Gordillo nunca se interesó por los sindicatos culturales

Escepticismo es la palabra que emplea Felipe Echenique, líder de los maestros del Instituto Nacional de Antropología e Historia, sobre los beneficios que pudiera traer al sindicalismo la aprehensión de Elba Esther Gordillo. A su vez, Manuel Muñoz, exsecretario sindical del Instituto Nacional de Bellas Artes, habla de una cuestión política. Y el especialista en derecho cultural, Raúl Ávila Ortiz, coincide en que el SNTE no ha incidido en la política cultural.

Aunque los trabajadores de base del sector cultural están agremiados al Sindicato Nacional de Maestros de la Educación (SNTE), la relación de los titulares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) con Elba Esther Gordillo Morales fue mínima o casi nula hasta el sexenio pasado, cuando la amistad de Consuelo Sáizar con la lideresa fue del dominio público.

De hecho, la extitular del Conaculta se refirió a la ahora presa y exdirigente sindical como “una mujer que ama a su país”. Y en muchos medios se comentó que Sáizar era “protegida” o “amadrinada” por Gordillo Morales.

En el capítulo “Jaloneos, aportaciones, demandas y pendientes del sindicalismo cultural”, escrito por esta reportera en el libro Cultura y transición, coordinado por Eduardo Cruz y Carlos Lara y publicado en diciembre pasado, se consigna que la relación entre un funcionario del Conaculta y la dirigente era nueva en el medio cultural:

“No se recuerda a funcionarios anteriores del Conaculta presumiendo su cercanía con la lideresa o haciendo alabanzas del tipo de la hecha por Sáizar. Es difícil recordar un acto en el cual Rafael Tovar, Sari Bermúdez o Sergio Vela se hicieran acompañar por la chiapaneca. Y ella parece mantenerse al margen…”

Se apunta ahí que en este semanario se registraron, en su momento, dos opiniones de Gordillo sobre acciones del Conaculta. Una fue la creación del Centro Nacional de las Artes (Cenart) y otra cuando un grupo de intelectuales, encabezados por Héctor Aguilar Camín, pidió que no se privatizara el Canal 22 (Proceso 861 y 745).

Entrevistados para ese capítulo, el historiador Felipe Echenique, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia; Antonio Hernández Brito, ahora (como lo fue ya durante la primera gestión de Rafael Tovar) coordinador general de Asuntos Laborales del Conaculta, y Manuel Muñoz, exsecretario general de la D-III-22 sección XI del SNTE (que agremia trabajadores del Instituto Nacional de Bellas Artes), coincidieron en que Gordillo no tuvo interés en el subsector cultura aunque dependía de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Jamás intervino en las negociaciones laborales ni en las luchas de los trabajadores, fuera para mejorar sus condiciones de trabajo o para enfrentar acciones como la construcción de un mall en la Zona Arqueológica de Teotihuacán, la oposición de los sindicalizados de Bellas Artes a la creación del Cenart, a la construcción de un complejo en el Centro Cultural del Bosque o a la llamada Ley Bermúdez, como se detalla en el libro.

Especialista en derecho cultural, Raúl Ávila Ortiz coincide, también en el volumen, en que “el SNTE no ha incidido en la política cultural del país”. Lo atribuye a “su interés por defender su ‘propia política gremialista, defensiva y reproductora de sus recursos políticos y económicos’, que incluso le ha permitido ‘construir y alimentar un partido político nacional a partir de un poder fáctico cada vez más complejo y hasta riesgoso’. El gremio ‘debería ser democratizado y sometido al estado constitucional de derecho’”.

 

Nada claro

 

En entrevistas por separado con Proceso, Echenique y Muñoz consideran ahora que la detención de Gordillo y su deposición del liderazgo vitalicio del SNTE no obedece a una verdadera intención de hacer valer el estado de derecho, sino a cuestiones políticas, “una maniobra politiquera”, aclara Echenique, para quien la política es algo “más serio”. Muñoz lamenta a su vez que su salida no se deba a una auténtica democratización sindical.

Con ironía, Echenique considera “una tristeza” que no les cause alegría su encarcelamiento, no obstante muchos sectores del magisterio “a los cuales ha afectado su liderazgo” –como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)–, la han demandado pero, “por desgracia, esas demandas no hay progresado”. Y señala que la información oficial no aclara si la Secretaría de Hacienda y Crédito Público la investigó por esas denuncias y cuáles serán los cauces a seguir.

“Para nosotros, el que la hayan encarcelado implica que no estaba metiendo en cintura a la gente del norte que no aprobaba la reforma al artículo tercero constitucional… Ni siquiera es una reforma, lo que hace es quitarle a la gente la certeza jurídica de su trabajo, al capricho de la OCDE, el Banco Mundial y los empresarios, como si con eso fuera a haber mejoras en la educación.”

Agrega que la Reforma Educativa incluye otros puntos conflictivos, como aplicar exámenes de control, distintos a las certificaciones que ya otorgan escuelas y universidades, lo cual “es un contrasentido”, pero no habla del enriquecimiento de las currículas escolares o de los planes de estudio. Todo ello generó un movimiento de oposición en el magisterio y “parece que doña Elba –como siempre– lo usaba en su beneficio y no estaba hablando con la gente”.

