes Rojas, que comenzó a bordar en la calle Madero, del Centro Histórico, y en el centro de la delegación Coyoacán, en la Ciudad de México.

La agrupación tapatía se reúne los domingos en el ala sur del parque Revolución a las 11 de la mañana. Al llegar, sus integrantes atan cordones a los árboles para colgar los pañuelos que bordaron en la semana con los nombres extraídos del blog Menos Días Aquí, proyecto colectivo para contar las muertes por violencia en México.

También consultan la nota roja que publican los diarios de la ciudad e información que sube la gente a páginas de Face­book. Esta labor la realizan voluntarios en sus ratos libres.

“En los últimos meses –señala la activista– nos ha costado mucho trabajo encontrar (quien busque los nombres); cuando me toca ser voluntaria he tenido que recurrir a páginas del Facebook, por ejemplo. Sé que manejan información confiable, aunque no es precisamente un medio informativo, y entonces transcribo a los pañuelos”.

Recientemente se sumó al grupo Yademira López Barragán, la viuda de Alejandro Gómez Guerra, el ciclista que fue baleado el pasado 12 de abril en el bosque El Centinela.

Las organizaciones afectadas por la prohibición de utilizar el parque se reunieron la tarde del 7 de mayo para discutir la medida. Confirmaron su asistencia Femibici, GDL en Bici, Grupo Camaleones, Metropolitano en Bici y Vigilantes Verdes, así como colonos de la zona, usuarios frecuentes y la regidora Candelaria Ochoa Ávalos, de Movimiento Ciudadano (MC).

Teresa Sordo cuenta que el encuentro fue interrumpido por la llegada de cinco patrullas repletas de policías antimotines. Uno de ellos les notificó a los presentes que tenía la orden de desalojar a todos los inconformes porque iban a llevar a cabo una “manifestación violenta”.

A decir de la activista, la presencia de la regidora del MC influyó para que los uniformados no dispersaran a los asistentes. La propia Ochoa Ávalos relata que se identificó ante el responsable del operativo pero éste le preguntó en qué dependencia trabajaba, pero después se ofreció para mediar entre ella y el presidente municipal.

Desde el último domingo de marzo de 2012, cuando surgió Bordamos por la Paz, el colectivo ha elaborado aproximadamente mil pañuelos y se le han incorporado personas que originalmente iban a descansar o a divertirse.

Al principio las propias integrantes del grupo compraban el material, pero ahora la gente les dona pañuelos, aros, agujas e hilos. “Muchas personas no se quedan a bordar, pero nos piden cinco o 10 pañuelos para llevarlos a su casa, al trabajo o la escuela, y allá están bordando”, comenta Sordo.

Trazan los nombres de los asesinados con hilo rojo, los desaparecidos van en verde y las víctimas de feminicidio en rosa o morado. Recuerda que al principio se instalaron en el andador de la esquina de Juárez y Federalismo, pero los responsables de la Vía Recreactiva les pidieron que buscaran otro espacio porque ahí obstruían la circulación.

Ahora que el ayuntamiento remoza el parque, se les advirtió a las activistas que deberán mudarse de nuevo. Pero la promotora entrevistada afirma: “Nuestro lugar no es negociable ni está a discusión”.

Una de sus razones para no moverse es que la gente ya las ubica en el parque y eso es importante para trasmitir su mensaje. Sordo señala que, en efecto, la actividad de Bordamos por la Paz no es recreativa, pero está fundada en valores. Recuerda que al asistir a un programa de radio a exponer sus demandas, un radioescucha le pidió que se retirara porque lo suyo le parecía “como la nota roja y que no era familiar”.

La promotora respondió: “Todo esto tiene que ver con la familia y por eso estamos ahí. Los asesinos salieron de una familia y las víctimas salieron de una familia; no podemos negar la realidad, y entiendo que haya gente que no la quiere ver, pero es la verdad (…) No estamos vendiendo la revista ¡Alarma!, está presentado de forma que te lleve al hogar, que sea sobre un pañuelo, que esté bordado y que te recuerda a tu abuela o a tú mamá”.

