“Halley, un filme hostil, triunfa en el extranjero

Después de su exitoso recorrido en varios festivales internacionales como Sundance, donde AMC/Sundance Channel Global adquirió los derechos VOD (video on demand) en conjunto con Sundance London Film and Music para su exhibición por Europa y Asia en la pantalla chica de paga, Halley, de Sebastián Hofmann se estrena en México.

Contento, el joven cineasta resalta:

“¡Ya está vendida en más de 50 países para tele!”

–Su largometraje se halla en 10 salas desde el 17 de mayo y ha tenido un excelente recorrido en festivales, ¿qué dice al respecto?

–Cuando filmamos Halley nunca esperamos que tuviera tanta exposición en los festivales internacionales. Siempre que uno filma algo desea que a nuestra cinta le vaya bien; pero de verdad nunca pensé que iba a tener distribución comercial. Todo esto ha pasado muy rápido. También desde que filmamos la película, hace un año y medio, ha sido como el efecto de ‘bola de nieve’.

“Creo que es una película diferente, distinta, sobre todo a lo que se rueda en México. Hay una tendencia de realismo social en México, bueno, en toda Latinoamérica; como que el cine latinoamericano tiende a ser político o social, o simplemente muy realista, incluso el cine de Mantarraya, mi productora, usa no actores y retrata una especie de realismo social. No sé si sea a raíz del morbo que por la historia se vea Halley.”

El director puntualiza acerca de su obra:

“Es un retrato del cuerpo humano y de los horrores de una enfermedad que deteriora el cuerpo, y también es un retrato de la soledad.

“Creo que la gente la recibió con los brazos abiertos aunque es un filme un tanto hostil, fuerte, muy gráfico, que confronta al espectador. Siempre he tenido esta inquietud de si yo soy mi cuerpo, si mi cuerpo me pertenece o él me lleva a mí.”

El largometraje narra la vida de Alberto, quien está muerto y ya no puede disimularlo. Su estado de descomposición es cada vez más notable; ni el maquillaje ni el perfume logran esconder las llagas de su cuerpo. Renuncia a su trabajo y luego hace una inusual amistad con Luly, la gerente del gimnasio donde él es guardia nocturno.

–¿Halley también tiene que ver con la moda de las películas de zombies que están reflejando que la sociedad actual está muerta en vida?

–Pues sí… Definitivamente está la cuestión de que a la mejor todos somos zombies. Filmábamos en el Metro a Alberto, quien debía caerse, y de verdad nadie se detuvo a ayudarlo; esa situación no estaba en el guión, resultó ser un experimento social, y dejé correr la cámara, por eso es una toma larga, increíble, y nadie se detuvo.

“Sobre todo en Europa han escrito mucho esa interpretación de que vivimos en una sociedad muerta, que hay una falta de humanidad terrible en la Ciudad de México y en el mundo. Me encanta esa interpretación y no fue intencional. No me planteé crear un filme de crítica social.”

Halley fue apoyada por Eprocine.