Pablo Trapero es uno de los máximos exponentes del cine argentino y dirigió al aclamado cineasta y músico serbio Emir Kusturica para el largometraje 7 días en La Habana, que se estrena en la cartelera cinematográfica de México.
7 días en La Habana está dividida en igual número de cortos de diferentes realizadores. El objetivo de los directores es captar la energía y la vitalidad que hacen de La Habana, Cuba, una ciudad única. Cada capítulo muestra la vida cotidiana de distintos personajes durante un día de la semana. Así van los relatos:
Lunes es El Yuma, de Benicio del Toro; martes, Jam session, de Trapero; miércoles, La tentación de Cecilia, de Julio Medem; Jueves, Diary of a beginner, de Elia Suleiman; viernes, Ritual, de Gaspar Noé; sábado, Dulce amargo, de Juan Carlos Tabío, y domingo, La fuente, de Laurent Cantet. Produjeron el filme Full House y Morena Films en colaboración con Havana Club Internacional, y hace un año estrenó justo durante el Festival de Cine de Cannes.
Jam session es la primera película de Trapero rodada fuera de Argentina y está basada en un cuento homónimo del cubano Leonardo Padura (quien coordinó los guiones de 7 días en La Habana). En la historia, Emir Kusturica va a Cuba a recibir un premio; pero atraviesa por una crisis emocional y encontrará a un amigo inesperado: su chofer en La Habana, que también es un trompetista.
–¿Qué sintió dirigir a Kusturica? –se le pregunta a Trapero, nacido el 4 de octubre de 1971 en San Justo.
–Fue una experiencia alucinante y también un privilegio. Como muchos, soy admirador de Emir desde la época de la escuela de cine, porque cuenta con una filmografía impresionante y es de una personalidad muy fuerte. Había como el mito, bueno, digamos que anécdotas sobre su humor y temperamento, me comentaban que iba a ser muy difícil dirigirlo, que capaz y se iba a la mitad del rodaje, había como toda una leyenda, y fue lo contrario: superrespetuoso, estuvo muy cerca del proyecto y fue muy generoso también en cuanto a la manera de acercarse al personaje. El guión lo escribí, con otros compañeros, mucho antes de pensar en llamar a Emir.
“Aunque el personaje se llama como él, es bastante diferente al Kusturica real. Fue lo primero que le dije a Emir cuando hablamos por teléfono varios meses antes de ir a filmar en La Habana, que íbamos a jugar a construir un Kusturica, y en ese sentido fue muy bondadoso. Aprendí mucho en el proceso y me sentí favorecido por compartir con él no sólo el rodaje, sino esos días en La Habana.”
Cuando a Trapero (El bonaerense, Carancho y Elefante blanco) lo invitaron a crear el corto, enseguida pensó hacerle un homenaje al Festival de Cine de La Habana, donde ha mostrado todas sus cintas. Su experiencia con la capital cubana se remonta a 1999, cuando presentó Mundo grúa, y desde entonces va con regularidad a pasar temporadas en la isla.
–¿Por qué participa en este proyecto?
–Sentí alegría que me convocaran por la relación que tengo con La Habana, además, hay una gota extra que tiene que ver con la relación histórica entre Argentina y Cuba representada justamente en la imagen del Che Guevara. Entonces, automáticamente dije que sí, porque era una oportunidad de devolverle al festival de cine lo que me ha dado cada vez que voy con mis filmes, y cuando supe quiénes eran los otros directores me entusiasmé. Benicio es la primera vez que dirige, pero los otros cuentan con mucha trayectoria, y nos pasamos los guiones. Aunque cada quien dirigió su corto, pude charlar de cine y de nuestros propios cortos.
También se acaba de proyectar en México su largometraje Elefante blanco, el cual fue un éxito en Argentina:
“El año pasado y lo que va de éste, han sido lindos e intensos. Estas dos películas empezaron su camino en Cannes 2012 la misma semana y se fueron estrenando a veces simultáneamente en otros países. Por ello, me siento privilegiado al vivir esto, no siempre se estrenan las películas y menos un año después en otros países, regularmente tardan como tres. Me da alegría que casi se hayan juntado aquí en México.”
–El tema en Elefante blanco habla del narcotráfico y la pobreza extrema en Argentina, ¿cómo fueron vistos esos temas que abordó en su país?
–En mi país, elefante blanco se le dice a una persona en tu familia que tiene una enfermedad terminal y que nadie quiere ver para no verlo morir, o se le llama así a un problema equis que no se quiere reconocer, porque da mucha vergüenza; entonces, siempre es más fácil ver los problemas en otros países, en otras sociedades, y es más difícil verlos al lado de tu casa.
“Cuando estrenamos Elefante blanco había gente en Argentina que miraba por primera vez una villa pobre y que se hablara del narcotráfico, bueno, es verdad que es relativamente nuevo hablar justamente de esta droga conocida como crack. La ficción permitió que la gente se animara a mirar el problema. En otros lados hay estos edificios también llamados elefantes blancos, como en Ecuador, en fin, donde radica gente marginada. Eso me sorprendió.”
Pablo Trapero acaba de ser invitado para filmar en la India. Será un largometraje y su título, Seis sospechosos.








