Profesionales mexicanos del boxeo y del futbol suelen ser víctimas de abuso de promotores y empresarios que, mediante la complacencia o inacción de autoridades y organismos, se aprovechan de su necesidad o ignorancia para hacerlos firmar contratos abusivos. Plagados de cláusulas restrictivas, esos convenios colocan a los deportistas en la condición de esclavos que, además de eso, reciben sólo migajas por sus grandes sacrificios y esfuerzos.
Promotores y empresarios del boxeo se valen de prácticas ilegales en perjuicio de los peleadores, muchos de ellos víctimas no sólo de la voracidad de autoridades y organismos deportivos, sino hasta de su propia ignorancia.
Documentos consultados por Proceso indican que no obstante las millonarias ganancias generadas por los pugilistas, los empresarios no le rinden cuentas a nadie y evaden su responsabilidad con el Instituto Mexicano del Seguro Social, e incluso con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
En algunos casos los derechos y garantías individuales de los boxeadores son vulnerados mediante contratos a perpetuidad que incluyen cláusulas de “extensión” o “prórrogas” aplicadas de manera automática, a voluntad de los apoderados.
En ocasiones ni siquiera la obtención de un título mundial le bastará al peleador para zafarse de sus grilletes. Por el contrario, al ceñirse la corona universal el promotor “prorroga la vigencia del contrato de manera unilateral hasta por cinco años”.
Se trata de convenios leoninos firmados fuera del reglamento y “de por vida”, y con base en los cuales el boxeador le otorga a su representante “poder especial amplio” con el que éste adquiere el derecho de dirigir su vida deportiva.
Los promotores son los únicos autorizados para cobrar las grandes bolsas que ganan los boxeadores. Incluso pueden “negociarlos” sin que el interesado tenga derecho a elegir o dar su consentimiento. Hay casos en los que a la muerte del representante su familia “hereda” los derechos sobre el púgil.
El “contrato de presentación de promoción exclusiva” que firman el deportista y su representante no puede registrarse ante la Comisión de Box Profesional del Distrito Federal porque viola el reglamento del organismo. Sin embargo, estos convenios son los que rigen actualmente en el pugilismo nacional, en el que los boxeadores son obligados a firmar una carta de responsiva para casos como el que considera la cláusula 3: “Que (el peleador) entiende y reconoce que el boxeo profesional es un deporte peligroso que puede resultar con lesiones físicas severas”.
La cláusula 4 exime a los promotores de cualquier responsabilidad, pues establece que “el boxeador acepta todos los riesgos asociados con el deporte del boxeo profesional y no hace responsable a la empresa de cualquier daño de índole física que sufra a consecuencia de sus peleas”.
En los contratos a los que este semanario tuvo acceso, se estipula que “el peleador se obliga a portar y mostrar prominentemente en todo momento, sin excepción alguna, el logotipo y nombre de la empresa, o cualquier logotipo subsiguiente proporcionado por los promotores y/o nombre del promotor, en su pantaloncillo y bata para cada encuentro, según se indica bajo el presente contrato”.
Además, “el peleador acuerda y se obliga a instruir a sus esquineros que deberán portar y mostrar prominentemente en todo momento durante la duración del presente contrato el logotipo y/o nombre de ‘promociones’ en su indumentaria respectiva para cada evento y encuentro”.
El convenio laboral también impide que el peleador participe en cualquier tipo de negociación que afecte los derechos otorgados a favor del promotor. Asimismo, la cláusula condiciona: “Queda entendido que cualquier marca que desee patrocinar al peleador deberá ser autorizada y cobrados los derechos del patrocinio de que se trate por el promotor. El peleador no podrá cobrar dichos patrocinios, ya que los mismos pertenecen al promotor”.
Por donde se le vea, los promotores tienen garantizados en todo momento los derechos del pugilista, como se indica en la cláusula 5 del contrato:
“En caso de fuerza mayor, desastre natural, fuego, guerra, disturbio social, acto laboral, apagón u otra razón más allá del control razonable del promotor, éste tendrá el derecho de (I) dar por terminado el presente contrato, o (II) prorrogar el término o cualquier otra prórroga al presente por el periodo de tal suspensión o aplazamiento. Asimismo, el promotor podrá prorrogar la vigencia del presente contrato de manera unilateral hasta por cinco años para el caso que el peleador sea campeón por cualquier organismo.”
La sexta cláusula se refiere al “incumplimiento” del boxeador: “En caso que se rehúse a usar (sic) sus mejores esfuerzos para cumplir con sus obligaciones, de conformidad con cualquier disposición de este contrato y/o se rehúse a actuar de buena fe en el desempeño del mismo, el promotor tendrá derecho de prorrogar la vigencia del presente contrato o cualquiera de sus prórrogas hasta que el peleador haya cumplido satisfactoriamente con todos los términos y condiciones fijados en este contrato”.
Las letras pequeñas
El jueves 7, el futbolista mexicano Pablo Barrera, de fugaz paso en la Liga Premier de Inglaterra, reconoció que no leyó “las letras chiquitas” del contrato correspondiente a su traspaso entre el club Universidad y el West Ham, en el cual se indica que el delantero no tendrá derecho a recibir porcentaje alguno.
“Fue tanta mi emoción de que me iba a ir que nunca revisé lo que firmaba. Hablé con mi representante y durante cuatro meses sostuve pláticas al respecto con mis compañeros de la selección”, reconoce el jugador.
