El poder del Comité Olímpico Mexicano es tan grande que su directivo Ricardo Contreras Hernández, presidente de la Federación Mexicana de Boxeo de Aficionados, se da el lujo de no acatar el mandato de la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte que le ordenó restituir a Vicente Torres como entrenador de la selección de boxeo de aficionados del Distrito Federal, cargo del que lo suspendió en 2005. Según Torres, su sanción se debió a una venganza orquestada por Contreras porque se atrevió a demandarlo por falsificación de firmas para despojarlo de una parte de su salario.
El veterano entrenador Vicente Borrego Torres Navarro se ufana de ser piedra angular en la obtención de por lo menos seis de las 12 medallas olímpicas del país en boxeo, desde las cuatro preseas logradas en México 68, e incluso hasta del “más reciente” y único logro, en Sidney 2000.
El hombre que rebasa los 74 años se ganó con creces el reconocimiento, tanto así que el presidente Gustavo Díaz Ordaz lo premió con una casa en la zona de Satélite por la labor realizada como auxiliar de entrenadores de boxeo en los Juegos Olímpicos de 1968.
Lo tenía todo: hogar, auto, trabajo, trayectoria y estabilidad económica. En sus mejores tiempos ganaba 50 mil pesos mensuales. Fue entrenador nacional de México y de Honduras, incansable promotor, manager, representante de pugilistas y Premio Nacional de Deportes 2000. Era, lo que se dice, un hombre afortunado.
Pero ya nada le queda de eso. El Borrego Torres vive el momento más amargo de su existencia: está arruinado, sin trabajo. Para colmo, en un intento desesperado por salir de sus deudas, este año remató la casa que le obsequiara Díaz Ordaz.
También se quedó sin automóvil; el último se lo robaron y como no estaba asegurado no pudo recuperarlo. Ahora, sin hogar y sin sustento, las deudas empiezan a asfixiarlo de nuevo.
Tiene cuatro hijos, dos de ellos menores de edad –uno de nueve y otro de siete años–, y por su precaria situación económica encontró cobijo en la casa de una tía enferma con quien, dice, vive “de arrimado” con su familia.
Al borde del nocaut, El Borrego se dice víctima del bloqueo sistemático del eterno presidente de la Federación Mexicana de Boxeo de Aficionados, A.C. (FMBA), Ricardo Contreras Hernández, el segundo hombre más fuerte del Comité Olímpico Mexicano (COM).
El 5 de enero de 2006 la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte (CAAD) –expediente CAAD-RA-30/2005– ordenó a Contreras que restituyera en su cargo a Torres, a quien expulsó en mayo de 2005 como entrenador de la selección de boxeo de aficionados del Distrito Federal por el resto de la Olimpiada Nacional de ese año.
También fue suspendido para el siguiente Campeonato Nacional de la especialidad de 2006 organizado por la federación. Además, se le impuso una multa de mil 404 pesos, equivalente a 30 días de salario mínimo vigente en el Distrito Federal. No obstante, Contreras desacató la orden del máximo tribunal de justicia deportiva en el país.
Torres fue acusado por la FMBA “de agredir física y verbalmente” al juez/árbitro Noé Soto Vázquez en la pelea número 44 de la Olimpiada Nacional, en Chiapas, protagonizada por los pugilistas Cristian Bojórquez, de Baja California, y Édgar Salinas, del Distrito Federal. Por ello, la federación lo encaró con la Comisión de Honor y Justicia, presidida por Contreras, que falló en su contra.
Revancha
Según Torres, la resolución de la FMBA fue una venganza porque en julio de 2004 demandó a Contreras por fraude y falsificación de firmas al cobrar íntegro el dinero que la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) destinaba a la federación para pagar el salario del entrenador del equipo olímpico de boxeo.
El entrenador muestra a Proceso documentos que indican que de abril a diciembre de 1998 únicamente recibió de la FMBA pagos quincenales de 2 mil 500 pesos, en lugar de los 10 mil asignados por la Conade, como se asienta en el oficio firmado el 11 de marzo de 2004 por el entonces subdirector general de Calidad para el Deporte, Rodrigo González Sesma.
Conforme al citado documento, en relación con el “apoyo otorgado de abril a diciembre de 1998”, la Conade destinó una compensación especial de 50 mil pesos para el entrenador de boxeo en diciembre de ese año para un total de 130 mil pesos. No obstante, El Borrego sólo recibió un pago de 45 mil pesos en nueve meses. En total, 85 mil pesos quedaron en poder de Contreras.
González Sesma completó la información con fotocopias de las supuestas firmas de Torres, quien insiste en no reconocerlas: “Nunca le firmé nada, pero mandó recibos a la Conade con esta leyenda: ‘Recibí de la Federación Mexicana de Boxeo de Aficionados la cantidad de 2 mil 500 pesos por concepto de apoyo al programa de preparación y competencia de 1998 correspondiente al mes de abril del año en curso’, acompañada de mi supuesta firma, que ni siquiera es idéntica a la otra. Sólo mi RFC coincide”.
Contreras nunca restituyó en sus funciones a Torres. Por el contrario, el 6 de abril de 2006 solicitó un amparo directo –número 905/2011– contra la resolución de la CAAD, que le fue negado por el Décimo Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito el pasado 17 de abril. Luego pidió la nulidad del fallo, pero recibió otro descalabro el 12 de agosto último, ahora de la Sexta Sala Regional Metropolitana del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa.
