Hace 22 años, el 27 de marzo de 1991, Rafael Tovar y de Teresa –actual presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes– sustituyó en la dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) a Víctor Sandoval (Aguascalientes, 31 de octubre 1929-Ciudad de México, 25 de marzo 2013).
Nombrado titular 13 meses antes –en diciembre de 1988–, Sandoval, quien laboraba en el instituto desde los años sesenta, había destacado por su interés en promover tanto la descentralización de la administración gubernamental de la cultura como el mecenazgo artístico a través de concursos.
En el ámbito de las artes visuales, Sandoval fue pionero en la promoción de coinversiones entre la iniciativa privada y el ámbito gubernamental: con base en la proyección cultural de la Feria de San Marcos de Aguascalientes, en 1966 impulsó el financiamiento del Concurso Nacional para Estudiantes de Artes Plásticas y, en 1981, apoyó su transformación en el Encuentro Nacional de Arte Joven. Financiado entre el INBA, el Patronato de la Feria y la Cigarrera La Moderna S.A. de C.V., dicho encuentro funcionó durante la década de los ochenta como un vínculo entre la legitimidad artística institucional y la búsqueda comercial de nuevos creadores. Nombrado y reemplazado como director del INBA durante el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1992), Víctor Sandoval concreta, con su reemplazo, el cambio en el modelo de gestión cultural que impuso el neoliberalismo salinista.
En lo que corresponde al mecenazgo artístico, la promoción basada en concursos gubernamentales se debilitó y, actualmente, el principal evento que sobresale por su solidez y permanencia es la Bienal privada Monterrey FEMSA. Financiada desde su creación en 1992 por la empresa Fomento Económico Mexicano, S.A., la bienal destaca como una posibilidad para difundir y confrontar la pluralidad creativa que se realiza en el ámbito nacional. Abierto a todo tipo de géneros y trayectorias –el único requisito es contar con una exposición individual y dos colectivas–, el certamen se ha convertido en un atractivo escaparate artístico.
Para celebrar su décimo aniversario, la Bienal organizó una muestra que, además de presentar las 120 obras de los 86 artistas seleccionados en 2012, integra una retrospectiva con algunas de las piezas premiadas desde 1992. A diferencia del certamen 2012 que decepciona por la debilidad estética de la mayoría de las propuestas, la antológica destaca por la presencia de piezas que recuerdan importantes hitos creativos del arte mexicano noventero.
Entre ellas, la romántica instalación-objeto con rosas secas de Betsabée Romero –Refugio para un lecho de rosas–, la espléndida instalación de Claudia Fernández con objetos intervenidos pictóricamente con manchas que evocan la visualidad del peltre de color azul –El alimento–, la escultura-cosa en concreto de Gerardo Azcúnaga titulada La Bestia, la instalación en cerámica Trayectos de Miriam Medrez, y el sugerente relieve pictórico en laca automotriz de Diego Toledo.