Responsabiliza de esa situación al entonces presidente del conjunto universitario Víctor Mahbub, y amenazó con llevar su caso ante la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA).
El boxeador Juan Carlos Salgado, quien el próximo 9 de marzo expondrá su título mundial superpluma de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), pasó a tener dos patrones de la noche a la mañana. Resulta que sin ser consultado, su primer promotor, Héctor García, vendió la mitad de su contrato a la empresa Promociones del Pueblo, de Oswaldo y Reginaldo Kuchle.
Juan Carlos, quien ha ostentado el título de la FIB en dos ocasiones, es de los pocos boxeadores cuya bolsa no rebasa siquiera el millón de pesos, cuando en México hay pugilistas que sin ser campeones nacionales perciben más que él.
“Pienso que me quitan más a mí. Uno habla y se pone a negociar con ellos, pero es imposible convencerlos y así está difícil”, acepta resignado el peleador.
Proceso averiguó que por su pelea del 9 de marzo próximo ante el dominicano Argenis Méndez, Salgado recibirá 900 mil pesos, de los cuales 50 mil ya están destinados para cubrir los costos de su preparación. Y del porcentaje restante, ya descontadas las respectivas comisiones íntegras de sus promotores, repartirá sus ganancias entre pagos al entrenador, al preparador físico y al personal que lo auxilia, además de sus gastos personales. Según las cuentas, el campeón mundial superpluma apenas se quedará con la cuarta parte de la bolsa original.
“Y yo soy el que subo a darme en la torre. Pienso que debe haber un respaldo para los boxeadores, que trabajamos para ellos. Uno hace su mejor esfuerzo y los boxeadores venimos de hogares muy humildes, tratando de salir adelante en este duro deporte”, lamenta Salgado.
Además tendrá que repartir parte de sus ganancias entre algunos reporteros de la fuente del boxeo: “Así se trabaja ahora. Muchos reporteros te piden para un refresco, y hay gente mucho más abusiva que te exige hasta un porcentaje por cada pelea. Eso ya está muy canijo. De uno mismo sale darles para el refresco, pero no como obligación, y menos un porcentaje”.
–Cuesta trabajo aceptar que siendo campeón del mundo usted vaya por una bolsa demasiado baja.
–Cuando subes a pelear a 10 rounds ya empiezas a ganar, pero en México los sueldos son muy bajos: te pagan 10 mil, 15 mil o 20 mil pesos; dependiendo el chango es la pedrada. Si el rival es muy duro, vas aumentando a 50, 80 o 100 mil. Cuando empecé a ganar mejor fue en Estados Unidos, ahí me empezaron a dar miles de dólares.
Salgado, de 28 años, se ha dedicado al boxeo por más de una década. Se coronó campeón del mundo por primera vez en 2009, tras derrotar a Argenis Méndez, al que ahora le brinda la revancha.
Duopolio en el box
En el país existe un promedio de dos promotores por estado, aunque en el Distrito Federal se concentra la mayoría: Ricardo Maldonado, Fausto Daniel García, Aquiles Torres, Héctor García, Pepe Gómez, Nacho Huízar… hasta el propio Juan Manuel Márquez cuenta con su propia promotora. Sin embargo, las dos empresas que se reparten la gran tajada en el boxeo son Promociones Zanfer y Promociones del Pueblo. La primera tiene acaparado todo el mercado del boxeo en TV Azteca y la segunda hace lo propio en Televisa.
Si bien es cierto que los promotores del boxeo son muy poderosos, no se encuentran a salvo de los escándalos. El 20 de febrero de 2010 la agencia Notimex informó que el empresario mexicano Osvaldo Kuchle, de Promociones del Pueblo, con sede en Ciudad Juárez, Chihuahua, había sido detenido al acusársele de un fraude por 2 millones 200 mil dólares.
Según la agencia noticiosa, contra el promotor pesaba esa misma acusación en seis condados de Estados Unidos, “y el pasado 10 de enero un jurado federal comprobó que defraudó al Export-Import Bank por 2.2 millones de dólares. Se menciona que el empresario juarense gastó el dinero para uso personal, cuando lo pidió para una constructora”.
Existen tres tipos de contratos debidamente protocolizados y autorizados, en este caso por la Comisión de Box del Distrito Federal. Uno de ellos es el de la pelea en turno, otro de prestación de servicios entre manager y peleador, y uno más el de la empresa.
El “contrato civil de prestación de servicios profesionales de manager-boxeador” que se entrega ante la Comisión de Box del DF establece que el manejador o manager se obliga a conseguirle un determinado número de pagos y peleas al año, “siempre y cuando el boxeador guarde buenas condiciones físicas y acepte actuar en todas las peleas que contrate el manejador o manager y autorice la comisión correspondiente”.
En cambio, el convenio que no es reconocido por la comisión indica que el peleador “concede a favor del promotor (…) el derecho exclusivo de promover cualquier encuentro, contienda de boxeo en el que el boxeador participe o asista de cualquier otra forma”.
En términos legales, el pugilista es quien contrata al manager, mera figura decorativa en la actualidad. Visto así, el verdadero patrón es el boxeador. Sin embargo, prevalecen los convenios fuera de la ley bajo la égida de promotores que todo lo controlan.








