La Biblioteca Nacional de Argentina lanzó el año pasado una versión facsimilar de la segunda época de Proa, revista fundada en 1924 por cuatro escritores argentinos (Jorge Luis Borges, Alfredo Brandán Caraffa, Ricardo Güiraldes y Pablo Rojas Paz), que fue presentada al público en El Colegio de México. Para los investigadores de la institución Rose Corral y Antonhy Stanton se trata de un acontecimiento literario, y comentaron a Proceso los pormenores de la edición y su importancia.
Desde hace por lo menos una década, dos investigadores del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México, Rose Corral y Anthony Stanton, empezaron a estudiar con detenimiento las relaciones literarias entre México, Argentina y Uruguay. Ese interés dio lugar a un proyecto formal de investigación, “Relaciones literarias entre México y el Río de la Plata”.
Establecido en 2008, su propósito inmediato es reconstruir la historia de esos vínculos en la primera mitad del siglo XX (en particular los que trabaron los jóvenes escritores de los grupos de vanguardia de esos países en los años veinte y treinta) y hacerlos patentes.
“Rose y yo hemos encontrado –dice Stanton– que uno de los problemas que se presentan al estudiar la literatura de América Latina es que los investigadores de cada país estudian solamente lo suyo: los argentinos, literatura argentina; los mexicanos, literatura mexicana; los peruanos… Bueno, es comprensible, pero los nacionalismos producen monólogos. No se advierte que en una misma época los escritores de aquí dialogaban con los de Argentina o con los de España, con los de muchos otros países.”
Ese diálogo se percibe con mucha claridad cuando se leen las revistas literarias hispanoamericanas, en las que son frecuentes las colaboraciones de autores de distintos países, pero con intereses comunes o gustos e ideas afines. Y ello hace que esas revistas literarias sean el primer objeto de estudio cuando se realizan proyectos como el citado que hace poco se amplió y ahora incluye a España, a través de otro investigador de El Colmex, James Valender, considerado uno de los más informados estudiosos de las letras de ese país.
Como parte de ese proyecto académico, que abarca la redacción de ensayos y artículos y la organización de coloquios internacionales, Corral y Stanton se han empeñado en la recuperación de textos dispersos, como las crónicas que el narrador argentino Roberto Arlt publicó en México en el diario El Nacional,1 a finales de los años treinta, y en la reedición facsimilar de revistas literarias argentinas de vanguardia publicadas en los años veinte como Libra2, y más recientemente, Proa.
Proa fue fundada originalmente por Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández. Borges acababa de volver de Buenos Aires después de vivir dos años en Europa –uno de ellos en España, en cuya capital, Madrid, conoció a Ramón Gómez de la Serna y sufrió la influencia del ultraísmo.
Señala Stanton:
“Es imposible entender al joven Borges sin tomar en cuenta que él trae de España el ultraísmo. La vanguardia argentina nace como una implantación de una escuela española. Es algo que hoy resulta evidente.”
En efecto, la primera época de Proa (agosto de 1922-julio de 1923) es netamente ultraísta. Sólo se publicaron tres números, cada uno compuesto, según la descripción del propio Borges, por “tres hojas desplegables como ese espejo triple que hace movediza y variada la gracia inmóvil de la mujer que refleja (…)”.
La publicación de la revista se interrumpe porque en julio de 1923 Borges vuelve a Europa con su familia, y regresa a Buenos Aires hasta mediados de 1924. Al poco tiempo se encuentra con Alfredo Brandán Caraffa (quien acababa de separarse del grupo literario con el que había creado la revista Inicial, que continuó publicándose hasta noviembre de 1926), y éste lo invita a participar en la edición de una revista. Borges lo recuerda así en una conversación con Osvaldo Ferrari:
“Brandán Caraffa vino a verme. Me dijo que había estado conversando con Pablo Rojas Paz y con Ricardo Güiraldes sobre la posibilidad de iniciar una revista en la que estuviera representada la juventud literaria de entonces, y que entre los tres se habían puesto de acuerdo y dijeron: ‘No, esa revista no puede prescindir de Borges’. Yo me sentí muy halagado. Entonces me llevó a un hotel en que paraba Güiraldes, y éste me dijo: ‘Estoy muy halagado, sé que usted estuvo conversando con Brandán Caraffa y que pensaron que una revista de jóvenes no podía prescindir de mí’. (…) Al rato llegó Pablo Rojas Paz. Me dijo: ‘Estoy muy halagado’. Entonces yo miré a Brandán y le dije: ‘Sí, estuvimos conversando con Brandán, con Güiraldes, y pensamos que una revista joven no podía prescindir de usted’ (ríe). Entonces, con esa mentira piadosa de Brandán Caraffa nos hicimos amigos entre los cuatro y se fundó la revista Proa.”3
La segunda época
No se sabe a ciencia cierta qué decidió a los cuatro amigos a conservar ese título, porque las dos revistas son bastante diferentes y el único hilo de continuidad entre ambas es la presencia de Borges, que precisamente en ese periodo empieza a deslindarse del ultraísmo.
