Educación y “cultura” narca

El narcomenudeo está enquistado en la mayoría de las preparatorias y centros de estudios de la UdeG, según muestran videos obtenidos por Proceso Jalisco en los que se observa el modus operandi de los distribuidores y los consumidores de estupefacientes dentro de los planteles. No obstanteb, Montealberti Serrano Cervantes, responsable de la Coordinación de Seguridad Escolar, asegura que el problema más crítico está en el exterior, donde los sicarios de los cárteles amedrentan al estudiantado para que se enrole en las organizaciones criminales.

Ante la impotencia de las autoridades de Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y aun frente a las cámaras de vigilancia, los narcomenudistas venden sus paquetes de mariguana de 300 o 400 gramos.

En una de las imágenes captadas por esas cámaras se observa todo el proceso: desde que el proveedor entrega la mercancía a uno de los alumnos, mientras que varios de sus compañeros esperan su dotación sentados en el piso. Ni el vendedor ni el receptor voltean para ver si son vigilados, actúan como si estuvieran en su casa. Todo sucede a plena luz del día en uno de los jardines de la Facultad de Filosofía y Letras.

Hecho el contacto, aparece una tercera persona. Tiene tatuado el cuerpo, es moreno, de complexión delgada y lleva el pelo a rape; aparenta 50. A juzgar por su apariencia, es ajeno al centro universitario.

Las autoridades admiten que el tráfico de drogas es difícil de erradicar, pues algunos alumnos son consumidores, lo que contribuye a que la escuela semeje un mercado. Y aun cuando algunos distribuidores han sido detenidos, quedan libres y regresan a la escuela.

El equipo de seguridad de la Universidad de Guadalajara (UdeG), la segunda casa de estudios del país, lo observa todo, pero no puede actuar porque, dicen algunos de sus integrantes, se echarían encima a la comunidad estudiantil, que es muy permisiva.

En un segundo video obtenido por este semanario, un joven fuma mariguana frente a sus compañeros, quienes ni siquiera se inmutan. Los demás consumidores se aglomeran en torno a una mesa de jardín. “La escena es cotidiana”, dice uno de los vigilantes del CUCSH.

Otro más muestra a dos jóvenes en pleno pase. Chupan el cigarro de mariguana con profundidad para llenar sus pulmones con el humo blanco, en un intento por evitar que éste se escape y disuelva en el aire mientras fuman. Los estertores en sus cuerpos muestran los efectos de la droga.

El consumo de mariguana no es privativo del CUCSH. También ocurre en las inmediaciones de casi todos los planteles de la UdeG. Las bandas del narco y el ataque de los delincuentes comunes en prepas y centros universitarios desborda a los representantes de la institución y a los padres de familia.

“En términos generales, la universidad está tranquila en su interior; el problema se concentra en el exterior”, dice Montealberti Serrano Cervantes, responsable de la Coordinación de Seguridad Escolar, creada en 2002.

Él sabe de memoria todo el “rosario” de delitos que se registran cerca de las escuelas: venta y distribución de drogas, secuestro exprés, levantones, robo de celulares, Ipads, laptops, Iphones, mochilas; también sobre actos de exhibicionismo, intentos de agresiones sexuales y violaciones.

El crecimiento exponencial de la delincuencia en las inmediaciones de los centros escolares data de hace dos años, comenta a Proceso Jalisco. Y advierte que de no atacarse ahora, el problema se saldrá de control: “Usted me pregunta qué es lo que vemos a un plazo de cinco años, y yo le digo: ‘Esto no es un problema de futuro, ya lo estamos viviendo’”.

Y menciona el secuestro de un camión de estudiantes preparatorianos de Guadalajara que recientemente fue desviado por los delincuentes a la zona del Álamo, donde despojaron a sus ocupantes para finalmente dejarlos abandonados.

Serrano Cervantes ha coordinado talleres de prevención del delito entre alumnos y padres de familia, en los que les enseña cómo comportarse en situaciones de riesgo y evitar que su vida peligre. En ellos participan autoridades municipales, agentes de seguridad y representantes de la propia universidad. En lo que va del año han participado decenas de miles, dice.

Según él, con la información obtenida en esos cursos se puede conocer el modus operandi de los hampones, e incluso fundamentar una denuncia, determinar la intervención de la autoridad y proceder a elaborar mapas de zonas de fuerte actividad de los delincuentes que permitan su captura.

Gracias a esa iniciativa se han ubicado los problemas en las preparatorias 2, 3, 4, y 7, en el Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño (CUAAD), en las inmediaciones del tecnológico, sito en el bulevar Marcelino García Barragán, y en la Facultad de Derecho, hoy Departamento de Estudios Jurídicos.

