Centenario del Día del Ejército

Este mes de febrero se conmemoran importantes acontecimientos históricos militares ocurridos hace 100 años: La Decena Trágica, la Marcha de la Lealtad, las muertes del presidente Francisco I. Madero, de su hermano Gustavo, del vicepresidente José María Pino Suárez y del señor Adolfo Basso, así como de la creación del Ejército revolucionario el día 19, en Saltillo, Coahuila, para enfrentar al golpista Victoriano Huerta.

 

Desde hace muchos años, en alguna forma se ha celebrado a los soldados, al Ejército.

Antes era el 27 de abril cuando se conmemoraba la acción heroica de un modesto soldado, Damián Carmona, que ese día se encontraba de guardia en prevención durante el asedio a la plaza de Querétaro en 1867. Cuando cayó junto a él una granada que destruyó su fusil se quedó impávido y gritó: “Cabo de cuarto, estoy desarmado”. Por esa heroica acción fue ascendido a cabo y durante un largo tiempo en esa fecha se festejó el Día del Soldado.

Durante la presidencia de Miguel Alemán se cambió el festejo al 19 de febrero porque en ese día, pero en 1913, en Saltillo, Coahuila, la legislatura local emitió un decreto autorizando al gobernador del estado, Venustiano Carranza, a levantar tropas. El decreto dice así en sus partes fundamentales:

“Artículo 1º. Se desconoce al general Victoriano Huerta en su carácter de jefe del Poder Ejecutivo de la República, que dice él le fue conferido por el Senado y se desconocen también todos los actos y disposiciones que dicte con ese carácter.

“Artículo 2º. Se conceden facultades extraordinarias al Ejecutivo del estado en todos los ramos de la administración pública para que suprima los que crea convenientes y proceda a armar fuerzas para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional en la República.”

Antes de tomar esta decisión, Carranza reunió a un grupo de personas, según lo refiere el licenciado Manuel Aguirre Berlanga en su obra Génesis legal de la revolución constitucionalista:

“… reunió en su domicilio particular ese mismo día a varios diputados locales, al  teniente coronel del E.M. Luis G. Garfias y al capitán primero técnico de artillería, Jacinto B. Treviño, quienes perteneciendo al Estado Mayor del presidente Madero se hallaban en Saltillo con la misión de organizar las tropas irregulares del estado además de otras personas de confianza. En esa reunión expresó que a su juicio el Senado carecía de autoridad constitucional para nombrar Presidente de la República, suplir al electo popularmente y facultar a nadie para aprehender a los primeros magistrados de la nación y que por lo tanto, era una obligación ineludible del gobierno coahuilense desconocer y reprobar inmediatamente semejantes actos, de tal manera que si resultaba preciso recurrir al extraño expediente de las armas y hacer una guerra más cruenta que la de tres años, para lograr la restauración del orden legítimo, la gravedad del caso no arredraría a ningún ciudadano amante de su patria.”

Veamos cuáles eran las fuerzas de que disponía Carranza, ese 19 de febrero, para iniciar la lucha contra el ejército del general Huerta:

Teniente coronel irregular Francisco Coss, que se hallaba en Saltillo con 30 de tropa; teniente coronel de E.M.E. Luis G. Garfias con el 25 regimiento auxiliar de la federación (en organización) y que contaba con 200 plazas; teniente coronel irregular Jesús Carranza, su hermano, quien estaba en Torreón con unos 60 individuos de tropa, adscrito a la 11ª. Zona Militar, y algunos pequeños destacamentos de fuerzas irregulares del estado, que se hallaban a lo largo de la vía del ferrocarril Saltillo-Piedras Negras, a las órdenes del coronel irregular Alberto Guajardo, los cuales tenían su sede en la ciudad de Múzquiz. En total eran unos 500 hombres montados, además del posible refuerzo del teniente coronel irregular Pablo González, quien con el regimiento auxiliar “Carabineros de Coahuila” estaba en Julimes, Chihuahua.

