Por primera vez se edita un volumen sobre la historia de esta expresión musical de los ochenta: Rupestre, el libro. Como explica su coordinador Jorge Pantoja, se recoge ahí la memoria de un grupo de músicos que “sin otra herramienta que una guitarra de palo, evolucionaría la historia musical de esta jungla de asfalto”. Nacido con el liderazgo de Rockdrigo González, el Profeta del Nopal, los rupestres dieron a conocer el jueves 21 el libro editado por el Conaculta y la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, que se distribuye gratuitamente en el Tianguis de El Chopo.
Pareciera que mucho tiempo ha pasado desde que se escucharon por primera vez rolas como “El rock de los treintañeros” de Carlos Arellano, “El huerto” de Roberto González, “Tocata, fuga y apañón” de Armando Rosas y su Camerata Rupestre, “Mírame desaparecer” de Roberto Ponce, “El cisne” de Rafael Catana o las “Hurbanistorias” del Profeta del Nopal Rockdrigo González.
¿Qué ha pasado con los Rupestres? Para dar respuesta a esa interrogante y documentar el movimiento que nació a principios de los ochenta del siglo XX, con músicos como Eblen Macari, Fausto Arrellín, Alejandro Garza, Nina Galindo, Armando Palomas y Arturo Meza, entre otros, el promotor cultural Jorge Pantoja –creador del Tianguis de El Chopo– se dio a la tarea de coordinar el volumen.
Se trata de una publicación de 159 páginas, coeditado por la Asamblea para la Cultura y la Democracia, AC (con el apoyo de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados), Ediciones Imposible y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en el cual distintos protagonistas del movimiento cultural dan testimonio de su vida, su desarrollo musical, su relación con otros integrantes, y del ambiente político, del pasado y el presente, pues su arte siempre ha estado vinculado a la realidad social.
No hizo falta excavación arqueológica ni remontarse a la prehistoria para documentar –por primera vez en un libro– a estos músicos que “sin más herramienta que una guitarra de madera, evolucionarían la historia musical de esta jungla de asfalto”. Aunque confinados por la cultura oficial y la industria del espectáculo a espacios pequeños y poco publicitados, siguen siendo contemporáneos y están tan vivos como hace casi 30 años.
Y es que además de que muchos de sus integrantes siguen activos –aunque, como los contemporáneos en literatura, los rupestres musicales son en realidad “un grupo sin grupo”–, una nueva generación se ha incorporado, sin contar, como lo señala Ponce al joven Felipe Cabello Zúñiga en entrevista, que “en el caso particular de Rockdrigo su trascendencia es casi patrimonio de las nuevas generaciones de músicos y admiradores”.
También Alejandro de la Garza, Eblen Macari, Rafael Catana, Roberto González, Nina Galindo y Fausto Arrellín sostienen conversaciones con Raúl Silva, Rodrigo de Oyarzábal, Raúl Silva, Liliana García, Félix Morriña y Juan Pablo Proal. Pantoja hace una semblanza de Rodrigo González; Javier Hernández Chelico presenta a Armando Rosas, Carlos Arellano, El Haragán, Armando Palomas, Gerardo Enciso, Arturo Meza e Iván Rosas; y Palomas escribe sobre Sergio García, realizador de Un toke de rock.
En la semioscuridad del Bar Nickel, con un ambiente festivo, aderezado con mezcal y bocadillos, en el cual se extrañó al menos una probadita de su canto rockantrovero, se llevó a cabo el pasado jueves 21 de marzo la primera de tres presentaciones del volumen, con la participación de González, Catana, Ponce, Hernández Chelico y Pantoja, quien habló del propósito del volumen:
“Una primera intención fue documentar casi un mito, la leyenda urbana de este movimiento del rock, porque ha habido muchas versiones encontradas y hasta contradictorias, sueltas, y se ha escrito y se ha dicho mucho de ellos pero nada en conjunto, y quién mejor que ellos para saber quiénes son y dar su versión de los hechos, escuchar la versión original desde cada punto de vista.
“Se ha escrito mucho de Rockdrigo como líder de esta corriente de rock. Se ha corrido mucha tinta sobre él, hay dos libros y muchas cosas, pero del movimiento y de los integrantes no. Creo que era el momento de hacer algo; si no, esto se pierde con el tiempo. También es un mensaje para los chavos, para que los jóvenes se den cuenta de que sumando fuerzas en un movimiento, como un colectivo, se puede ir más lejos que en solitario. Ése es uno de los objetivos.”
Para Pantoja, el movimiento liderado por Rockdrigo –quien falleció en el sismo del 19 de septiembre 1985 al derrumbarse el edificio donde habitaba en la calle de Bruselas, en la Colonia Juárez– incluyó a músicos y compositores quienes, después de la muerte de Rockdrigo ellos siguieron con su carrera:
“Ellos son el eslabón perdido entre la música de protesta y el rock urbano”, dice el coordinador en la contraportada del libro, cuyo tiraje es de 10 mil ejemplares que se distribuyen de manera gratuita todos los sábados en el Tianguis del Chopo, y también a través de la página web www.culturaindependiente.mx .
Recuperar la memoria
El músico Roberto González, a quien consideran uno de los iniciadores del movimiento al haber lanzado el disco Roberto y Jaime. Sesiones con Emilia, junto con Jaime López y Emilia Almazán, ecuánime y directo expresó:
“Este movimiento surgió de seguir ideas y de cómo abordar la realidad. Surgió entre amigos.”
Y aunque para muchos el trabajo que González hizo con López en el colectivo Un Viejo Amor fue determinante para el movimiento, el autor de “El Huerto”, dijo a su vez:
“El trabajo de Roberto Ponce me parece muy representativo, una influencia para mí. (También) el son jarocho, como buen veracruzano, y el blues, pero el blues chilango.”
Precisó además que el libro no abarca a todos los autores e intérpretes, sino que presenta “una muestra representativa de lo que pasaba en las calles de la Ciudad de México, porque hay rupestres anteriores, como León Chávez Texeiro o el Pájaro Alberto”.
Catana añadió al respecto:
“Es una generación vigente: Yo he seguido tocando, Roberto González es el mismo caso, y hay un montón de gente que se debe rescatar en un país sin memoria.”
Y lanzó el reto a quienes escriben sobre música para recuperar, a la manera en que se ha escrito de colectivos de arte como Suma y Proceso-Pentágono, la memoria que “no existe” de los grupos que fueron confinados por el entonces presidente Luis Echeverría a los llamados hoyos funky, luego del escándalo que provocó en los medios oficiales el Festival de Avándaro.
En su turno, Roberto Ponce, quien junto con Nina Galindo formó el dueto Callo y Colmillo, precisó la determinante influencia de Un Viejo Amor y el disco Roberto y Jaime…, y dijo que han sido “de los grupos más padres que he escuchado en toda mi vida”.
Además, leyó un extracto del libro en donde narra la animadversión que Rockdrigo fue tomando tanto contra Catana como contra él. Como muestra, cantó unas líneas de una rola del Profeta del Nopal al primero. Y luego, a capella otras de las que él mismo le dedicó a Rockdrigo, sobre su muerte, para señalar: “Nos distanciamos los últimos tres meses de su vida. No importa. Aquel cariño sincero permanece todavía en mi memoria”.
Redondeó:
“No podemos recordar todo el tiempo lo que fuimos, ahora es el momento y la actualización de la vida, este libro es para seguir adelante, estamos vivos.”
Pantoja anunció que están a la búsqueda de un director que edite el material de las siete entrevistas hechas para el libro, porque todas fueron grabadas, y realizar un documental-musical.