Dice que, así como se imparte la clase de ecología, en el plan de estudios debe incluirse una materia de prevención del delito en primer semestre de bachillerato, para ayudar al estudiante a autoprotegerse.

El proyecto Universidad Segura

 

Los delincuentes que merodean las escuelas son verdaderos depredadores. Saben a qué van, estudian a sus víctimas, sobre todo a los preparatorianos.

“Como en la selva, los delincuentes son depredadores. Siempre esperan a sus presas en el lugar de los abrevaderos; esperan a que sus víctimas bajen a tomar agua o se presenten en el lugar más vulnerable para atacar. Lo mismo pasa en las cercanías de los planteles”, expone Serrano Cervantes.

Hace más de dos años que las autoridades de Guadalajara comenzaron a implementar el proyecto Universidad Segura, que incluye conceptos como el de “sendero seguro”, por medio del cual aconsejan a los estudiantes evitar rutas complicadas o peligrosas cuando se dirigen a su plantel.

El propósito de la iniciativa es contar con calles y avenidas con buen alumbrado público, parques y jardines limpios. Asimismo, los inspectores de la Dirección de Reglamentos vigilan el entorno para que las llamadas cantinas “escolares” –que venden micheladas desde hace siete u ocho años– funcionen en regla, lo mismo que los Oxxo y 7 Eleven, cuando Emilio González Márquez estuvo al frente del ayuntamiento tapatío.

De acuerdo con el entrevistado, varios de esos negocios funcionan también como narcotienditas. “A las jovencitas les dan o les venden una caguama; se meten al baño y allí inhalan una mona (algodón con solvente). Y ¿qué hace una jovencita con esa caguama?, pues te da espectáculo. Y ¿qué hacen 20 niñas con 20 caguamas?, pues te dan un megaespectáculo.

“Y si a eso le agregas pastillas, mariguana o inhalantes, la situación se agrava, como se descubrió en uno de los operativos, según informaron los medios.”

En relación con los delitos cometidos en las inmediaciones de los planteles de la UdeG, la Coordinación de Seguridad Universitaria reporta 343 incidentes en Guadalajara en 2011, la mayoría fueron robos (160), actos exhibicionistas (38), mientras que el resto se repartieron entre asaltos a unidades de transporte público, agresiones y actos de pandillerismo en las inmediaciones de los planteles.

Serrano Cervantes indica que en el rumbo del tecnológico los focos rojos se ubican en la Calle 40 y la avenida Revolución, Calzada Olímpica y Revolución o la 40 y Marcelino García Barragán. Ahí se ubican al menos 14 locales donde se vende cerveza, licor e incluso inhalantes, drogas sintéticas y toncho.

El pasado 6 de septiembre, en los alrededores de la prepa 12, al filo de las 13 horas policías municipales y personal de Seguridad Universitaria detuvieron a tres estudiantes menores de edad en el momento en que consumían mariguana y los remitieron a la dirección del plantel.

En las cercanías de algunas de las escuelas el consumo de drogas, sobre todo inhalantes, es notorio. “Una mona –dice el entrevistado– cuesta 10 pesos, incluso hay de vainilla y de otros sabores”.

Las autoridades de la prepa 12 admiten que en los últimos meses han retenido al menos a 40 jovencitos en un lugar conocido como “Las Piedrotas”, ubicado justo frente a la entrada principal del plantel, entre Marcelino García Barragán y la Calle 40.

Entre enero y noviembre de 2011, en la prepa 13, ubicada en El Sauz, sobre el cruce de Patria y Ahuehuetes, las autoridades policiacas reportaron 73 detenciones por diferentes delitos en las inmediaciones del plantel, ubicado en los límites de Guadalajara, Tlaquepaque y Zapopan, donde la vigilancia no es muy buena.

En la misma zona de El Sauz, en enero de 2011 corrió el rumor de que una presunta banda de narcos estaba secuestrando a menores en kínderes y primarias en la zona metropolitana de Guadalajara. Nunca se comprobó un solo secuestro.

No obstante, la UdeG decidió organizar simulacros entre su personal docente, trabajadores administrativos y la comunidad estudiantil para estar preparados ante cualquier contingencia, incluido un ataque contra alguna instalación universitaria, atentado con artefactos explosivos o la irrupción de un comando armado. Los primeros simulacros se instrumentarán en 2013, dice Serrano Cervantes.