Ahora veamos lo que escribió el señor Aldo Baroni, famoso periodista, en el periódico Excélsior en febrero de 1957, pues fue testigo presencial de los hechos ya que era cabo primero de rurales (capitán primero) y pertenecía al 25 regimiento de la federación:

“La noche del 18 de febrero reunidos en la casa del teniente coronel Garfias, todos los oficiales con Delgadillo a la cabeza y sin el menor asomo de duda levantaron la copa jurando que seguirían a Garfias en su aventura, y la apariencia de sinceridad nos convenció. Pocas horas después le pagaron a Garfias el champagne y su noble acción, intentando levantar a la tropa para apresar al gobernador Carranza, a Garfias, a Treviño y a esta modesta cuarta rueda del carro, a fin de impedir que nos opusiéramos al usurpador desde el momento mismo de su traición.”

En efecto, el general Jacinto Treviño dice:

“… mientras Garfias y yo estábamos en constante contacto con el señor Carranza, Delgadillo (segundo comandante del regimiento) conspiraba tratando de voltear contra nosotros no sólo a los oficiales sino también a la tropa. Así las cosas el 22 de febrero a las cuatro de la tarde resolvimos Garfias y yo hacer una visita a nuestro cuartel. Al aproximarnos a la puerta el centinela teniendo ya instrucciones precisas de Delgadillo, al reconocernos, levantó su arma e hizo fuego a quemarropa apuntando a la cabeza de Garfias, quien por fortuna tan sólo fue tocado en la gorra que portaba.”

Otra versión es la del señor José A. Gutiérrez, por aquel entonces subteniente del 25 regimiento de caballería y que en febrero de 1957 vivía en San José California, Estados Unidos:

“El teniente coronel Garfias reunió a los subtenientes a sus órdenes en el comedor de su casa y comenzó por decirnos que un grupo de malos mexicanos trataba de alterar al orden constitucional del país, que los señores Madero y Pino Suárez estaban presos, que nosotros los ahí presentes le prometiéramos iríamos a pelear con él por la legalidad.”

Más adelante el señor Baroni, en el citado artículo, agrega:

“Carranza sabía que podía contar con la mayoría de los que trabajaban con él en su gobierno y sólo unos cuantos en efecto le fallaron, pero no podía tener ninguna seguridad sobre el jefe del ‘Mariano Escobedo’, teniente coronel Luis Garfias, soldado federal que no dependía de él y que no tenía con él ningún compromiso personal. Si Garfias hubiera estado adverso a los planes de Carranza, ¿cómo hubiera podido llevarlos a cabo con los 29 hombres de Francisco Coss, única fuerza segura en Saltillo? Es perfectamente natural, pues, que el señor Carranza se asegurara antes de ver a nadie más y de tomar cualquier medida, respecto a la actitud del jefe de la única fuerza considerable en ese momento en Saltillo. Y después de haber recibido la seguridad más satisfactoria en cuanto a la lealtad del regimiento, que era en ese momento la clave de la situación, se corrió el riesgo de iniciar la revolución.”

Todo ello indica el papel decisivo que en esos memorables y cruciales días para México jugó el comandante del 25 regimiento de la federación, teniente coronel Luis G. Garfias. Es por ello necesario rescatar estos hechos históricos del inicio de la Revolución mexicana, hoy olvidados.

Para terminar no debemos olvidar los hechos ocurridos en el estado de Chihuahua. Por estas mismas fechas el gobernador del estado, Abraham González, ferviente maderista, fue destituido de su cargo por el comandante militar de la entidad, general Antonio Rábago, quien se nombró gobernador y envió preso al señor González a México. Éste fue asesinado en la estación Mapula por el mayor Benjamín Camarena, terminando en esta forma cualquier movimiento maderista en el estado de Chihuahua. Lo mismo pudo haber ocurrido en Coahuila si el comandante del 25 regimiento federal, teniente coronel de E.M.E. Luis G. Garfias, hubiera capturado a Venustiano Carranza. Sin duda alguna hubiera ocurrido la revolución que ya se había iniciado en Sonora, pero los hechos históricos hubieran sido muy diferentes con esa captura. En ello radica la importancia de la actitud del citado comandante del 25 regimiento, la única unidad federal que no se adhirió al cuartelazo del general Huerta.

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* General retirado. En 1997 se afilió al PRD, partido que dejó en 2002. Exdirector del Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional. Dos veces diputado federal. Autor de varios libros sobre las Fuerzas Armadas. El miércoles 20, a las 18 horas, hablará de “La contrarrevolución y el nacimiento del Ejército Mexicano” en el ciclo que dedica el Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (INEHRM) a la Decena Trágica.