En su serie de documentales para televisión acerca de mujeres destacadas de la Revolución Mexicana, Ana Cruz compone personajes con un propósito profundo y una vida interior más rica que lo que la historia alcanza a registrar (Carmen Serdán, Elena Arizméndi). Las sufragistas (México, 2012), combina género didáctico con denuncia política, y muestra cómo ha madurado el talento de la directora para contar historias a partir de un modelo ejemplar.
Eufrosina Cruz Mendoza, ahora presidenta del Congreso de Oxaca, cuenta la historia de su lucha política y de su rebeldía contra el esquema convencional de la mujer; desde el momento en que decide salir de su pueblo para estudiar y alcanzar la universidad, hasta el conflicto que la llevó a buscar el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos cuando fue despojada de su derecho a postularse como presidenta municipal en Santa María Quiegolani, Oaxaca, porque supuestamente atentaba contra la ley de usos y costumbres.
Paralelamente a la épica de Eufrosina Cruz, por medio de material documental de la época, se escudriña la lucha de la mujer mexicana para conquistar y ejercer su derecho a votar y ocupar cargos políticos; el sufragio de la mujer mexicana data de apenas en 1953, muy tarde en relación a otros países del mundo democrático. Se intercalan, también, entrevistas con mujeres historiadoras que explican el proceso; gradualmente, van apareciendo testimonios de mujeres que han accedido a altos cargos políticos, Amalia García, Beatriz Paredes, entre otras, que aunque se cuentan con los dedos de una sola mano, tienen una importancia política mayor. El remate, un salto más allá de la frontera, es la entrevista a Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y actualmente Secretaria Adjunta en la ONU.
Ana Cruz tuvo el acierto de presentar a estos personajes de la política mexicana más allá del partidismo; a cambio, se centra en mostrar la capacidad de la mujer para acceder al poder; este enfoque en el modelo ejemplar, el de la mujer con cerebro y capacidad de mano que logra llegar a la cima, permite que cada una de las entrevistadas se exprese con una sinceridad que sorprende; además de denunciar el sexismo, se muestran capaces de criticar una cierta falta de solidaridad entre mujeres, la actitud de muchas de ellas hostiles a que otras sean exitosas. ¿Condicionamiento cultural? Seguramente, pero resulta difícil imaginar a hombres importantes de la política hablando con tal sinceridad.
La personalidad de Eufrosina cautiva no sólo por su capacidad de lucha y fuerza de carácter, sino porque su discurso, muy bien articulado, está siempre empapado de sus vivencias personales; las palabras de Eufrosina nunca suenan huecas, son resultado de ese descubrimiento que sólo se da a través de la conquista del derecho frente a la injusticia y contra el absurdo que se vende como ley, o como costumbre.








