Cercana, la justicia para Víctor Jara

El 16 de septiembre de 1973, en el contexto del golpe de Estado en contra de Salvador Allende, el célebre compositor y cantante Víctor Jara se puso a escribir una canción en las gradas del Estadio Chile, donde se encontraba detenido. No pudo terminarla. Soldados le hicieron soltar la libreta y el lápiz y lo arrastraron hacia los vestidores. Lo golpearon brutalmente y le propinaron al menos 44 disparos… Casi 40 años después, la justicia chilena procesa a ocho militares en retiro por ese asesinato. El caso es paradigmático: lanza el mensaje de que en Chile este tipo de crímenes es perseguido sin importar el tiempo y lugar donde se cometieron, dice a Proceso el abogado Nelson Caucoto.

VALPARAÍSO, CHILE.- A casi 40 años del asesinato de Víctor Jara, se empieza a hacer justicia: el pasado 22 de diciembre el juez Miguel Vásquez Plaza determinó procesar a ocho oficiales en retiro del ejército, dos de ellos como autores del homicidio del popular cantante y compositor chileno.

Vásquez determinó que los asesinos materiales de Jara fueron el teniente Pedro Barrientos y el coronel Hugo Sánchez, quienes están inculpados por “homicidio calificado”, delito previsto en el artículo 391 N° 1 del Código Penal chileno.

Entre los acusados hay dos militares que jugaron un papel activo en el “tanquetazo”, maniobra realizada el 29 de junio de 1973 y que fue un anticipo de lo que sería el golpe. Se trata de los oficiales en retiro Roberto Souper, jefe de los sublevados, y Edwin Dimter, alias El Príncipe. Además están bajo proceso como cómplices Raúl González, Nelson Haase, Luis Bethke y Jorge Smith.

Los procesados, salvo Souper –que está internado en una clínica psiquiátrica– y Barrientos –que vive en Estados Unidos–, ya fueron notificados de la resolución y se encuentran cumpliendo prisión preventiva en el Batallón de Policía Militar N°1 del Ejército. El ministro Vásquez enviará próximamente la solicitud de extradición a Estados Unidos en contra de Barrientos.

Este oficial, que se estableció en 1990 en Florida, fue entrevistado en agosto último por el programa de periodismo de investigación En la mira, de Chilevisión. Le preguntaron directamente si él había asesinado a Jara. “Nunca he estado en el Estadio Chile, y al momento del golpe no sabía quién era el cantante Jara”, respondió.

 

Lecciones

 

Víctor Jara es, junto con Violeta Parra, el más grande referente del canto popular chileno. De origen campesino, fue un destacado director de teatro. De hecho, ganó en 1965 el premio al mejor director por la puesta en escena La maña, de Ann Jellicoe.

Dirigió el afamado conjunto Quilapayún entre 1965 y 1969. Sus canciones, como Pongo en tus manos abiertas y El derecho de vivir en paz, fueron altamente significativas en el proceso de transformación que lideró Salvador Allende y que quiso redimir a humillados y desposeídos. Tras su asesinato, su figura ha ido creciendo hasta convertirse en un símbolo por su defensa de la paz y la justicia.

En entrevista con Proceso, el abogado de la familia del cantautor, Nelson Caucoto, se dice convencido de que se está llegando a una parte clave del juicio iniciado contra los citados militares tras la presentación de una querella en 1998.

Señala que si los autos de procesamiento son confirmados, “indudablemente nos estaremos acercando a la dictación de una sentencia”, lo que a su juicio sería “trascendente”.

Considera “notable” la mencionada resolución y sostiene que “es un síntoma del avance de la sociedad chilena y de la actividad judicial que aquí se desarrolla, e indudablemente es también una lección para los demás países”.

Caucoto, quien ha jugado un papel clave en la derrota de la amnistía y la prescripción en casos de delitos de lesa humanidad, destaca: “El que en Chile se investigue un caso que ocurrió hace 39 años atrás y nadie se inmute (…) habla bien de esta sociedad chilena y de los jueces, porque han materializado este principio de derecho internacional que sostiene que hay crímenes que son imprescriptibles”.­

Advierte: “Las dictaduras del futuro están siendo notificadas con este fallo de que estos crímenes van a ser perseguidos en cualquier lugar que se cometan y durante cualquier tiempo que hayan ocurrido”.­

Sin embargo, Caucoto es cauto: “No es hora de celebrar: la resolución del ministro Vásquez es importante pero hay que estar conscientes de que va a ser apelada en las cortes de Santiago”.

