El abandono de los ancianos en “La demora”, de Rodrigo Plá

El director mexicano de origen uruguayo habla con entusiasmo de su tercer largometraje (luego de La zona y Desierto adentro). La nueva cinta, filmada por completo en Montevideo, parte de una anécdota real, la del abandono de un anciano en una calle de esa ciudad debido a la imposibilidad de su hija de mantenerlo. Rodrigo Plá y su esposa, Laura Santullo (colaboradora en la dirección) ahondaron en el fenómeno, y el realizador detalla en entrevista las dificultades para encontrar la manera de contar esa historia sin caer en el melodrama.

El mexicano-uruguayo Rodrigo Plá aborda el tema de la vejez en su tercer largometraje, La demora. Sabía, como también su esposa y guionista de la historia, Laura Santullo, que no era algo en lo que un público amplísimo se pudiera interesar. Sin embargo, cree que “representa bien lo que pensamos”.

La película, ganadora del Premio Forum del Jurado Ecuménico en el pasado Festival de Berlín, se proyecta en la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional en el área metropolitana, así como en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y en el Centro Cultural Tijuana hasta finales de este mes.

Sus dos cintas largas anteriores fueron filmadas en México, La zona y Desierto adentro; La demora se rodó en Uruguay, aunque es una producción de ese país, de Francia y de México.

Plá, nacido en Montevideo, Uruguay, en 1968, narra en entrevista que el filme surgió a partir de una nota de un periódico que leyó Santullo:

“Hablaba de gente de la tercera edad que era abandonada por familiares en plazas públicas, clínicas, en fin, de Montevideo. Ella se empezó a imaginar qué tipo de persona era capaz de dejar a alguien mayor en la calle. Primero se razona de manera simplista al pensar que quien hace eso es un miserable, pero Laura se puso a hondar. Entonces, escribió un cuento en prosa titulado La espera, es precioso, y está construido a partir de dos monólogos escritos en primera persona. Son las voces del papá de la tercera edad y la hija divorciada que cuentan este acontecimiento del abandono.

“Creo que ese relato me ayudó a comprender a plenitud lo que sentían y pensaban estos personajes, y decidimos que era una buena historia para llevarse a la pantalla. Supongo que el tópico está vinculado a nuestra edad. Tenemos 40 años y empezamos a pensar en la vejez y en mi caso estaba muy cercano a la situación porque mi propio padre estaba muy mal, ya falleció. Entonces, padecía problemas de memoria.”

A Plá, graduado en el Centro de Capacitación Cinematográfica, le pareció que además era un largometraje chico y por ello podría realizarlo con pocos recursos, porque es una historia más de personajes y pocas locaciones.

Entonces, Santillo, también de origen uruguayo y nacionalizada mexicana, adaptó el cuento:

“Como ella estaba más cercana a hablar de Uruguay porque llegó a vivir un tiempo, cuando acabó la dictadura, y mi familia se quedó en México, aparte de que ya tenía este cuento y comprendía los personajes, decidimos que escribiera sola el guión, pero el hecho de que seamos pareja y compartamos la vida hizo que yo estuviera muy cerca de la escritura del texto cinematográfico.

“En esta película incluso la participación de Laura fue diferente. Cuando hicimos las películas previas mis hijos estaban muy pequeños y ella ni siquiera conoció los sets. Ahora La demora se filmó en Montevideo, que es una ciudad pequeña y nuestros hijos estaban más grandes, por lo cual pudo intervenir mucho más en el rodaje e iba a los ensayos y ahí terminamos de ajustar el guión. Es como si yo hubiera participado en la última reescritura del guión, donde los diálogos se ajustaban a los requerimientos de los actores y al espacio. Por eso, Laura tiene el crédito como colaboradora en la dirección.”

La demora se sitúa en la capital de la República Oriental del Uruguay. Allí, conforme Agustín va volviéndose cada día más senil, su dependencia hacia María, la madura hija divorciada y con dos hijos, es más pronunciada. Pronto la presión económica y social que genera la presencia del padre conduce a la desesperada hija a una decisión difícil de tomar.

Los protagonistas son Roxana Blanco y Carlos Vallarino. Este último es la primera vez que actúa y asegura que no fue difícil su papel. Arquitecto de profesión, su carrera actoral empieza a los 80 años, porque después de trabajar en la cinta fue llamado a incursionar al teatro. Él mismo platica:

“Fue muy conmovedor hacer un personaje más viejo de lo que yo me siento. He tenido muchas experiencias de amigos que están en esa situación.”

Plá cuenta que desde que vio a Vallarino lo impresionó:

“Era consciente de que por ser una película de personajes se iba a sostener en las dos interpretaciones de los principales, el padre y la hija. Sabía que debía ser una elección muy buena y un trabajo actoral muy fino, depurado. Conocía a Roxana Blanco, una actriz uruguaya con mucho reconocimiento en el país. Ha tenido oportunidad de participar en cine, aunque en Uruguay se hacen pocas cintas al año, y es una becaria de por vida en el teatro. Es una actriz de muy alto nivel.

