“Nadie por encima de la ley”

Desde enero de 2012, cuando se rompió la alianza PRI-Panal, se incrementaron los desencuentros entre Enrique Peña Nieto y Elba Esther Gordillo. No obstante los peñistas advirtieron que una ruptura podría resultarle costosa al mexiquense, así que optaron por negociar con ella al tiempo que diseñaban su estrategia para copar al sindicato y a la maestra, hasta que decidieron aprehenderla y terminar con su largo y controvertido liderazgo.

El encarcelamiento de Elba Esther Gordillo puso fin a un largo historial de desencuentros que le permitió al PRI retomar el control del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) e imponer una política educativa sin oposición.

Aun cuando el presidente Enrique Peña Nieto y su gabinete hablaron de una cuestión judicial y no política, en su mensaje del 27 de febrero el mandatario colocó en un mismo plano la promulgación de la reforma educativa y la detención de Gordillo.

Entre sentencias –“Hasta sus últimas consecuencias”; “Nadie por encima de la ley”–, Peña Nieto insertó sus proclamas: “Les reitero mi firme compromiso con la educación de los niños y jóvenes de México. La transformación educativa del país va hacia adelante”.

Desde el día 25, cuando se promulgó la reforma constitucional, Peña Nieto canceló sus actividades públicas, incluida su asistencia a la toma de posesión de la presidencia consultiva del Sistema DIF Nacional, programada para el 27 de febrero; tampoco se asomó a su cuenta de Twitter.

Poco antes de la transmisión de su mensaje en cadena nacional, la mayoría de los gobernadores acudieron a Los Pinos, donde, según el comunicado emitido horas después, el presidente les explicó la situación de Elba Esther y la reforma educativa, así como de la aprobación de las leyes reglamentarias.

Y aun cuando negó que haya habido motivaciones políticas en la captura de la lideresa magisterial, en todo momento la empató con la reforma educativa.

 

Una vieja obsesión

 

“En 1989 los trabajadores de la educación decidimos rescatar nuestro sindicato del empantanado territorio de la inercia y el conservadurismo autoritario. Renovar estructuras de representación y oxigenar su vida interna eran requisitos indispensables para que el SNTE enfrentara con fuerza moral un doble objetivo: defender la dignidad de sus agremiados y asumir como propia la suerte de la educación pública”, escribió Gordillo en su libro La construcción de un proyecto sindical, en alusión al momento de su encumbramiento.

Peña Nieto justificó la caída de Elba Esther en la defensa del patrimonio de los maestros y, en el contexto de la promulgación de las reformas constitucionales en materia educativa, aseguró que el Estado recuperó la rectoría en materia educativa.

Desde el 10 de diciembre, cuando se presentó la iniciativa de reforma educativa como parte del Pacto por México, el titular de la Secretaría Educación, Emilio Chuayffet, y las dirigencias de los partidos políticos comenzaron a manifestar su animadversión contra el SNTE y su lideresa vitalicia.

Ella, a su vez, advirtió en octubre en Cancún, y luego el 6 de febrero, que no se iría del SNTE. Integrantes del Comité Ejecutivo Nacional del PRI aseguran que Peña Nieto le había “sugerido” renunciar.

Durante enero, el sindicato magisterial organizó la resistencia civil convocada por Elba Esther el 20 de diciembre. No obstante, ella seguía manifestando su apoyo al presidente, empeñado en modernizar la educación.

Desde su Centro Cultural, un edificio virreinal ubicado en el barrio de Santo Domingo en la Ciudad de México, el SNTE organizó la jornada de resistencia desde la primera semana de enero.

Personal de seguridad del sindicato reforzó la vigilancia en el recinto; era imposible penetrar. Grupos de delegados de todas las entidades registraban sus listas de representantes para integrar la estructura de movilización, mientras que en las oficinas centrales se afinaba la estrategia jurídica.

Un operador de Juan Díaz de la Torre, secretario general del sindicato, explicó que un grupo de “compañeros” pretendía acercamientos con los maestros disidentes y con sindicalistas de otros gremios en busca de solidaridad.

Los maestros apenas habían calculado los tiempos que podía llevarse un juicio de amparo, así como las leyes reglamentarias de la reforma y el momento oportuno para iniciar las movilizaciones, así como una reorganización estructural por la vía estatutaria. En eso estaban cuando los sorprendió la captura de Elba Esther.

 

El día de la caída

 

El 26 de febrero, cerca de las 16:00 horas, en el hotel Fiesta Americana Minerva de Guadalajara, Jalisco, se inició el 36 Consejo Nacional Extraordinario del SNTE. Horas antes, los 132 integrantes de la Comisión de Redacción de los nuevos estatutos se reunieron para afinar las disposiciones que esperaban aprobar antes de la medianoche.

