Luego de que el siete veces ganador del Tour de Francia Lance Armstrong confesó que sus hazañas deportivas se basaron en la utilización de sustancias dopantes, el ciclismo mundial quedó en un pantano del que tardará muchos años en salir, considera Julio Alberto Pérez Cuapio, un ciclista mexicano que durante nueve años labró su carrera profesional en Europa. El pedalista tlaxcalteca dice que si bien para destacar en este deporte se requieren cualidades casi sobrehumanas, eso no justifica que se recurra al fraude, como lo hizo el estadunidense.
El ciclista tlaxcalteca Julio Alberto Pérez Cuapio pasó nueve años de su vida compitiendo en Europa y vivió en carne propia la persecución contra quienes utilizan sustancias dopantes para mejorar su rendimiento.
Indignado por las declaraciones del estadunidense Lance Armstrong, el mexicano habla del fraude cometido por “ese señor” y asegura que metió al ciclismo mundial en un pantano del que le tomará muchos años salir.
En entrevista con Proceso, Pérez Cuapio, de 35 años, refiere que no es verdad lo que dijo el siete veces ganador del Tour de Francia: “todos los ciclistas se dopan”. Tan es así que con tristeza reconoce que puso fin a su carrera en Europa antes de que una simple sospecha de dopaje opacara las tres victorias en etapas y el suéter verde de campeón de la montaña (2001-2002) que obtuvo en siete de los nueve Giros de Italia en los que participó.
“En el ciclismo profesional hay quienes dan positivo en los controles antidopaje y de otros sólo hay sospechas. Si decimos que todos los ciclistas son limpios corremos el mismo riesgo de equivocarnos que Armstrong cuando dijo que todos se dopaban. La mayoría de un pelotón de un Tour de Francia, Giro de Italia o Vuelta a España no está en condiciones ni tiene la capacidad de pagar los tratamientos carísimos con alta tecnología, como las transfusiones sanguíneas a las que él se sometió.
–Entonces es falso que no se puede ganar sin doparse…
–Ese señor está equivocado. Debió aclarar que sí, efectivamente, todos los ciclistas buscamos una ayuda, pero hay quienes acudimos a un médico para que nos ayude a que siempre tengamos una sangre muy fortalecida. Eso es muy económico. Hay quienes pueden darse el lujo que se dio el señor Armstrong (acusado en un informe de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos como la cabeza del más sofisticado, profesionalizado y exitoso programa de dopaje que el deporte jamás haya visto), mientras que otros no pueden, como la mayoría de los ciclistas profesionales que están clasificados por la UCI (Unión Ciclista Internacional). Él fue uno de los mejor pagados en el mundo con un salario superior a 32 millones de dólares al año. En la historia del ciclismo es el único que ha tenido ese sueldo.
–¿No será que se dopan “mejor” quienes tienen más dinero que aquellos con menores recursos económicos?
–Insisto, todos buscamos una ayuda, pero Armstrong incurrió en un fraude. Yo nunca tuve acceso ni a esas cantidades de dinero ni a las sustancias y métodos que él utilizó y, repito, tampoco el grueso del pelotón internacional tiene las condiciones para hacerlo. Dijo que era imposible correr “limpio” un Tour de Francia, lo cual es relativamente cierto porque el desgaste que se lleva en la sangre todos los días es muy alto.
“Correr sólo una etapa de 200 kilómetros es muy difícil. Multiplica ese desgaste por 20 días. Todos terminaríamos anémicos. El riesgo de infarto y de muerte se incrementa. El ciclista debe buscar ayuda, pero solamente para soportar esos esfuerzos. Si uno lo hace para cometer fraude, eso está mal. Quienes buscan la ayuda ilegal son los que incurren en prácticas indebidas, y uno de ellos es ese señor.”
–Se puede competir sin doparse, pero, ¿se puede ganar sin doparse?
–También se puede. La ayuda que se busca es para que la sangre no se debilite. Hay vitaminas, hierro, calcio.
–En el escenario ideal de que ningún ciclista se dope, ¿Armstrong no habría ganado siete veces el Tour de Francia, sus títulos habrían quedado en manos de diferentes personas y él no habría sido la leyenda que fue?
–Así es. Si él únicamente hubiera utilizado la ayuda legal habría mucha diferencia. Cuando él competía se veía claramente quién caminaba a través de la química y los demás que corrían atenidos a su fuerza. No creo que vuelvan a repetirse las diferencias que había con Armstrong en las subidas de montaña.
–¿Cuando usted se fue de México para hacer carrera en Europa sabía que se usaban sustancias dopantes o se fue en la ingenuidad?