En su opinión, ese pudo ser el verdadero motivo de su detención:

“El gobierno quiere mandar un mensaje de legalidad y apego al estado de derecho, pero tendrá que demostrarlo. En el caso del INAH, hoy que supimos que no autorizaron la construcción del teleférico en Puebla, pues que metan a la cárcel a Alfonso de Maria (exdirector del instituto) y a quienes dieron las autorizaciones de esas obras, como de muchas otras, ¿no?; a los hijos de Marta Sahagún (esposa del expresidente Vicente Fox) y a la misma Marta Sahagún por haber utilizado espacios públicos para hacerse millonaria, como el Castillo de Chapultepec para el concierto de Elton John.”

Coincide con Muñoz en enlistar a algunos otros dirigentes sindicales que deberían estar “ya, hoy mismo”, en la cárcel –como Carlos Romero Deschamps, líder de los petroleros; Víctor Flores, de los ferrocarrileros; o Joel Ayala, presidente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado– si el gobierno quisiera realmente perseguir a quienes se han enriquecido ilícitamente, y no enviar a los líderes sindicales el mensaje de que si no se pliegan a sus exigencias los mandarán a prisión.

Incluso, recordó su propio caso, en el cual fue demandado en el sexenio pasado por la toma del Museo Nacional de Antropología en protesta por diversas afectaciones al patrimonio cultural, acusado de daño a la nación (Proceso 1873). Y ahora le han dicho autoridades del INAH que no pueden retirar la denuncia pues se persigue “de oficio”.

Mientras, lo que no queda claro, agrega, es por qué no detuvieron también a los cómplices de Gordillo y dejaron intacta la actual dirigencia sindical. Considera que “se debería convocar a nuevas elecciones, tendría que haber algo más, como decir qué se va a hacer con el dinero incautado, si regresarlo a los maestros, ya que dicen estaba lucrando con sus prestaciones. O sea, un golpe como éste debería tener una agenda para dejar claro que no es una venganza o una medida de control político y mediático”.

Por eso, redondea, no están “llenos de felicidad”, sino más bien escépticos.

Si bien el INAH está adscrito a la SEP y sus trabajadores afiliados al SNTE, los investigadores lograron una cierta independencia desde los años setenta cuando se negoció su contrato colectivo de trabajo entre el entonces líder Carlos Jongitud y el director del instituto, Gastón García Cantú. Echenique espera que el cambio de Gordillo por Juan Díaz de la Torre no afecte esa autonomía. Aunque podría, si es que realmente se descentraliza el sindicato nacional y se crean 33 agrupaciones, como se ha comentado.

 

Parteaguas

 

Para Manuel Muñoz la aprehensión de Elba Esther Gordillo es tardía y por ello no permite ver los motivos reales pues, aunque ciertamente hay razones de sobra para su encarcelamiento, “queda la duda de si es un asunto estrictamente jurídico o hay una cuestión política detrás”. Si fuese lo primero, tendrían que estar en la cárcel otros dirigentes sindicales, como los arriba mencionados.

–¿Su salida del SNTE cambia en algo el subsector cultural, considerando que no tenía mucha relación con éste?

–En principio se mantiene igual. Creo que lo que debe cambiar es nuestra percepción respecto a la pertenencia al SNTE.

Recuerda que varias organizaciones sindicales de cultura han logrado construir cierta autonomía y por ello su funcionamiento no depende de la estructura nacional. No obstante, considera que este momento plantea la necesidad de reflexionar si deben permanecer o no en el SNTE:

“Porque, bueno, a ella la detienen pero se mantiene toda la estructura de poder (señala como una muestra la forma en la cual llega Díaz de la Torre, “sin tener que ir a ningún congreso extraordinario”). Y no hay indicios de que eso vaya a cambiar. Es decir, ella no sale por un asunto de democratización sindical o como resultado de que los trabajadores decidiéramos con movilizaciones importantes que ya no continuara, sale por factores externos. Entonces deberíamos tener una posición al respecto.”

Sólo hay, agrega, dos alternativas: permanecer o independizarse del sindicato. Pero como se vislumbra la posibilidad de que el gobierno federal tenga la intención de fracturar al gremio, separarse “sería ayudarle, es una situación complicada que hay que reflexionar muy detenidamente”.

A decir suyo, son varios los temas sobre los cuales los sindicatos tendrían que estar discutiendo en estos momentos, entre ellos el regreso de Rafael Tovar al Conaculta, quien en su momento “intentó meter a la cárcel a los representantes sindicales por levantar un pliego petitorio. No hay una posición de los sindicatos respecto a eso, y me parece cuestionable, por decir lo menos, respecto del papel que están jugando ahora las representaciones”.

Menciona que Tovar fue cuestionado en su primera gestión por el manejo de recursos y ahora pareciera volver “con vítores”, y los sindicatos no se han expresado, cuando deberían estar discutiendo también “qué rumbo queremos seguir, no solamente como sindicatos, sino en materia de cultura. Todo debería enmarcar una plataforma política de los sindicatos.

“Estamos tratando de definir exactamente cuál es el mejor rumbo, que no abone a intereses que no sean los de los trabajadores.”