Mientras que la primera época de Proa puede considerarse como una publicación vanguardista, adalid y estandarte de una estética específica, excluyente, la segunda, que comprende 15 números publicados en un periodo de 18 meses –de agosto de 1924 a enero de 1926–, tiende a incorporar cosas muy diversas.
Stanton, explica su segunda época de Proa:
“Es una revista de la modernidad, con una perspectiva más amplia. Muchas corrientes se ven representadas en ella. Sí, aún está presente el ultraísmo, pero también está el criollismo, y está el protosurrealismo de Neruda, por así llamarlo, y otras tendencias que no son nada vanguardistas. Sus páginas incluyen textos de escritores franceses que son simbolistas. Hay literatura neopopular (una tendencia muy importante de la época: el rescate de lo popular), y también mucha literatura que hoy llamaríamos más bien tradicional; es decir, sonetos, y otras formas poéticas tradicionales. Los editores de la revista ya no se sienten identificados con el ultraísmo, están en otro momento. Lo que los unifica es el americanismo, eso es lo interesante. Un americanismo estético en el que comulgan plenamente con Güiraldes. Por eso convocan a Alfonso Reyes a formar parte del consejo editorial. Reyes es una figura que, como Güiraldes, para ellos representa el americanismo.”
Proa es una revista plural y ese carácter se acentúa conforme pasa el tiempo. A partir del número 13 se despliega en la segunda de forros un impresionante directorio de redactores en el que figuran escritores uruguayos, chilenos, peruanos, españoles, franceses y mexicanos (Reyes, naturalmente, y, asimismo, Xavier Villaurrutia).
Esta reedición facsimilar de Proa, que ha significado una pequeña hazaña en términos de investigación y acopio, porque no existía ninguna colección completa en las bibliotecas –ni en las públicas ni en las privadas, la dificultad para conseguir ejemplares de los 15 números en buen estado fue enorme, y algunos números eran especialmente huidizos–, es todo un acontecimiento literario. Como señala Rose Corral, “el examen de las revistas literarias de los países incluidos en nuestro proyecto nos permite atar cabos, entender cabalmente la literatura como un proceso y no como fenómeno de una generación espontánea”.
Así, las revistas son una suerte de mapa esencial para situarnos ante las obras que conforman nuestra literatura, para justipreciar a nuestros escritores, señalan Stanton y Corral, para quienes es interesante estudiar Proa por Borges, pero no sólo principalmente por él. Las revistas, dice Rose Corral, “nos permiten ver, más allá de la proyección de un escritor (Amauta no nos puede interesar sólo por José Carlos Mariátegui), cómo se construye un tramado literario, las tensiones, los enfrentamientos, los códigos del momento cultural, y no sólo con un estrecho enfoque sociológico, sino de una manera mucho más amplia. En las páginas de las revistas, por cierto, no sólo dialogan los textos literarios, sino también los cuadros, las fotografías de los artistas plásticos que también forman parte de tales publicaciones”.
La recopilación completa de Proa remite al proyecto del Fondo de Cultura Económica, dirigido por José Luis Martínez, con la reedición facsimilar de las Revistas Literarias Mexicanas Modernas, que incluyó Contemporáneos y El hijo pródigo. Hace poco se agregó a esa misma colección el facsimilar de Horizonte, la revista que el grupo estridentista publicó en Veracruz en 1926.
1 Roberto Arlt, Al margen del cable. Crónicas publicadas en El Nacional, México, 1937-1941 (recopilación, introducción y notas de Rose Corral). Editorial Losada; Buenos Aires, 2005, 269 p.
2 Revista Libra (1929). Edición facsimilar preparada por Rose Corral. El Colegio de México/Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios; México, 2003, 222 p.
3 Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari: En diálogo. Edición definitiva, tomo I, Siglo XXI Editores; México, 2005, 326 p.