–Iba en la ingenuidad. Mi entrenador en México sólo me hablaba de que debía alimentarme bien. Cuando llegué a Italia empecé a consumir comida de primera calidad, entonces en un mes subí cuatro kilos. En el equipo me dijeron “aquí tenemos un doctor para ponerte en forma y estos son los medicamentos para quemar más rápido la grasa”. Tenía 24% de masa grasa, lo cual es muchísimo. En mi mejor momento mi porcentaje llegó a 3.5. Fui aprendiendo sobre la marcha. Mi amigo y entrenador Donato Giuliani me enseñó a cuidar más mi preparación física y la parte alimenticia. Me mostró cómo ser un deportista disciplinado. Y nada era ilegal.
–¿Cómo descubrió que estaba inmerso en un mundo donde los deportistas utilizan sustancias prohibidas?
–En 1998, cuando yo estaba en el circuito amateur donde competí hasta 1999, me enteré a través de los medios que en las fronteras de Francia y Bélgica hubo un decomiso de maletas llenas de medicamentos dopantes que pertenecían al equipo Festina. Eso fue antes del Tour de Francia. Ahí me enteré de que el mundo del ciclismo europeo no era sólo a base de una buena alimentación.
–Armstrong dijo que para estar en su equipo era indispensable aceptar el uso de sustancias prohibidas. ¿Pasó lo mismo en la escuadra Cerámica-Panaria donde usted estuvo toda su carrera?
–Al contrario. En la primera reunión que los integrantes del equipo tuvimos con el manager Bruno Reberveri, en enero de 2000, nos advirtió que debíamos evitar cualquier riesgo de dopaje. Incluso firmamos una carta responsiva que indicaba que si dábamos positivo en un control antidopaje nuestro contrato quedaría anulado y se podía aplicar hasta una sanción económica por los daños a la imagen de la empresa o de las marcas patrocinadoras.
“Nunca me dijeron que debía doparme. Si a Armstrong o sus compañeros de equipo les plantearon eso, es un caso particular. También tuvieron la opción de no aceptarlo. Yo les he preguntado a muchos ciclistas si se doparían y la mayoría me respondió que no, que preferiría dejar el ciclismo. No todos somos iguales a él.”
–¿Alguien le ofreció alguna sustancia o lo motivó para que la consumiera?
–En enero de 2002 un compañero del equipo (Antonio Varriale) me ofreció unas ampolletas que se llamaban GF3. No sé qué era. Se lo comenté a mi médico y me dijo que no las usara. Nunca he dejado que me aconseje nadie más que mi abuelita cuando me ofrece mi té de hierbas. No las compré, pero otros compañeros negociaron con él. Ese mismo año quedaron exhibidos. A Varriale lo arrestaron; lo agarraron con la sustancia dopante en su casa y reconoció que la había comercializado. En un interrogatorio en el CONI (Comité Olímpico Nacional de Italia) dio los nombres de cuatro pedalistas a quienes les vendió el fármaco y la policía antinarcóticos fue por tres de ellos en pleno Giro de Italia. Arrestaron a todos. Otro que reconoció estar involucrado se fue a su casa voluntariamente. Tres días después la policía fue por él. Todos pagaron. Como ahora va a pagar Armstrong.
–¿Cómo actúa la policía cuando arrestan a los involucrados en cuestiones de dopaje? ¿Llegan con mucha violencia a sacarlos de las competencias?
–Son muy educados y tranquilos. En aquella ocasión llegaron al hotel. Esperaron a que terminara la cena. El mesero nos dijo que buscaban a los ciclistas del equipo y que nos presentáramos en la recepción. Los policías dijeron los nombres de las personas que buscaban. Les comentaron que uno de sus compañeros los mencionó como compradores por lo que debían acudir a la procuraduría. Se los llevaron y ya.
“En Italia está penado por las leyes consumir, comprar o distribuir medicamentos prohibidos; no sólo es una falta deportiva. Supe que salieron libres después de un mes, no sé si bajo fianza o cómo, pero jamás volvieron a las competencias. En Italia quienes se encargan de verificar que no haya tráfico, distribución o consumo de sustancias ilícitas son la Guardia di Finanza (cuerpo militar que depende del Ministro de Economía y Finanzas) y los Carabinieris Antinarcóticos, con el apoyo de la UCI y del CONI. Los policías de la Guardia di Finanza ocultaron cámaras en la casa de Antonio y él nunca se percató de ello. Los videos salieron en un noticiario de televisión y se veía claramente su casa, dónde escondía el material y cómo lo comercializaba en la mesa de su comedor con la gente que llegaba.”
–¿Fue la única ocasión en que vivió tan de cerca un caso así?
