Cercanía peligrosa

MADRID.- La ocupación de la gigantesca planta gasera de In Amenas, al sur de Argelia, por parte de la célula terrorista liderada por Mokhtar Belmokhtar, hasta hace poco uno de los dirigentes de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), afectó las exportaciones de hidrocarburos a Europa. Italia fue el país más afectado, pues el suministro argelino decreció en 15%.

Pero los efectos a mediano y largo plazos, entre ellos la percepción de inseguridad por parte de las compañías extranjeras que operan en la región, “obliga a los países de la Unión Europea a no permanecer ajenos al deterioro de la seguridad en el espacio sahelo-sahariano”, advierte Gonzalo Escribano, investigador y director del programa de Energía del Real Instituto Elcano.

El especialista en temas de energía y geopolítica en el norte de África afirma que “aunque los riesgos energéticos inmediatos parezcan reducidos y fácilmente gestionables, obligan a los países europeos, especialmente a Italia y a España, por ser los grandes importadores de gas argelino, a diseñar una estrategia creíble en la región para afrontarlos”.

Durante su participación en la mesa redonda Malí, frontera con España, efectuada en la capital española el pasado 24 de enero, planteó: “Argelia es el tercer suministrador de gas a Europa, después de Rusia y Noruega”. Aunque indicó que España diversificó sus suministros energéticos, enfatizó que el gas argelino aún representa 40% de sus importaciones.

“El ataque a In Amenas sugiere que una crisis persistente en el Sahel no podría dejar de tener efectos de desbordamiento sobre la seguridad energética conjunta de productores y consumidores en el mediterráneo occidental”, apuntó.

A ello se añade que la intervención francesa en Malí “puso en evidencia la necesidad de contar con una estrategia de política exterior integral en la zona, y los sucesos de In Amenas obligan a reforzar la dimensión de seguridad y defensa de esa estrategia”.

“Sería recomendable que España revisara su política de protección física de empresas e infraestructuras de suministro, potenciando la colaboración de las fuerzas de seguridad locales con las propias compañías para afrontar un escenario de inseguridad más exigente del que existía hasta ahora”, indicó.

El complejo gasero de In Amenas –que abarca un grupo de varios campos de wet gas o gas húmedo (gas natural con hidrocarburos dulces o más pesados que el metano, que se recuperan en forma de gas condensado y gas licuado del petróleo)– se sitúa en Tigantourine, en la cuenca Illizi, en el sureste del país, muy cerca de la frontera con Libia.

Desde 2006 que entró en operación produce alrededor de 8 mil millones de metros cúbicos de gas al año, lo que representa cerca de 10% de la producción de gas de Argelia, y unos 55 mil barriles por día de condensado, que íntegramente se destina al mercado europeo, sobre todo a Italia. Su operación está a cargo de la argelina Sonatrach, en conjunto con la inglesa BP y la noruega Statoil.

El pasado 16 de enero, la célula de terroristas denominada Al Muthalimin (“Los que firman con su sangre”) intentó secuestrar un camión que transportaba trabajadores de la planta al aeropuerto local, ataque en el que murieron dos personas. Posteriormente ocupó la planta y tomó como rehenes a 815 trabajadores.

Tras cuatro días de secuestro y de asedio por parte del ejército argelino, éste recuperó el control pero con un saldo de 38 rehenes asesinados y 29 terroristas abatidos.

La organización terrorista es encabezada por Mokhtar Belmokhtar, un argelino que combatió en Afganistán y fundó el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino, que en diciembre pasado se escindió de AQMI por mantener discrepancias con Abdelmalek Droukdel, jefe de la otra facción.

A Belmokhtar se le conoce porque en 2009 secuestró en Mauritania a Roque Pascual, Alicia Gámez y Albert Vilalta, colaboradores de la ONG Barcelona Acció Solidária. El asalto a la planta gasera fue dirigido por el terrorista desde algún punto del norte de Malí, y fue ejecutado por sus subalternos Abderrahman, El Nigeriano, y Aminé Moucheneb, Tahar, quienes murieron en los enfrentamientos.