Sin consultar

 

El 17 de mayo las organizaciones inconformes se reunieron con el jefe de la Oficina de la Presidencia Municipal de Guadalajara, Ismael Orozco Loreto, para dialogar. Sólo que mientras los activistas expusieron sus propuestas, la autoridad sigue sin revelar el proyecto de remozamiento.

Días antes del encuentro, Orozco Loreto afirmó en entrevista con este semanario que nunca pretendieron limitar las acciones de los grupos sociales, sino reforzar la dinámica del parque y mejorarlo visualmente para todos los usuarios.

Reconoce que el primer “acercamiento” con las organizaciones civiles fue ríspido: “Hubo una comunicación deficiente, a final de cuentas los gobiernos debemos reconocer que quisimos hacer algo positivo, pero nos faltó tomar en cuenta otras cuestiones”. No obstante, dice, el de Guadalajara es un gobierno cercano a la gente y suspendió la rehabilitación del parque para escuchar opiniones.

Las intervenciones de Orozco Loreto como jefe de asesores del anterior presidente municipal de Zapopan, el priista Héctor Vielma Ordóñez, no siempre alanzaron para resolver los conflictos.

Representantes de los pueblos de la barranca del río Santiago sostienen que Orozco Loreto sólo aparentaba atenderlos cuando iban a la alcaldía a exigir que Vielma cumpliera el convenio para resarcirles los daños por la contaminación que genera el vertedero Picachos, que administra el municipio.

Por lo pronto, en el ala norte del parque las nuevas plantas ornamentales y una cerca impiden que los jóvenes practiquen slackline.

Los enemigos: activistas y parejas

 

En opinión de Teresa Sordo, las autoridades municipales tienen una percepción errónea sobre los grupos que utilizan el parque. A Bordamos por la Paz, dice, la ven como un recordatorio de la violencia y no como un esfuerzo de preservar la memoria de las víctimas. Entre los mil pretextos para retirarlas del parque, la gente del ayuntamiento le llegó a insinuar que en realidad se quiere desterrar a las parejas gay que muestran cariño.

“Qué afortunados son los que tienen a quien besar ahorita, la verdad esto está del carajo. La violencia está tremenda, los medios venden sangre y publican a los que acuchillaron. ¿Y que se besen no es noticia?”,  cuestiona la activista.

A su vez, Laura Paterson, integrante de #YoSoy132, relata que el pasado 11 de mayo unos 15 estudiantes conmemoraban en el parque su primer aniversario y dos guardabosques llegaron a levantarlos del pasto, aunque el ayuntamiento ya había anunciado la suspensión de esa medida. “Queremos tener la libertad para usar las áreas públicas”, exige.

Teresa Sordo se pregunta por qué el ayuntamiento decidió “remozar” las áreas verdes cuando la principal demanda en el parque es la presencia de más elementos policiacos y el encendido de luminarias. Recuerda que durante los Juegos Panamericanos de 2011 el municipio abrió un módulo de seguridad, pero lo cerró 15 días después de finalizar el certamen.

Indica, como ejemplo, que sobre la calle de Pedro Moreno hay desorden vial porque la Secretaría de Movilidad y el ayuntamiento toleran una terminal de microbuses, mientras que del lado de López Cotilla operan lavacoches que a veces inhalan enervantes a la vista de todo el público, y la autoridad no ha hecho nada pese a que se han denunciado asaltos a transeúntes.

En enero del 2011 Thalía Zepeda Ponce, estudiante de la maestría en desarrollo local y territorio de la Universidad de Guadalajara, presentó su tesis Los usos de un espacio público, el Parque Revolución. En ella expone que dicho espacio público es fundamental en la construcción de identidades urbanas por su alto contenido simbólico.

Detalla que por el lado de Federalismo y López Cotilla se encuentra una escultura de los hermanos Flores Magón, que ha servido como punto de referencia para las tribus punk y emo, así como sindicatos independientes que marchan cada año para conmemorar el Día del Trabajo. Precisa que el propio nombre de “Revolución” invita a la ruptura con las normas establecidas.

“Es un escenario para la política formal, pero también es un escenario para la política ciudadana, para la política más libre, la libre manifestación”, subraya Zepeda Ponce.