–En mi equipo fue el único caso así, aunque hubo algunos otros que dieron positivo en los controles, como Emmanuelle Sella, en 2008, que tuvo un cambio impresionante en sus resultados. Las agencias antidoping lo empezaron a seguir, lo arrestó la policía antinarcóticos, lo interrogaron y en sus declaraciones involucró a otros cuatro deportistas, pero fue información que él inventó. De todas maneras salieron afectados y aunque demandaron no pudieron regresar al ciclismo profesional, porque la simple sospecha, el señalamiento de alguien, te deja marcado para siempre. Con la acusación de un ciclista que haya dado positivo te ponen tache y tu carrera se acaba.
–¿Es común que mientras se realiza el Giro de Italia se realicen detenciones masivas de ciclistas sospechosos o responsables de dopaje?
–Más o menos. En 2001, cuando estábamos en Génova, fue para todo el pelotón, para los 22 equipos que participaron en el giro de ese año. Fue la única vez que me tocó ver cómo llegó la policía antinarcóticos para revisar a todos. Cuando terminamos de cenar nos estaban esperando en los pasillos de las habitaciones y nos dijeron que no podíamos pasar hasta que nos lo ordenaran. Nos mandaron uno por uno con dos o tres policías para revisar nuestros cuartos, las maletas, todo lo que había. De mis dos maletas sacaron todo lo que consideraron sospecho, hicieron los análisis y nada resultó prohibido.
“Los casos se llevaron ante la procuraduría de Liguria. Me llamaron a interrogatorio ahí y también a la procuraduría del CONI en Roma. Las investigaciones confirmaron que ninguno de los medicamentos que yo portaba eran considerados dopantes, por lo tanto fui absuelto de toda acusación. Varios ciclistas del pelotón resultaron involucrados. La sanción descalificatoria no ocurrió en ese momento, sino que seis meses después alrededor de 15 ciclistas fueron acusados de poseer sustancias dopantes.”
–¿Por qué decidió dejar las competencias en Europa?
–Hice nueve años de carrera muy limpia. Esas persecuciones y sospechas podrían haberle causado un gran daño a mi carrera. Por eso dejé el ciclismo profesional, porque una simple sospecha equivale a una crucifixión. Si uno sufre alguna fiebre, el valor del hematocrito (porcentaje del volumen total de la sangre compuesto por glóbulos rojos) aumenta. Si en ese momento te hacen un control antidoping te conviertes en sospechoso, y si una autoridad confirma que lo eres, tu equipo te puede cesar para cuidar la imagen de las marcas patrocinadoras.
–¿Es posible determinar cuándo es normal que ese valor esté alto y cuándo se altera por el uso de sustancias o métodos prohibidos?
–Si está cerca o rebasa el límite marcado, la UCI no acepta ninguna explicación. No hay defensa que valga. No quise arriesgarme a ninguna sospecha, no porque tuviera algo que ocultar, pero decidí mantener limpia mi carrera. Pasé todos los antidoping y puedo decir que nunca fui sospechoso.
“Me sometí a cuatro controles obligatorios al año, más otros seis aplicados de manera sorpresiva, todos de sangre y orina. Para los exámenes sorpresa siempre estuve en casa o en el lugar y en el horario reportados en mi pasaporte biológico. Siempre me localizaron, no tuve ningún problema con eso, pero es complicado.”
–¿Ha considerado que compitió en desventaja porque mucho de sus rivales se dopaban y usted no?
–Nunca he pensado eso. Cometí errores. Llegaba con muy buena condición física y aun así perdía etapas del Giro de Italia, y no porque no me hubiera dopado, sino por mala administración de alimentos en las etapas. Perdí muchas etapas en el último kilómetro.
–¿Por qué decidió no doparse si podía hacerlo con relativa facilidad?
–No renuncié a doparme. Más bien nadie me lo ofreció. Cuando lo hicieron, no utilicé ese recurso. No estoy arrepentido por no haberlo hecho.
–Armstrong declaró que él no hizo trampa, ya que como “todos los ciclistas se dopaban”, todos compitieron en las mismas condiciones. ¿Usted está de acuerdo?
–Quien le administró las sustancias que se metió (eritropoyetina, transfusiones sanguíneas, etcétera) fue un médico y a él debería preguntársele a cuántos ciclistas dopó. Sólo así sabremos quiénes son esos a quienes él se refiere como “todos”. Aunque lo quiera maquillar, es un tramposo. No hay otra manera de llamarlo. No debemos sentir pena por él, pues merece la severidad con que se le ha juzgado. Acusar a todo el ciclismo es un atentado contra el deporte, no sólo contra sus compañeros, su equipo, su país o los ciclistas con los que compitió. Hay nuevos ciclistas que en su generación no existían, ¿cómo puede decir que todos hacen lo mismo? Ensució el ciclismo y se llevó entre las patas a este deporte injustamente.








