Señor director:
Leo lo publicado en Proceso 1888 sobre el asesinato de José María Bulnes y no logro pensar en otra cosa. Era un tipo extraordinario. Permítame agregar un par de detalles a la semblanza escrita por Rafael Vargas. También lo conocí cuando se exilió en nuestro país y lo asignaron al centro donde yo era ayudante de investigación en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.
Cuando tenía poco de vivir en México tuvimos cambio de director. Terminaba el periodo de Víctor Flores Olea y con él vendría un nuevo coordinador. Bulnes no había captado las particularidades de la grilla mexicana, nos escuchaba hablar de los candidatos como si de ello dependiera realmente nuestro futuro. No había consenso. Asombrado por tantos días de discusión dijo: pongamos los nombres de todos nosotros en un papel, doblémoslos y con un pajarito de ésos que eligen con el pico solucionemos de una vez por todas el problema y pongámonos a trabajar. Carcajada general y vuelta a nuestro asunto. El maestro lo decía en serio.
Muchos años después, cuando ya se había regresado a Chile, en 2004, leí en el libro que ese año publicaron Maturana y Varela el origen de la palabra autopoiesis que Luhmann volviera tan conocida. El término se le había ocurrido a Maturana conversando con José María Bulnes acerca de su trabajo sobre praxis y poesis en el Quijote. Lo busqué por mail para felicitarlo por haber inspirado un concepto que diera cuenta de la organización de lo vivo. No le dio importancia y me respondió con preguntas sobre conversaciones de los años setenta, quería saber si por fin había leído completo a Illich y a Teilhard de Chardin. Solía recomendar lecturas que iban a contrapunto de lo que flotaba en el ambiente pero que hincándoles el diente uno quedaba realmente agradecido.
Lamento la manera tan violenta de morir de este gran pacifista que nos regaló el exilio chileno de aquellos años.
Atentamente
Fátima Fernández Christlieb








