BOGOTÁ.- En su cruzada contra los militantes de la izquierdista Unión Patriótica (UP) y supuestos “colaboradores” de la guerrilla en su zona de influencia, en Urabá, el excomandante paramilitar Hebert Veloza García, El HH, decapitaba a sus víctimas. Él lo consideraba un método de guerra “normal para lo que queríamos, que era generar terror”.
“Una de las formas de ganar la guerra era generar terror. Una de las maneras de combatir al enemigo era generar terror ante las comunidades para que éstas no le sirvan al enemigo. Una de las formas de generar terror era esa: decapitando gente”, declaró Veloza durante el más reciente proceso que se le sigue en Colombia por homicidio agravado, desaparición forzada, concierto para delinquir, extorsión, secuestro, reclutamiento ilícito de menores y genocidio contra la UP, entre otros delitos por los cuales será sentenciado en las próximas semanas.
De acuerdo con el expediente de su caso, folio 11-001-60-00-2532006-810099 de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá, el 17 de mayo de 1997 El HH y sus hombres montaron un retén en las afueras de Apartadó, Antioquia, y detuvieron un vehículo donde viajaban trabajadores de la finca La Apartada. Preguntaron por Edilberto Cuadrado Llorente, militante de la UP y dirigente sindical, a quien, una vez identificado, bajaron del carro, ataron de manos y metieron en una plantación bananera donde lo decapitaron.
El Tigre, Manigueto y San Pedro, tres paramilitares al mando de Veloza García, abandonaron la cabeza de Cuadrado Llorente en plena vía pública de Apartadó y su cuerpo fue arrojado a predios de la finca La Niña de mis Ojos, de Carepa, Antioquia. “Queríamos que la población se sintiera intimidada”, dijo El HH a los investigadores de la fiscalía y a la policía judicial.
Ascenso del “HH”
Luego de ser chofer y “raspachín” de hoja de coca (el que extrae de la planta el concentrado que se transforma en cocaína base), en 1994 El HH se vinculó con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) por medio de los hermanos Carlos y Vicente Castaño, fundadores con su hermano Fidel de esos grupos armados ilegales de extrema derecha que tenían la misión de acabar con la guerrilla y “sus cómplices”, una definición laxa y arbitraria que costó la vida a millares de civiles inocentes.
En las AUC, que a principios de la década pasada llegaron a tener unos 30 mil hombres en todo el país, Veloza fue integrante de dos escuadrones de la muerte conocidos como El Grupo de los 20 y Los Escorpiones.
La noche del 13 de marzo de 1995 El HH y cinco escorpiones ingresaron a una humilde vivienda de Turbo, Antioquia, y asesinaron a machetazos a la pareja formada por Martha Chavarría y Rubén Darío Lora, cuya hija de 18 meses fue dejada, llorando, al lado de los cuerpos, según relataron los vecinos.
El 17 de enero de 1996 Luis Eduardo Cubides, concejal de la UP en Turbo, corrió la misma suerte que centenares de sus correligionarios: el grupo de Veloza lo torturó con saña antes de asesinarlo. Su hijo Luis Antonio lo encontró sin orejas, con el abdomen abierto y la cabeza semidesprendida.
Gracias a su sangre fría para cumplir las órdenes más macabras, El HH ascendió a jefe del Frente Turbo y luego fue comandante de los poderosos bloques Bananero y Calima de las AUC, que actuaban en Urabá.
El expediente de la Sala de Justicia y Paz acusa al excomandante paramilitar de 99 homicidios (adicionales a los que figuran en anteriores procesos), entre los que se mencionan dos matanzas: Una en Chigorodó, el 12 agosto 1995, donde él y sus hombres mataron a 18 personas en el bar El Aracatazo, y otra en Apartadó, el 3 de abril de 1996, en la cual acribillaron a 10 “colaboradores de la guerrilla” en un billar.
Según el magistrado Eduardo Castellanos Roso, relator del pliego de cargos contra el paramilitar, en la mayoría de los hechos criminales El HH y sus subalternos “no sabían quién era exactamente la víctima” e imperaba entre ellos “una lógica perversa de estigmatización de que (quienes masacraban) eran miembros o familiares de miembros de la guerrilla, lo que no importaba si fuera cierto o no, pero su intención era generar zozobra permanente en la población y disminuir la potencial colaboración con el bando enemigo”, lo que es, “abiertamente, un crimen de guerra”.
En sus declaraciones, El HH reconoció que las AUC asesinaron a “más inocentes que culpables” y sostuvo que la mayoría de operativos los realizaban en “estrecha colaboración” con oficiales de la policía y del ejército.
La caída
En 2004, a los 37 años, Veloza se desmovilizó como parte de un controvertido acuerdo entre el gobierno de Álvaro Uribe y las AUC. En sus declaraciones a la justicia, El HH –un apodo proveniente del alias Hernán Hernández que utilizó durante años– confesó 835 hechos delictivos y más de mil 500 actos de guerra de los bloques que comandaba, a los cuales atribuyó unos 3 mil asesinatos en Urabá, una rica zona agrícola unida por el Golfo de Urabá, cuyo litoral abarca los departamentos de Chocó, Antioquia y Córdoba y que colinda con las selvas panameñas del Darién.
En esta región confluyen la explotación intensiva del banano por parte de terratenientes y trasnacionales, la pobreza extrema, un histórico conflicto social y la presencia de todos los actores del conflicto armado colombiano: Las guerrillas de las FARC, del Ejército Popular de Liberación y del Ejército de Liberación Nacional; los paramilitares de las AUC, las fuerzas armadas, la policía nacional, los organismos de seguridad del Estado y los más poderosos grupos de narcotraficantes.
Se trata de un territorio en permanente disputa que tiene salida al Caribe y conecta con el centro del país. Esto lo convierte en un apetecido corredor para el tráfico de armas y drogas. Este negocio acabó por devorar a las AUC. Sus jefes terminaron convertidos en los máximos capos del narcotráfico de Colombia. El HH era uno de ellos.
En abril de 2004 Veloza y el jefe paramilitar Manoleche, al mando de 50 hombres, ejecutaron en una finca del departamento de Córdoba al comandante de las AUC Carlos Castaño por órdenes de su propio hermano, Vicente Castaño, mentor del HH y con quien regresó a la clandestinidad en 2006, tras su desmovilización.
De Vicente Castaño no se ha sabido nada. En cambio El HH fue capturado en 2007 en una finca de Antioquia y tres meses después Estados Unidos solicitó su extradición para responder por cargos de narcotráfico. En 2009 fue entregado a las autoridades de ese país y desde entonces está encarcelado en Nueva York. Desde allí continúa rindiendo declaraciones a la justicia colombiana vía videoconferencias.
No le alcanzará la vida para purgar las condenas que ha recibido y recibirá, pero confía en que su colaboración con la justicia se traduzca en condiciones de reclusión menos severas.