En el marco de esa iniciativa, dice, podrán aplicarse algunas de las sugerencias de la Guía de seguridad preventiva, elaborada por autoridades universitarias y la Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco (SSP).

El documento incluye información de utilidad sobre cómo comportarse en situaciones de enfrentamientos con armas de fuego entre grupos de la delincuencia organizada o de sicarios contra autoridades policiacas, dentro y fuera de los planteles.

En el caso de una balacera, por ejemplo, se recomienda a los alumnos mantenerse en lugar seguro y al interior del centro escolar, “al escuchar detonaciones en el perímetro escolar, el maestro de inmediato ordenará a los alumnos tirarse al suelo y cubrirse la cabeza con las manos o (mantenerse) en una posición pecho a tierra”.

También instruye sobre cómo debe conducirse la comunidad universitaria ante el eventual ingreso de un comando armado a algún plantel escolar. Lo adecuado, según el documento, es mantener la calma y permanecer en las aulas, “tirarse al suelo en posición de agazapado o de pecho a tierra durante todo el tiempo que dure ese hecho”, seguir las indicaciones del personal académico o de los elementos de seguridad.

Ante una posible explosión, la guía recomienda tirarse al suelo, cubrirse cabeza y oídos, desalojar las instalaciones con calma y en orden, según lo indique el personal de seguridad.

“Si hay escombros cayendo alrededor, protegerse bajo una mesa o escritorio, tener precaución con pisos o escaleras débiles”. Si hay fuego, salir lo más rápido posible, cubrirse nariz y boca con un paño mojado en caso de registrarse mucho humo y avanzar “a gatas”.

Para evitar el secuestro de algún alumno, la recomendación es evitar ser ostentoso y negarse a recibir favores de desconocidos, o que se les tomen fotografías, pero sobre todo no aportar datos personales si no es estrictamente necesario.

Otros apartados de ese protocolo aluden al riesgo de toma de rehenes, bloqueos de vialidades por grupos del crimen organizado y cómo atender los retenes impuestos por el Ejército, alguna otra autoridad o incluso un grupo armado.

Serrano informa que, en el país, la UdeG es punta de lanza en materia de la elaboración de protocolos de seguridad para la comunidad estudiantil y su personal docente. Muestra de ellos es que gracias al éxito en esa materia la institución fue nombrada como representante de la zona centro occidente dentro la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en materia de seguridad.

E insiste: en los dos últimos años el tema del resguardo de personal y estudiantes en instalaciones universitarias se viene atendiendo en forma especial. Hace poco, el Consejo de Rectores de la UdeG aprobó el manejo de una bolsa concursable de 5 millones de pesos que serán invertidos en proyectos para reforzar la vigilancia en los diferentes planteles, dentro de una institución que atiende a más de 200 mil alumnos.

Un caso singular

 

Hace un mes, un estudiante de la preparatoria privada José María Morelos y Pavón caminaba por la calle Isla Raza. Al llegar al cruce con Cozumel, un extraño le preguntó la hora, por lo que detuvo su marcha.

Su interlocutor lo arrinconó contra la pared y le dijo que el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) estaba buscando chavos que se unieran a su causa. El sujeto le mostró fotos de sus compañeros y le pidió que les diera el mensaje. El joven llegó como pudo al plantel y expuso el problema a sus maestros.

Uno de ellos, quien pidió omitir su nombre, informó a los directivos del plantel, quienes su pusieron en contacto con la Dirección de Enseñanza Incorporada de la UdeG, para saber qué hacer. La recomendación fue presentar una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR).

Proceso Jalisco buscó a los directivos de la prepa José María Morelos, pero no los encontró. Sin embargo, personal de administración indicó que las autoridades universitarias y de la PGR les dieron total respaldo. La dependencia federal inició las indagatorias, aunque no encontró ningún elemento que indique amenazas reales. Desde entonces, el joven preparatoriano vive temeroso.

La preparatoria a su vez contrató guardias privados y pidió apoyo al módulo cercano de la policía de Guadalajara que está por avenida Cruz del Sur, para que hiciera rondines de vigilancia por la zona tres veces al día. En relación con los estudiantes, los directivos les indicaron que eviten permanecer afuera del plantel y que deben irse directo a su casa, sin entablar conversaciones con extraños.

Sin embargo, la delegación estatal de la PGR niega que exista alguna denuncia formal por presuntos actos de reclutamiento forzoso de jóvenes universitarios por algún cártel. Según el vocero de la dependencia, Ulises Enríquez, hasta ahora no se ha presentado ninguna querella en tal sentido.