Al hacer un análisis retrospectivo del proceso por el asesinato de Jara, el abogado denuncia el papel que jugó el ejército en el caso. “En la respuesta oficial del Estado de Chile ante la Comisión Interamericana, el mismo año de 1973, se dijo que Jara fue ultimado por unos francotiradores”.

La actitud de los jefes del ejército en las actuaciones judiciales desarrolladas tras el retorno de la democracia ha sido de poca colaboración: “Si hubieran dado los nombres de la estructura del mando en el Estadio Chile habríamos sabido a quiénes apuntar desde el primer momento, pero ni siquiera ese dato lo tuvimos; ni siquiera el dato de quién era el jefe del Estadio Chile lo obtuvimos por ellos, sino que lo obtuvimos a partir de una investigación que ha sido dificultosa, compleja, pero que hoy día está dando sus frutos”.

Caucoto otorga el mérito de los avances judiciales a los jueces que, como Vásquez, han investigado y aplicado la jurisprudencia internacional en materia de derechos humanos, así como a la familia de Víctor Jara.

En una concurrida conferencia de prensa realizada en el Estadio Víctor Jara (exestadio Chile) el pasado miércoles 2, la viuda del cantautor, Joan Jara, expresó: “En este momento hay que estar tranquilos y saber que hay mucho trabajo por delante para lograr por fin la justicia verdadera no sólo para Víctor, sino para todas las víctimas que sufrieron tanto en este lugar y en tantos otros lugares en Chile”.

 

En el Estadio Chile

 

En su citada resolución el juez Vásquez establece que el 11 de septiembre de 1973, “a raíz de la asunción del gobierno militar de facto, la entonces Universidad Técnica del Estado (UTE) –donde se encontraba Jara–, fue sitiada por efectivos del Regimiento Arica del Ejército de Chile, provenientes de la ciudad de La Serena”.

Un día después, esos elementos armados ocuparon la casa de estudios y detuvieron a quienes se encontraban ahí resistiendo la asonada golpista. “(Estas) personas fueron luego trasladadas en autobuses de locomoción colectiva hasta el Estadio Chile”, según concluyó el magistrado.

Entre los docentes aprehendidos se encontraba Víctor Jara, quien también se desem­peñaba como investigador de la UTE. Durante su detención “fue reconocido por personal militar instalado dentro del Estadio Chile, siendo separado del resto de los prisioneros para ser llevado a otras dependencias ubicadas en los vestidores del estadio, ocupadas como salas de interrogatorios y de torturas, donde fuera agredido físicamente en forma permanente por varios oficiales”, consigna la resolución.

En su libro Víctor Jara, un canto truncado, Joan Jara narra que su esposo partió “el once” de septiembre de 1973 de su casa de Colón (sector oriente de Santiago), poco después de las 9:00 de la mañana, con destino a la UTE. Tenía previsto cantar ahí con motivo de una exposición cultural antifascista que sería inaugurada por el presidente Salvador Allende, quien convocaría a un plebiscito en el que se decidiría su permanencia en el poder.

Víctor, enterado por la radio del golpe, sintió que su deber era estar con sus compañeros: “plantar cara” a los golpistas. Junto con un millar de personas, decidió permanecer en la universidad. Se quedaron hasta el día siguiente.

Boris Navia, exprisionero del Estadio Chile, narró en septiembre de 2004 al corresponsal que “al amanecer del 12 de septiembre de 1973 la UTE fue atacada a cañonazos y metralla e invadida por efectivos del ejército. Las mujeres fueron dejadas en libertad y los varones, que eran alrededor de 600, fueron tendidos boca abajo en el piso de un gran patio de la UTE. Así permanecimos entre las 8:00 de la mañana y las tres de la tarde, tiempo en el que fuimos golpeados a culatazos y pisoteados. Los que trataron de escapar, y un camarógrafo de televisión que quiso registrar aquellas escenas, fueron asesinados en el acto”.