Finalmente, el 24 de mayo pasado, la CAAD resolvió declarar restituidos plenamente los derechos de Torres como entrenador de la selección de la Asociación de Boxeo del Distrito Federal. El órgano de justicia deportiva procedió a solicitarle tanto a la Conade como a la Codeme que inicien el procedimiento sancionatorio en contra de la FMBA, por conducto de su presidente, Ricardo Contreras Hernández, al no haber dado cumplimiento a la multicitada resolución definitiva del 5 de enero de 2006.
Torres afirma: “Para mí el daño fue económico, por el bloqueo del que fui objeto por parte de Ricardo Contreras, y para lo cual se prestaron las autoridades”.
–¿A qué se dedica ahora?
–Estoy todo fregado y sin trabajo. Me fui de arrimado con toda la familia a la casa de una tía enferma. Mi situación está cañona. Además, ¿cuántos entrenadores de mi nivel hay en todos los deportes del país? ¡No los hay!
–¿Ha buscado el apoyo de las autoridades? –Se le pregunta.
–Te cierran las puertas. No pasa nada en nuestro país. ¿Ante qué autoridad te defiendes? ¿Una demanda es la mejor opción? El daño viene de cuando yo ganaba bien.
Al limbo
Al ver que no había solución para su problema, Torres pidió el apoyo del presidente de la Confederación Deportiva Mexicana, Alonso Pérez, “pero siempre me decía: ‘aguántate. Espérate a que vengan los cambios’. Y así me ha traído desde 2000; ya son 12 años. ‘No me chingue’, le dije. Nada más porque prometí no hacer escándalos”.
Desesperado, Torres solicitó un documento de la Conade en el que le detallara cómo le fueron bajando su sueldo de entrenador del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR), pues de 20 mil pesos que devengó en los tiempos de Nelson Vargas, en el sexenio de Vicente Fox se lo redujeron a 8 mil.
“Eso es anticonstitucional. Nelson me dejó como entrenador de boxeo del CNAR con un salario de 20 mil pesos, y Carlos Hermosillo –exfutbolista que inició en la Conade en el sexenio pasado– me bajó el sueldo: empezaron con 16 mil, luego 15, 11 y 8 mil, siendo yo jefe de entrenadores de todas las selecciones del CNAR de 2002 a 2008. Finalmente me quitaron de este organismo; me mandaron a la Conade, donde sólo me pagaron el mes de enero de 2008 y después dejaron de pagarme dos años.”
Y añade: “Las anteriores autoridades me dijeron que ya iban de salida y que no había tiempo para solucionar nada. Solicité la intervención de Alejandro Cárdenas (subdirector general de Calidad para el Deporte), quien se excusó: ‘¿Cómo te asigno un buen salario si no es como entrenador nacional de boxeo?’. Ellos también se prestaron a este bloqueo”.
El entrenador no trabaja formalmente desde enero de 2008. “La gente me prestaba dinero y cuando ya no tuve recursos para pagarles tuve que vender la casa. El dinero ya se acabó y ya me empecé a endrogar otra vez”.
Torres forma parte de la dinastía más antigua del boxeo nacional: su abuelo, Jesús Torres, fue boxeador en 1897 y luego entrenador; su primo José Bulldog González fue campeón nacional ligero en 1929 y luego entrenador y manager; otro primo, Francisco Bolas González, fue boxeador, entrenador, masajista y ortopedista; su tío Rafael Tío Torres también fue peleador, entrenador y manager, al igual que su padre, Vicente Borrego Torres.
Su tío Juan Zurita se proclamó campeón nacional pluma y ligero, y campeón mundial ligero en 1944. El propio Torres Navarro ha sido ayudante de entrenadores, entrenador nacional de boxeo de Honduras, entrenador distrital de boxeo en Bogotá, Colombia, y entrenador nacional del equipo olímpico, entre otras actividades.
“Mi primer reportaje me lo hicieron en 1940; todavía no cumplía dos años. Me acuerdo muy bien el título del texto: ‘Vicente Torres, el futuro as del boxeo mexicano’”; sin embargo, de poco ha valido su trayectoria.
“El presidente de la Federación Mexicana de Boxeo de Aficionados me dañó económicamente, cuando en los últimos 24 años sólo se han logrado dos medallas olímpicas en el boxeo mexicano, y las dos son mías: Sidney 2000 (Cristian Bejarano) y Seúl 88 (Mario González), ambas en situaciones muy complicadas.
“Yo estaba bien económicamente: tenía boxeadores profesionales, entre ellos a Alfredo Pitalúa y Freddy Riel Hernández, los dos colombianos. Pero nos encontramos ante otra mafia: Pitalúa duró tres años como retador oficial al título mundial y nunca recibió la oportunidad del Consejo Mundial de Boxeo. Por eso me retiré”, dice.
De su trayectoria guarda varias anécdotas. Recuerda cuando el presidente Gustavo Díaz Ordaz lo conminó a seguir en el boxeo mexicano después de dirigir a la selección nacional de boxeo de Honduras. Torres fue muy claro: “Mi plan no es continuar en este deporte, sino dedicarme a una actividad para dejarle algo a los hijos. Tal vez un negocio, una fábrica”.
Pero Díaz Ordaz fue por demás enfático: ‘Aún estás muy joven, seguirás en el boxeo, que te voy a ayudar con tu fábrica’. Cuando El Borrego se marchó a trabajar a Colombia “a la fábrica se la llevó la chingada”.
“Soy presidente de la Asociación Mexicana de Entrenadores de Medallistas Olímpicos y llevo tres o cuatro sexenios pidiendo que nos ayuden con algo. Toda la vida nos hemos dedicado al deporte y no tenemos para vivir en la vejez, porque nunca tuvimos seguro social, pues nos daban contratos anuales.”