Los nuevos estatutos incluían la figura del Comité para el Fortalecimiento de la Educación Pública, un órgano que regresaría el control operativo total del SNTE a Elba Esther, quien tomaría protesta al día siguiente.

Poco después de las 17:00 horas se desa­taron los rumores. Díaz de la Torre recibió las primeras llamadas sobre la presunta detención de la maestra; hubo expresiones de incredulidad. Una hora después la información se confirmó.

Los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional del sindicato: Carlos Moreira –hermano de Humberto, el exdirigente del PRI–, José García Mora, Óscar Díaz Medina –hijo de Juan Díaz–, Silvia Luna y Soraya Bañuelos, entre otros, se reunieron en un salón adjunto.

El resto de los consejeros, entre ellos los dirigentes de las secciones, escuchaban inquietos al procurador Jesús Murillo Karam; algunos en sus laptops, otros en los televisores del lobby del hotel. Todo era silencio.­

Sabedores de las responsabilidades estatutarias sobre el manejo de recursos, el círculo de Díaz de la Torre empezó a advertir la posibilidad de su propia captura. El secretario general del SNTE se encerró en el piso 14 del hotel, rodeado de guardias, mientras los abogados encabezados por Soraya Bañuelos comenzaron a gestionar un amparo.

Carlos Moreira, responsable del Colegiado de Organización, presidió los trabajos. La urgencia era por aprobar los nuevos estatutos, lanzar de inmediato una condena por el arresto de Elba Esther y denunciar una acción política e ilegal contra quien hasta entonces era su presidenta.

En la Ciudad de México, los gobernadores priistas comenzaron a llegar a la Secretaría de Gobernación; algunos viajaron varias veces durante la semana. Miguel Ángel Osorio Chong les informó de la detención y les pidió tomar las medidas necesarias para evitar que se paralizara el sistema educativo, según reveló el mandatario de Nuevo León, Rodrigo Medina, el día 27 por la mañana.

En Guadalajara, los maestros no podían reiniciar sus trabajos. El miedo los dominaba. Juan Díaz intentó, sin éxito, comunicarse con Osorio Chong. Soraya Bañuelos y Silvia Luna lloraban. Díaz de la Torre no rea­pareció sino hasta las 23:00 horas, cuando se reanudó la reunión del consejo.

Alrededor de las 4:00 de la mañana del 27 de febrero concluyeron los trabajos. Díaz de la Torre leyó el comunicado, ya sin la condena prevista por la detención de su lideresa, a quien sólo le manifestaban “cariño, respeto y solidaridad”. Pidió a los consejeros actuar con cautela.

Mientras Díaz de la Torre leía el comunicado, entró la llamada de Osorio Chong, quien para entonces había concluido su reunión con la senadora del Panal Mónica Arriola, hija de Elba Esther. El titular de la Secretaría de Gobernación habló con Díaz de la Torre. El dirigente del SNTE regresó al consejo y declaró un receso.

 

El sustituto

 

El consejo no se reanudó por la mañana y, ante la confirmación del arresto y perdidas las esperanzas de obtener un amparo, los integrantes del CEN Juan Díaz, Carlos Moreira, Fernando González, yerno de Elba Esther, y la comisionada jurídica del SNTE, Soraya Bañuelos, decidieron reunirse.

Díaz optó por dialogar con Osorio Chong. Las fuentes consultadas por Proceso ofrecen dos versiones: que el secretario general del SNTE viajó a la Ciudad de México para reunirse con el titular de la Secretaría de Gobernación o bien que conversó con él por teléfono. Ambas coin­ciden en lo esencial: Osorio hizo dos planteamientos: la sustitución de Elba Esther y el compromiso de cancelar las movilizaciones.

Lo cierto es que en Guadalajara el Consejo Nacional Extraordinario no se rea­nudó sino hasta las 22:00 horas del 27 de febrero. Sólo se aprobó a Díaz de la Torre como presidente y encargado de la secretaría general del SNTE. De manera inu­sual, fue Bañuelos quien presentó la propuesta al consejo como “una necesidad legal” para el sindicato.

La idea original era nombrar a Gerardo Montenegro Ibarra como secretario general. El político nayarita, normalista, exdirigente de la sección 20 y representante de la campaña de Peña Nieto ante el SNTE en 2012, se perfilaba incluso para desplazar a Juan Díaz, más identificado con Elba Esther.

Montenegro Ibarra tiene una larga trayectoria en el PRI. Fue regidor del ayuntamiento de Ixtlán del Río de 1984 a 1987, diputado local de 1987 a 1990; también secretario general de la sección 20 del SNTE de 1998 al 2000, y de 2003 a 2006 diputado federal. Él organizó la visita de Peña Nieto al SNTE en junio de 2012.