El resto fue llevado al Estadio Chile, un recinto techado donde se organizaban actividades deportivas y culturales y donde Jara se había consagrado al obtener el primer premio del Festival de la Nueva Canción Chilena, realizado en 1969, con su canción Plegaria de un labrador.

Navia, que estuvo junto a él en esas difíciles circunstancias y cuyo testimonio ha sido relevante en el transcurso de la investigación judicial, narró: “Entre bayonetazos y golpes nos conducen al ‘Chile’… (estando allí) el oficial a cargo descubre entre los presos a Víctor Jara”.

Afirma que en ese momento un oficial tomó su pistola por el cañón y, “hecho un loco”, empezó a golpear en la cabeza y en las costillas a Víctor. De pronto, el oficial se dio cuenta de que todo el mundo lo estaba mirando mientras Víctor yacía en el suelo, muy golpeado y con un ojo casi reventado, varias costillas hundidas y la sangre manándole por el rostro. “¡A este hijo de puta me lo dejan en ese pasillo, y si se mueve lo matan, carajo!”, dijo.

Los cerca de 5 mil presos que allí estuvieron “debían permanecer buena parte del tiempo sentados con su cabeza entre las rodillas, mientras los iluminaban con focos y un oficial, que se hacía llamar El Príncipe, los insultaba y amenazaba por altoparlantes con partirlos con ‘la sierra de Hitler’, como llamaba a una ametralladora punto cincuenta”.

Según el relato de Navia, que es coherente con la reconstrucción de los hechos realizada por el ministro Vásquez, el jueves 13 (de septiembre), tras el revuelo provocado por la llegada de un centenar de personas provenientes de la población La Legua, los militares le quitaron atención a Víctor Jara, quien fue llevado junto al resto de los detenidos a la zona de las graderías. Esto permitió que otros prisioneros, entre ellos Navia, restañaran sus heridas.

Navia señala que la mañana del 16 de septiembre de 1973, mientras “se corre la voz de que tres o cuatro personas iban a salir en libertad, Víctor se puso a escribir la canción Estadio Chile”. Antes de que terminara, los soldados lo tomaron fuertemente por atrás, él soltó la libreta y el lápiz, y lo arrastraron hacia uno de los locutorios, que era transparente, donde fue exhibido ante oficiales de la Marina, quienes lo insultaron y golpearon. “Empezamos a ver cómo un soldado maltrata a Víctor con la culata en la cabeza, en la espalda”.

Navia consiguió rescatar para la posteridad el escrito final de Víctor.

En el Punto 2-F de la resolución se determina que “ese 16 de septiembre de 1973, se procedió al traslado de todos los detenidos del Estadio Chile, con excepción de Víctor Jara Martínez y de Litre Quiroga Carvajal (entonces director del Servicio de Prisiones), oportunidad en que se dio muerte a Víctor Lidio Jara Martínez, hecho que se produjo a consecuencia de, al menos, 44 impactos de bala, según se precisa en el respectivo informe de autopsia”.

El conscripto y testigo clave José Paredes sostuvo ante la justicia que el 16 de septiembre de 1973 Jara fue llevado visiblemente golpeado a los vestidores del Estadio Chile, donde él hacía guardia. Añadió que después de propinarle una brutal golpiza en medio de un interrogatorio, el teniente Pedro Barrientos le disparó un tiro en la sien.

El cadáver de Jara, junto al de otras tres personas más, fue arrojado por los militares en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano –situado en la periferia sur de Santiago–, en un terreno baldío cercano a una línea de ferrocarril, con signos evidentes de haber recibido golpes en el cuerpo y numerosos impactos de bala.

En entrevista con el corresponsal realizada en septiembre de 2004, Joan Jara subrayó la vigencia del cantautor chileno: “Él es hoy reconocido como parte de la historia cultural de Chile. El estadio donde murió lleva su nombre. Además, es respetado como un hombre valiente que dedicó su vida a luchar por la justicia social”.