De Rodolfo Novelo Gutiérrez
Señor director:
Ahora que llegó a su fin el espuriato, es tiempo de reflexión y de recuento de hechos, como se hace en Proceso 1882, cuya portada reza: La pesadilla terminó.
El fulano de las manos dizque “limpias” se va con ellas atascadas de porquería y tintas en sangre, dejando al país postrado ante un sinfín de adversidades. Dicen él y sus compinches, a manera de burda justificación, que encontraron la casa “llena de ratas”, y en lugar de trazar un plan inteligente para atraparlas, prefirieron acabarlas a escopetazos sin importar si los inquilinos de la misma sufrían las consecuencias. Al fin y al cabo eran sólo “daños colaterales”. Ni más ni menos.
Este sujeto resultó ser el verdadero peligro para México. Los ciudadanos debemos aprender de esta dura lección informándonos bien de quién es el personaje por el que pretendemos votar, no solamente hacerlo porque lo postula el partido al que solemos defender por sus colores como si fuera nuestro equipo de futbol de toda la vida, sin mayor reflexión o justificación que esa.
Si los que votaron de buena fe por ese señor en 2006 hubieran sabido que traicionaba a la patria según sus intereses muy particulares (ahí está la nefasta historia del Fobaproa, entre muchas otras), que era
un necio, obcecado y rencoroso que no admitía consejos ni sugerencias, cual patético Hitlercito (ahí están como testimonios de lo anterior las cartas que le escribió Carlos Castillo Peraza), seguramente lo hubieran pensado dos veces antes de darle su voto.
Este sujeto prometió empleos, pero sólo se los dio a sus amigotes, para los que inventó numerosos puestos inútiles dentro del aparato burocrático, con salarios de escándalo. Los empleos que sí creó para los jóvenes, aunque de carambola de tres bandas, fueron para los sicarios de los diversos cárteles. Ahí sí se despachó con la cuchara grande. Lástima que fueron empleos temporales, de alto riesgo y sin seguro de vida.
Para colmo de males, su ineptitud y mediocridad trajo de regreso al nefasto PRI, dinamitando así el incipiente y tembeleque proceso democrático que ilusamente creíamos vislumbrar. Espero que su conciencia (si es que la tiene) le recrimine todos los días de su vida su torpe empecinamiento.
Estoy convencido de que él sólo quería ser presidente, no por un afán de servicio a la nación, sino por vanidad y egolatría. Ah, y también para ya no tener que trabajar y que lo pensionaran de por vida. ¡Ah, qué cosas! Ahora pretende huir cobardemente a la Universidad de Harvard, a un puesto creado recientemente para parias políticos, “haiga sido como haiga sido”.
A partir de ahora, lo bueno es que ya no veremos con tanta frecuencia en los medios de comunicación esa expresión con “cejita levantada” de pretendida circunspección, que más bien me parecía una mezcla bizarra y tragicómica de Agallón Mafafas y Gordolfo Gelatino, aquellos inolvidables personajes de don Eduardo Manzano El Polivoz.
¡El pelele ha muerto! ¡Viva….!
Atentamente
Rodolfo Novelo Gutiérrez








