Carreño Carlón por Díez-Canedo en el FCE

“Ya le tocaba”, se dijo en marzo de 2009, cuando Joaquín Díez-Canedo llegó a la Dirección del Fondo de Cultura Económica (FCE), en alusión a su propia trayectoria, heredada de la labor extraordinaria de su padre.

Ahora, tras el regreso priista al gobierno, la deja dos años antes de terminar su periodo de manera inexplicable, según el sentir de una comunidad cultura que consideraba natural su permanencia, para ocupar la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg).

Lo sustituye el periodista José Carreño Carlón, exdirector de Comunicación Social en la Presidencia con Carlos Salinas de Gortari, exdiputado federal por el PRI, exdirector del ya desaparecido diario oficial El Nacional, exdirector de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana y conductor de un programa en Televisa.

Ambos nombramientos, hechos por Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación Pública, causaron sorpresa en los medios.

Para la dirección de la editorial del Estado fue puesta en duda la capacidad de Carreño, y en cambio se destacó su posición respecto del movimiento estudiantil #YoSoy132 (que se opuso a la llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia), al cual calificó de grupo “entrenado”.

El escritor Gabriel Zaid consideró en su sitio en red de la revista Letras Libres que se trató de un “capricho presidencial”, y dijo que su “trayectoria como editor” de libros es nula. Y dado que le pareció “absurdo”, lo atribuyó a “delirios de retorno” de Salinas de Gortari.

En cambio, el escritor Jorge Ruiz Dueñas, quien ocupó diversos cargos tanto en la Conaliteg como en el FCE, se congratuló de que Díez-Canedo dirija la comisión que implica “una responsabilidad tremenda”, pues “es una gente que ha nacido entre libros”, aunque admitió a este semanario que sale de la editorial más importante de América Latina.

Dijo sobre Carreño, a quien conoce desde 1973, que si bien es una gente no afín a los libros, tendrá la oportunidad de conjuntar su capacidad de comunicador. El cargo, a final de cuentas –opina– no tiene que ser para una persona con “la aureola de la intelectualidad”. (J. Amador).