Nominado al Óscar a mejor guión original por Y tu mamá también, dirigida por su hermano Alfonso Cuarón; ganador en dicha categoría tanto del León de Plata en Venecia con el mismo filme como del Ariel por de Sólo con tu pareja (realizada por Alfonso), Carlos Cuarón decidió presentar en festivales su segundo largometraje de ficción Besos de azúcar antes de su salida comercial en otoño próximo.
Él mismo lo define como una comedia social.
En dos años escribió el guión con Luis Usabiaga y en otros dos años levantó la cinta. El rodaje transcurrió entre junio y julio del 2012. Así, Besos de azúcar se estrena en la edición 28 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), el 3 de marzo, en el Cineforo de la perla tapatía, y compite en la sección Mejor largometraje iberoamericano de ficción.
A diferencia de su primer filme Rudo y cursi (Proceso, 1675), protagonizada por Gael García Bernal y Diego Luna (los productores fueron Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón), Besos de azúcar la sacó adelante solo y con un elenco “casi desconocido”.
Ahora, los productores son Besos Cósmicos, Eficine, Grupo Modelo, Alsea, Tequila Cuervo, Grupo Gondi, Fidecine e Itaca Films.
Participan los niños Daniela Arce y César Kancino con los actores Paloma Arredondo, Enrique Arreola, Verónica Falcón, Kristyan Ferrer, Héctor Jiménez y Yolanda Martínez.
La cinta expone la vida de Nacho, un niño de 13 años que trata de encontrar su lugar en la vida en sitios difíciles: una familia disfuncional, el mundo de los comerciantes ambulantes y la piratería, y un entorno social corrupto y violento en la Ciudad de México. Se enamora de Mayra, hija de una lideresa ambulante.
–¿Desde el principio pensó circular Besos de azúcar en festivales?
–Sí, empezamos en Guadalajara, los siguientes son Cannes, Toronto, Nueva York, Los Ángeles, en todos esos trataremos de estar presentes, ya sea en el mercado o seleccionados.
–¿Por qué le gustaron los festivales para dar a conocer el filme?
–En Rudo y cursi tenía a los dos actores más famosos de México y a los tres cineastas más famosos de productores. Entonces sus nombres ayudaban a vender mucho, ahora no; por ello, los festivales sirven como vitrina para que te vean y te compren, más allá de los premios. Uno no necesariamente trabaja para las estrellitas en la frente.
–¿Ahora no invitó a Del Toro, González Iñárritu y a su hermano a su nuevo proyecto?, ¿qué pasó?
–No había obligación, ni de ellos ni mía, de realizar juntos más películas. La lectura que yo le di, y creo que ellos también porque estuvimos de acuerdo casi sin decírnoslo, es que el anterior largometraje fue un empujón que dan los amigos para empezar, luego ya uno tiene que encontrar sus maneras de cómo hacer las cosas, como ellos. Al final del día son tres creadores muy ocupados cada uno con sus proyectos y era injusto volverles a pedir eso.
Un espejo urbano
Dice que Besos de azúcar es un espejo urbano:
“Me gusta efectuar retratos sociales. Éste es un retrato social más de ciudad, contemporáneo, en el corazón de la Ciudad de México y en el mundo de los tianguis y la piratería. Esta situación es de todos los días en México y en especial en el DF, y ese entorno me parecía algo que contextualmente podría ser muy sabroso, como lo fue. No es nada más la cuestión del retrato social sino una cuestión estética.
–También incluye a la familia disfuncional, ¿qué quiso destacar de este tópico?
–Es que en gran medida estamos hechos de familias disfuncionales. Entonces tomo parte de ese conflicto y de la violencia intrafamiliar. Aunque en la película no es todo tan oscuro y tan árido como suena.
Para trabajar el texto cinematográfico se apoyó en artículos periodísticos que fue capturando.
–Es productor, guionista y director de Besos de azúcar, ¿qué tan difícil es desempeñar todos estos papeles en un filme?
–En el cine todo es difícil. Ya habíamos sacado un argumento antes de que hiciera Rudo y cursi pero no lo desarrollamos. Luego me metí de lleno a Rudo y cursi y en cuanto me dejó este largo, me senté a escribir con Luis Besos de azúcar, y ahí está.
–¿Quiso externar alguna preocupación de cómo vive la niñez en este momento?
–Quería contrastar la pureza de la inocencia del primer amor con la oscuridad, la corrupción y la violencia que estamos viviendo en general en el mundo y en particular en México. Por mucho tiempo pensé realizar un remake de la película británica Melody, de Waris Hussein, con mi hermano Alfonso, y nos dimos cuenta que era imposible porque responde al sentimiento de una época, de 1971, y ahora vivimos épocas de lo cínicamente correcto. Entonces, preferí hacer mi propia historia.
Concluye que hay reminiscencias del Milagro en Milán, de Vittorio de Sica, y Los cuatrocientos golpes, de Francois Truffaut, de la comedia social italiana y francesa de esa época.








