En el ámbito local, el año que comienza y cuya segunda semana ya transcurre con toda fluidez, pondrá a prueba a las distintas autoridades elegidas por los jaliscienses el 1 de julio de 2012; autoridades que de octubre para acá se han venido integrando a los puestos de mando, primero en los gobiernos municipales y desde el primer día de noviembre en el Congreso local.
Este 2013 también pondrá a prueba a quienes, a partir de mayo próximo, llegarán con la etiqueta de ser formalmente las “nuevas” autoridades de la Universidad de Guadalajara. (El entrecomillado se debe a que, en la práctica, esa presunta novedad no pasa de ser un reciclaje obvio y un reacomodo ídem entre los añejos altos mandos de esa institución que administra a discreción y sin ninguna fiscalización o auditoría mínimamente creíble el presupuesto público más alto en Jalisco después del gobierno estatal.)
¿Qué harán en el año que recién comienza las autoridades de recambio, en cuyas manos estará conducir el destino de Jalisco durante los próximos tres años (en el caso de munícipes y diputados) y del sexenio que comienza en los próximos meses (por lo que respecta al gobierno del estado y a la UdeG)? ¿Comenzará a convertirse en realidad la cacareada Ciudad Creativa Digital, en las inmediaciones del parque Morelos, o será otra más de las ilusiones perdidas o de los recurrentes sueños guajiros de la Guadalajara del siglo XXI, como fue el caso del Proyecto Alameda, el cual, según sus promotores, estaba concebido para repoblar la zona centro de la ciudad? ¿Qué van a hacer con la tristemente célebre Villa Panamericana las autoridades del ayuntamiento de Zapopan y la administración estatal que entrará en funciones el 1 de marzo de 2013? ¿Con cuántos de sus compromisos de campaña podrá cumplir Aristóteles Sandoval, el gobernador electo y quien en cosa de siete semanas estará debutando como gobernador a secas?
Estos son algunos de los enigmas que habrán de irse despejando conforme se haga adulto 2013 y cada uno de los nuevos funcionarios sea alcanzado por las palabras que pronunciara cuando anduvo en campaña, cuando trataba de convencer a la ciudadanía de que era la mejor opción electoral. Así, por ejemplo, en el pasado inmediato (léase antes de alcanzar su objetivo político) los priistas Héctor Robles Peiro y Aristóteles Sandoval, en su condición de aspirantes a la alcaldía de Zapopan y al gobierno de Jalisco, respectivamente, vapulearon de lo lindo la Villa Panamericana, criticándola –con toda razón, por lo demás– de ser un proyecto mal concebido por las autoridades panistas de ese momento. Ahora habrá que ver lo que hacen con ese conjunto habitacional, el cual estuvo ocupado unas pocas semanas por los atletas que, a finales de 2011, participaron en los Juegos Panamericanos y en los Parapanamericanos. A partir de entonces el conjunto habitacional ha permanecido clausurado, sin que se haya podido realizar la venta de departamentos ni recuperarse la cuantiosa inversión.
Durante una campaña política se puede hablar muy cómodamente de los desatinos cometidos por funcionarios a los que se busca suceder, y máxime cuando éstos son de otro partido político. Pero las cosas se ven de otra manera cuando se llega a un alto cargo público y debe pasarse del dicho al hecho. Entonces aparece algo que se llama intereses creados, a los cuales, a quererlo o no, se afecta en el momento de tomar decisiones. Y en el caso de la Villa Panamericana hay mucho dinero invertido tanto del gobierno del estado como de los trabajadores afiliados al Instituto de Pensiones, centenares y centenares de millones de pesos que no se pueden perder así como así, por más malhecha y contaminante que sea la obra en que están invertidos tales recursos.
Al todavía gobernador electo pronto lo van a alcanzar también otras palabras, habladas, promesas o compromisos que hizo durante los meses de campaña. Ofreció, por ejemplo, transporte gratuito para los estudiantes de Jalisco; aumentar al doble el presupuesto de la Secretaría de Cultura; salvar las poblaciones alteñas de Acasico, Palmarejo y Temacapulín, amenazadas por la presa de El Zapotillo, concebida fundamentalmente para llevar agua a la zona metropolitana de León, en el vecino estado de Guanajuato, y cuya construcción se encuentra en marcha; ampliar la cobertura del Tren Eléctrico Urbano; cambiar el uso de Casa Jalisco, convirtiendo la que hasta ahora ha sido la residencia oficial del gobernador en un centro de atención a grupos sociales vulnerables.
Para poder cumplir en los dos primeros casos, tanto Aristóteles Sandoval como sus asesores, equipo de transición y anexas saben perfectamente que no tendrían más opción que sacar esos recursos del presupuesto de otros programas y dependencias del propio gobierno del estado, lo que a la hora de la verdad no es tan sencillo, pues fatalmente descobijarían otras áreas de la administración pública. Así que, mientras el inminente sucesor de Emilio González Márquez no reasigne tales recursos oficiales, esos “compromisos” de campaña no pasarán de ser puro jarabe de pico.
Y por lo que hace al salvamento de Temaca, Acasico y Palmarejo, a fin de honrar la palabra dada a las personas que resultarían afectadas con el proyecto de El Zapotillo, evitando que sean inundados sus pueblos y propiedades, Aristóteles Sandoval sólo tiene dos opciones: lograr la cancelación de la presa de marras (algo que el susodicho no descartó durante su campaña) o conseguir que se baje significativamente la altura de la cortina de dicha represa.
En cualquiera de los dos casos se podrá ver si el próximo gobernador de Jalisco es un verdadero servidor público, que no engaña a la gente que votó por él, aun cuando para ello tenga que enfrentar a autoridades federales y sobre todo a las del vecino estado de Guanajuato, que son las principales interesadas en la construcción de la presa de El Zapotillo, o si sólo se trata de otro simulador, hijo de la charlatanería, de esos acostumbrados a burlar las esperanzas de los demás, al prometer cosas que saben que serán incapaces de cumplir o, en caso de poder, sencillamente no querrán hacerlo por los intereses (políticos y económicos) que hay en juego.
Menos complicada parece ser la promesa de llevar hacia otros rumbos de la zona metropolitana el atomizado servicio del Tren Ligero, pues el nuevo titular del gobierno federal, Enrique Peña Nieto, hizo explícito ese ofrecimiento. El enigma es por dónde correría la eventual tercera línea de ese cotizado sistema de transporte: si de Zapopan a Tlaquepaque, atravesando diagonalmente el municipio de Guadalajara, o si seguiría el derrotero propuesto –nada más propuesto– por la administración de González Márquez, desde el extremo sur del territorio tapatío hasta las colonias más pobladas de Tlajomulco.
Y por lo que hace a los enigmas en la Universidad de Guadalajara para la zafra 2013, en pocos meses estará siendo designando al nuevo rector general. Éste, como de costumbre, habrá de ser ungido por el grupo político que controla a esa institución pública y no elegido por los más de 200 mil integrantes de la comunidad universitaria, quienes, como se sabe, ni siquiera tienen el derecho elemental de elegir a sus autoridades, comenzando por la principal de ellas. Y ello por una bien calculada disposición estatutaria que beneficia al mencionado grupo político universitario, encabezado por el exrector Raúl Padilla. Así es, ¡en pleno siglo XXI!, la vida “democrática” en la UdeG, una aberración que no parece que vaya a ser corregida en este debutante y enigmático 2013, del cual se esperaría que hiciera efectiva una arraigada creencia popular: “años nones, años de dones”.