La integración de Montenegro al CEN se aplazó para la próxima reunión del secretariado nacional por cuestiones de procedimiento estatutario.

En su discurso de protesta, Juan Díaz emitió sólo dos mensajes: apoyar la reforma educativa y evitar movilizaciones. Ya ni siquiera mencionó el nombre de Elba Esther.

El viernes 1 Osorio Chong calificó de madura la actitud del SNTE. Pocos sabían que mientras encomiaba al sindicato, la PGR congeló las cuentas de 32 secciones del sindicato, todas de nómina federal y al menos tres de nómina estatal.

 

Una historia de desencuentros

 

Ante la proximidad de las campañas de 2012, los colaboradores del candidato priista a la Presidencia buscaron un acercamiento con Elba Esther, luego de que se cayó la alianza PRI-Panal en enero de ese año.

El reportero José Gil Olmos publicó entonces que, tras la ruptura, Gordillo dijo que había un intento de darle un quinazo desde el gobierno (Proceso 1839).

Las encuestas internas del equipo peñista eran contradictorias. El 16 de abril de 2012 Julio Hernández publicó en su columna “Astillero”, en La Jornada, que Andrés Manuel López Obrador había registrado un avance significativo en las preferencias electorales.

La valoración, según confirmaron algunos de los colaboradores de Peña Nieto, fue concreta: los votos que podía aportar Elba Esther eran pocos. Su prioridad, arguyeron, era mantener el registro del Panal y conseguir presencia legislativa, aunque admitían que sostener el pleito con ella podía generar una importante pérdida de votos, como le ocurrió a Roberto Madrazo en 2006.

Los peñistas concluyeron: si Gordillo pactaba con el PAN habría bloqueos, manifestaciones y golpeteos mediáticos en todas las entidades, como en la campaña de Madrazo.

En marzo de 2012 Gordillo se reunió con Luis Videgaray en varias ocasionas; en algunas de ellas terminaron mal. La dirigente magisterial rechazó la interlocución con Videgaray y solicitó una reunión con Peña Nieto, que se concretó el 26 de marzo.

El encuentro fue cordial. El compromiso fue que el SNTE apoyaría a Peña Nieto. Una vez ganada la elección se negociarían los cargos y posiciones. Gordillo pidió incluso la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales para Gabriel Quadri, aunque no se concretó el acuerdo. Su única condición: que el trato con el candidato priista fuera directo.

El acuerdo surtió efecto. En mayo, cuando los alumnos de la Universidad Iberoamericana (UIA) repudiaron al priista –lo que derivó en el surgimiento del Movimiento #YoSoy132–, Quadri salió en defensa de Peña Nieto. Juan Carlos Cruz, reportero de Proceso, consignó las declaraciones de Quadri en el portal de esta revista:

“Nos llena de pena y dolor como ciudadanos lo que hicieron los jóvenes”, dijo Quadri el 12 de mayo en alusión a lo ocurrido en la UIA, un día antes. El 17 de mayo, de visita en Mérida, Quadri defendió a Peña Nieto por el caso Atenco y arremetió contra la panista Josefina Vázquez Mota, calificándola de provocadora por lanzar “una campaña de linchamiento y desprestigio” contra Gordillo y el magisterio.

Por esos días, el SNTE había convocado a los candidatos presidenciales. Sólo Quadri aceptó de inmediato; el equipo de Vázquez Mota declinó la invitación, pues consideró que el gremio tenía una alianza de facto con Peña Nieto.

El 20 de junio, la última semana de proselitismo, el Comité de Acción Política del SNTE anunció un encuentro con Peña Nieto. En 48 horas el organismo gremial hizo llegar a Puerta del Sol, en Santa Fe, a todos los dirigentes en los estados para recibir al candidato priista el 23 de junio.

En la reunión, Peña Nieto delineó parte de lo que sería su reforma educativa, comprometió mejoras para los maestros y encomió a su sindicato. Lo despidieron con una ovación. Asegurada la Presidencia, no sólo anunció su reforma educativa para acotar las posiciones del SNTE y Gordillo. En la Lotería Nacional designó a María Esther Sherman, del grupo de Manlio Fabio Beltrones; en el ISSSTE colocó a Sebastián Lerdo de Tejada, enemigo de Gordillo desde el 2000, y a Emilio Chuayffet en la Secretaría de Educación Pública.

Desde el 20 de junio, en conferencia de prensa el SNTE presentó a Gerardo Montenegro Ibarra como representante del PRI y de la campaña de Peña Nieto a sus agremiados. Hoy, el nayarita se perfila para asumir la dirigencia nacional del sindicato magisterial.