El caso Allende: dudas persistentes

VALPARAÍSO, CHILE.- Casi 40 años después de las muertes de Salvador Allende y de Pablo Neruda, los sucesos que acabaron con sus vidas, las revelaciones de testigos, informes forenses independientes y la participación de la prensa han permitido que por primera vez la justicia indague las causas de esos fallecimientos.

Mientras el caso Neruda está en desarrollo, la causa que investiga la muerte de Allende –clasificada como Rol número 77-2011– fue “sobreseída total y definitivamente” en una resolución que el ministro instructor Mario Carroza emitió el 25 septiembre de 2012.

Esta determinación se basó fundamentalmente en las conclusiones del informe de la autopsia practicada en mayo de 2011 por un equipo de expertos convocados por el Servicio Médico Legal de Chile (SML), quienes en lo sustancial validaron la versión oficial surgida de la autopsia 2449/73 practicada a Allende por los médicos José Luis Vásquez y Tomás Tobar la noche del 11 de septiembre de 1973 en el pabellón de otorrinolaringología del Hospital Militar.

Allí se sostenía que “la causa de la muerte es una herida a bala cérvico-buco-cráneo-encefálica, con salida de proyectil (…) el disparo corresponde a los llamados ‘de corta distancia’ en medicina legal (… ) el disparo ha podido ser hecho por la propia persona”.

A pesar de estas conclusiones la autopsia de 1973 contenía la descripción de un orificio de salida de bala redondeado. Este detalle, seguramente apuntado por el doctor Tomás Tobar, permitió que muchos años después se pusiera en duda la versión oficial que sostenía que el entonces presidente Allende se suicidó con el fusil AK-47 que le obsequió Fidel Castro.

El informe de esta primera autopsia sólo fue conocido en el año 2000, en ocasión de la publicación del libro La conjura: los mil y un días del golpe, de Mónica González.

 

Informe Ravanal

 

Sin embargo el pasado diciembre la Agrupación Nacional de Ex Prisioneros Políticos de Chile (Anexpp) –una de las partes querellantes del caso Allende– presentó un recurso de reposición ante la Corte de Apelaciones de Santiago con el propósito de que la causa sólo sea sobreseída temporalmente. Esta asociación parte de la convicción de que le resolución del juez se basó en conceptos equívocos.

En dicho recurso –escrito por los abogados Matías Coll y Roberto Celedón– los integrantes de la Anexpp sostienen: “No nos produce plena convicción las conclusiones a las que se arriba en orden a determinar que la muerte fue causada por una acción suicida en la que no habrían intervenido terceros”.

Coll y Celedón recordaron que la causa judicial que se abrió para investigar la muerte de Allende tuvo su origen en el informe pericial elaborado por el médico forense Luis Ravanal, publicado el 8 de septiembre de 2008.

En su metanálisis forense Ravanal determinó que “Allende recibió un impacto de un proyectil, proveniente de un arma de bajo calibre, que entró por la cara en la zona próxima al globo ocular derecho y salió por la zona parietal posterior. Y a los pocos momentos de muerto, para simular un suicidio, se le dio un disparo bajo el mentón” (Proceso 1664).

En los últimos meses connotados expertos internacionales han hecho saber su discrepancia con la definición hecha por el SML y respaldada por Carroza. Entre ellos destacan el doctor John Clark, perito de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, y Hugo Rodríguez, director del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de La República, de Uruguay. Clark hizo llegar un informe con sus observaciones que fue anexado al expediente pero no considerado en sus fundamentos.

Rodríguez dice a Proceso: “Si lo que el informe de autopsia de 1973 describe sobre los hallazgos del cadáver del presidente Allende fuera real, se encontrarían dos patrones lesionales diferentes, de dos tipos de proyectiles: uno de arma de guerra y otro de arma de baja velocidad”.

Ravanal, Clark y Rodríguez forman parte del equipo de forenses de la familia Neruda. En ambos casos su contribución ha sido ad honorem.

 

Suicidio fabricado

 

La autopsia recientemente realizada en el SML no comprobó cuántos disparos atravesaron el cráneo de Allende. El perito balístico David Pryor –uno de los expertos internacionales que trabajó en esta última autopsia– lo reconoce en sus conclusiones: “Si hubo o no un segundo proyectil, ocurrió durante el mismo disparo, siguió con una diferencia de milisegundos una trayectoria similar pero no es posible confirmar o descartar esta posibilidad mediante el examen morfológico del material óseo conservado u otras técnicas de exploración actualmente disponibles”.

Pryor subraya que ni siquiera pudo establecerse la parte exacta en que la bala salió del cerebro de Allende: “Se infiere que el punto de salida se encuentra localizado en el tercio medio del parietal izquierdo”, pero no le fue posible precisarlo debido a que este segmento no fue encontrado.

La pérdida de material óseo se produjo en la desprolija exhumación y traslado de los restos de Allende desde el cementerio Santa Ana de Viña del Mar al cementerio general de Santiago, realizada con ocasión de los funerales oficiales que tuvieron lugar el 4 de septiembre de 1990.

Según relató a Proceso el fotógrafo Pablo Salas en 2011, en ese procedimiento las ropas de Allende fueron arrojadas a la basura.

Entre los peritos que fueron determinantes para que se impusiera la tesis del suicidio figuran el antropólogo forense Francisco Etxeberría –quien redactó las conclusiones del fallo– y el director del SML, Patricio Bustos. Este último fue quien lo dio a conocer a la prensa el 25 de mayo de 2011, antes de entregarlo al juez instructor. Ambos son parte del equipo forense que próximamente examinará los restos de Neruda.

En entrevista con Proceso el médico forense Ravanal señala que Etxeberría llegó a la conclusión señalada “en circunstancias que en su informe ni siquiera pudo señalar cuántas balas atravesaron el cráneo de Allende, debido a la gran cantidad de fragmentos óseos extraviados. Tampoco pudo definir la trayectoria de la o las balas, puesto que no se encontró el único orificio de salida descrito en la autopsia realizada el 11 de septiembre de 1973 en el Hospital Militar”.

“Y sin embargo –agrega Ravanal– participó en la apresurada entrega de un informe oficial que se presentó con resultados categóricos.”

Las opiniones de Etxeberría no sólo se impusieron a la incertidumbre planteada por el balístico Pryor sino a la opinión en sentido contrario expresada por el médico forense Germán Tapia Coppa en informe médico pericial que consta a fojas 347 del expediente Caso Presidente Allende.

Este forense manifestó en su informe que “si en un cadáver se reconoce estallido de cráneo al mismo tiempo que en uno de los fragmentos de la bóveda se evidencia un orificio de salida de proyectil balístico tallado a bisel externo, se debe mencionar que dicho orificio de salida se produce en un momento anterior al estallido de la cavidad”.