“Entonces intenté encontrar a alguien que pudiera hacer el papel del padre, pero para empezar hay pocos actores activos de 80 años, o no escuchan bien o no están bien de salud, en fin. Entonces ampliamos la búsqueda y Vallarino acudió a los llamados de casting y noté que tenía la capacidad de involucrarse en la situación y le pedimos algunas improvisaciones. Se abstraía de lo que lo rodeaba y se metía en la escena de una manera increíble y con mucha naturalidad. Me pareció idóneo.”

 

Un reflejo de Latinoamérica

 

–A través del tema de la vejez, llama la atención que en el largometraje se refleja la situación de Latinoamérica, ¿fue su intención?

–Hay gente que ha hecho esa lectura. Intentamos estar cerca de estos personajes y vivir su situación, aunque de manera colateral mostramos a estas personas que se encuentran desamparadas por el Estado por no ser las más pobres, pero tampoco tienen el dinero suficiente como para subsistir. Están olvidadas. No forman parte del plan del Estado. Ella no puede recurrir a ayuda externa porque no es totalmente pobre. Se toma un poco el sistema social, aunque tampoco era como lo central del filme.

–¿Por qué retrata la mala situación de la clase media?

–También era importante tratar de ubicar a estos personajes que no llegan al extremo, porque aquel que no tiene elección es un personaje menos complejo, pues no hay dilema. En cambio, ellos viven con precariedad y la hija demuestra una torpeza emocional y toma una mala decisión. Son personas que se equivocan.

–¿Es fácil hacer ese tipo de personajes que no lleguen a los extremos?

–Es más difícil porque hay que volverlos complejos. Debíamos generar un personaje que simpatizara con la gente a pesar de este acto irracional de abandonar a alguien. La trama no es la que lleva la película, hay por supuesto una trama ahí, pero no va vertiginosamente hacia adelante sino que nos damos un espacio para estar con los personajes y conocerlos de una manera más profunda.

–¿Cómo manejar la psicología de un personaje para que no se torne aburrido y tedioso?

–Ayudó mucho contar con un cuento. Nos permitió un primer acercamiento que allanó mucho terreno. Los actores pudieron leer a su propio personaje y saber lo que pensaban y sentían. Eso les dio herramientas. Después hicimos muchos ensayos. Al tener dos principales me concentré en ellos. Hicimos muchos ensayos en las oficinas y muchas improvisaciones y por último montamos las escenas en la locación. Es la película donde he trabajado más con los actores. Eran pocas locaciones y las conseguimos rápidamente.

Tardó tres años en realizar el filme:

“Como era un proyecto menos costoso, tuve la posibilidad de darme tiempo. Optamos con la fotógrafa María Secco de prescindir de más luces y tener más lapso de filmación. Yo quería trabajar bien con los actores y en un clima más agradable, sin presiones. Hicimos un plan de trabajo para seis semanas y media, pero sabía que podía rodar en siete. Traté de tener unos días de colchón. Si una situación no funcionaba nos la saltábamos para retomarla después y nos íbamos a otra cosa.”

También iba filmando cronológicamente y al mismo tiempo editaba:

“El editor estaba allá. Cada dos días me reunía con él, veíamos el material y lo analizábamos. Fue un proceso muy bueno. Aunque llegamos aquí a México a la posproducción y tuvimos la sensación de que faltaba potencia. Iniciamos con un guión entrañable, divino, conmovía muchísimo, entonces corríamos el riesgo de hacer un melodrama. Optamos con la fotógrafa de realizar una foto un poco más contemplativa, que estuviera de lejos, y consideramos que la historia iba a emocionarte. Aun cuando la película la teníamos editada, me parecía que no era lo suficientemente emotiva curiosamente. Debíamos encontrar el equilibrio e hicimos dos cosas: una, filmar secuencias extras un poco más dramáticas, tres días más fueron de rodaje, creo que le vinieron muy bien a la película; y dos, intentamos reforzarlo todo con el trabajo de sonido. Nos concentramos a realizar un sonido que fuera con las emociones.”

El productor mexicano Christian Valdeliévre fue quien insistió filmar La demora en Montevideo:

“Porque hay pocos habitantes, millón y medio. Es un lugar como muy pueblerino, donde hay todavía una preocupación por el otro, y se prestaba para interesarse por un viejo abandonado. También Christián decía que allí el invierno es más crudo, entonces la situación se vuelve más dramática.

“Con mi productor uruguayo, Sandino Saravia, abrimos una compañía y me asocié. Ganamos dos premios en Uruguay y buscamos el apoyo de Eficine, el artículo 226 del Impuesto sobre la Renta.”

–¿Cuál es la situación del cine en Uruguay?

–Fue más crítica la situación hace años. Ahora ya existen otras instancias. La gente filmaba con dos pesos a pulmón. Desde hace cuatro años se fundó el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU) y aumenta, por supuesto, la producción nacional porque ha facilitado las coproducciones. Bueno, ya existe un apoyo desde el Estado, es pequeño, hay poco dinero, pero la gente lo considera como un logro importante, porque ha luchado durante mucho tiempo.

Plá arguye que cada que realiza una nueva película capta nuevos públicos, porque a unos les gusta y a otros no:

“Es como si siempre fuera la primera ves rodar, la realidad es que la vida cambia y uno intenta ser honesto con lo que uno vive, con lo que pasa en nuestra propia vida, y supongo que eso se refleja en nuestros proyectos y que sean diferentes.”