Según Escribano los especialistas en seguridad regional aún discuten si el ataque fue consecuencia de la intervención en Malí, “una asociación que parece deducirse de la proximidad cronológica de los dos eventos y del comunicado de sus autores reivindicándolo”, o si corresponde a “un ataque planeado con anticipación para capturar rehenes occidentales o perturbar deliberadamente el suministro de gas a Europa.

“En cualquier caso, el ataque influirá en la seguridad energética de la zona a mediano y largo plazos. Por ahora ya se produjo un alza en los precios del petróleo desde la intervención militar y se ha reducido la exportación de gas de la planta atacada”, detalló.

 

“Condominio yihadista”

 

“De todos los países que forman la Unión Europea, España tiene las fronteras más próximas a Malí”, advierte Fernando Reinares, investigador sobre terrorismo internacional del Real Instituto Elcano. Y añade: “También (España) es el más cercano a Argelia, país en el que se encuentra la base originaria de Al Qaeda, en el Magreb Islámico”.

Pese a ello, la participación española en la intervención francesa en Malí se limitó a enviar un avión de transporte militar y personal para capacitar a las fuerzas armadas locales.

Durante su intervención en la mesa redonda, Reinares sostuvo que desde la pasada primavera AQMI, en estrecha coordinación con dos entidades de la misma orientación, el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (Muyao) y Ansar al-Din, constituida principalmente por tuareg autóctonos, consiguió establecer “un verdadero condominio yihadista que abarca prácticamente todo el norte de Malí”.

Las tres organizaciones bajo el liderazgo de AQMI, que obtuvo una alta suma de dinero por los secuestros de occidentales, “unieron fuerzas para aprovecharse de la excepcional oportunidad que les ofreció la imprevista combinación de tres acontecimientos: la quiebra del régimen de Muamar el Gadafi en Libia, la estrategia separatista adoptada por el Movimiento de Liberación Nacional de Azawad y, finalmente, el golpe de Estado en Malí”.

“Ese condominio yihadista –dijo– es un foco de terrorismo que se proyecta sobre la población local y el conjunto de la fracturada Malí. No en vano la intervención militar francesa se precipitó a petición de las autoridades malinesas, cuando AQMI y sus aliados iniciaban una ofensiva hacia Bamako, quizá para apoderarse de alguna de sus infraestructuras críticas.”

También representa una amenaza para la estabilidad de otros países situados en el Magreb, y particularmente para Europa Occidental, en especial para Francia y España. “La proximidad geográfica de España a dicho foco de actividad terrorista es fundamental a la hora de valorar las implicaciones, por el tránsito de personas de una a otra orilla del Mediterráneo, y con ello la posibilidad de que yihadistas activos en el Magreb o el Sahel ingresen a suelo español”, apuntó Reinares.

Comentó que de mediados de los noventa a la fecha, un tercio de los convictos en España por actividades terroristas son norafricanos, mayoritariamente argelinos. “Por su común ámbito norteafricano de procedencia, buena parte de los yihadistas condenados por los atentados del 11-M (de 2004) estaban imbricados al Grupo Islamista Combatiente Marroquí (GICM)”.

Y prosiguió: “Desde hace seis años se tiene conocimiento de que individuos en proceso de radicalización reclutados en España se han desplazado al santuario de AQMI, en los confines desérticos y montañosos del noreste de Malí, con el propósito de completar su adoctrinamiento ideológico y recibir adiestramiento en tácticas terroristas. Aunque hasta ahora el número no es significativo, resulta verosímil que esa cifra se incremente con la formación de un condominio yihadista en ese país y el conflicto a que ha dado lugar”.

Por último, Reinares argumentó que no es el único factor a considerar: también están los continuos pronunciamientos públicos del emir de Al Qaeda, Al Zawahiri, los de AQMI y las organizaciones que le precedieron, y de Ansar al-Din, “que mantienen un agresivo discurso contra España justificando la violencia con el fin de recuperar al-Ándalus (antiguo territorio musulmán en el sur de la península ibérica y norte de África), como parte de un nuevo califato”.