Conlon Nancarrow

El pasado 27 de octubre se cumplieron 100 años del nacimiento de Conlon Nancarrow, uno de los grandes innovadores de la música contemporánea, que fijó su residencia en México a partir de 1940 y se convirtió en ciudadano mexicano en 1955.

I

 

Conlon Nancarrow fue toda su vida un hombre tímido y reservado. No le gustaba la vida social y sólo se sentía agusto con pequeños grupos de amigos. Tampoco le gustaba hablar mucho acerca de su música, y en general pensaba que no era necesario conocer la vida de un compositor para apreciar su obra, de manera que casi siempre era renuente a hablar de su persona.

En gran parte de las entrevistas que concedió se muestra lacónico. El poeta Luis Ignacio Helguera lo visitó en su casa, en marzo de 1994, con la intención de entrevistarlo para un homenaje que preparaba la revista Pauta (de la cual Helguera era jefe de redacción) y Nancarrow prácticamente acabó desapareciendo, dejándolo en compañía del compositor Carlos Sandoval, quien en esos años era su asistente. Quizás ocurría así, en parte, porque a partir de los 60 años de edad (la etapa en que empezó a ser cada vez más reconocido) sintió que comenzaba a perder la memoria. Temía ser víctima del Alzheimer. Si no fuera por el extraordinario esfuerzo del alemán Jürgen Hocker, quien conoció a Nancarrow en 1982 y comenzó a documentar su vida, no se sabría casi nada, o muy poco, de ella.

Hocker dedicó más de 15 años a investigar los pasos del compositor y en 2002 publicó un libro de 300 páginas que este año acaba de editarse en inglés, traducido por Steven Lindberg, con el título de Encounters with Conlon Nancarrow (Lexington Books). Es una biografía espléndida que permite conocer de cuerpo entero al músico y comprender mejor cómo desarrolló su trabajo. Aparece con toda oportunidad para celebrar el centenario de Nancarrow. La información que brinda se complementa con la de otro título igualmente valioso que hace cuatro años publicó la Universidad Nacional Autónoma de México: La música de Conlon Nancarrow, del texano Kyle Gann, editado y prologado por Julio Estrada, y traducido precisamente por Carlos Sandoval. La lectura de ambos permite ver que la obra y la biografía de Nancarrow son igualmente fascinantes.

 

II

 

Samuel Conlon Nancarrow Brady nació en  Texarkana,  la misma  ciudad  de Texas en que vio la luz el famoso pianista de ragtime Scott Joplin, amante de la ópera y de la música sinfónica.

Los padres de Nancarrow se preocupaban por la educación de sus hijos y desde pequeños los hicieron escuchar música clásica. Había una pianola en casa así como la intención de que los hijos aprendieran a tocar el piano. Pero una mala maestra apartó a Conlon de ese instrumento y en vez del teclado aprendió a tocar la trompeta. No tardó en aficionarse al jazz (Louis Armstrong era su gran favorito). Su padre quería que estudiara ingeniería pero él prefirió estudiar música. Asistió al Conservatorio de la Universidad de Cincinnati por un semestre y tocó en la orquesta de la escuela y en grupos de jazz. En 1932, a los 19 años de edad, se casó por primera vez con una joven de 17, Helen Rigby, cantante y contrabajista. Vivían en casa de los padres de ella. Dos años después se mudaron a Boston, donde estudió de manera privada con el compositor Roger Sessions. Como hizo muy pocos estudios formales, se consideraba autodidacta. Aún vivía en Boston cuando se afilió al Partido Comunista estadunidense en 1935.

Al año siguiente se separó de Helen y viajó a Europa por vez primera como parte de un grupo de jazz. Conoció Londres, París y Alemania. En 1937 el partido organiza la Brigada Abraham Lincoln para apoyar la lucha de los republicanos españoles contra el insurrecto Francisco Franco y Conlon se enrola en ella. Lucha en las trincheras. El hambre lo obliga a comer caracoles que recoge de la tierra. En 1939, tras la derrota, vuelve a Estados Unidos y descubre que su gobierno acosa a quienes formaron parte de su brigada. Se le niega la expedición de un pasaporte. Decide expatriarse. Entre México y Canadá, únicos países que no le exigen documentos, elige México. Llega a la capital a mediados de 1940. Vive muy modestamente en un departamento que da al Zócalo. Ese mismo año lee un libro que tendrá gran influencia en su vida: New Musical Resources (Nuevos recursos musicales), que su compatriota, Henry Cowell, publicó en 1930. En él Cowell apunta que la pianola permite escuchar diferentes ritmos simultáneamente. En 1943, uno de los pocos músicos con los que tiene relación en México en esa época, Rodolfo Halffter, le pide que escriba una pieza para ejecutarla en el Palacio de Bellas Artes. Nancarrow entrega Trío para clarinete, fagot y piano, que  el  clarinetista  se  niega  a  ejecutar  porque “vamos a parecer borrachos”.

1943 es también el año en que conoce a la que será su segunda esposa: Annette Margolis, una estadunidense refinada y de gran belleza, afincada en México, amiga de Orozco, Rivera, Siqueiros, Frida Kahlo, Carlos Mérida y muchos otros pintores. A ella le debe el conocer a Juan O’Gorman, que se convertirá en uno de sus más cercanos amigos. Margolis y Nancarrow se casan en 1947, en Nueva York. En ese viaje –una de las poquísimas ocasiones en que él vuelve a Estados Unidos– adquiere una perforadora que le permitirá producir rollos para pianola con sus composiciones. La producción de esos rollos exige mucho tiempo y destreza, pero le permite prescindir de intérpretes (basta la sola pianola para reproducirlos) y explorar mecánicamente posibilidades musicales que las manos nunca podrían alcanzar.

La pareja se instala en la casa que ella tiene en la Calzada de las Águilas número 48. El terreno es tan grande que construyen un estudio para él que, a la postre, cuando se separe de Annette, se convertirá en su casa. El encargado de la obra es Juan O’Gorman, quien escribió en su autobiografía: “En 1947 le construí una casa pequeña a mi amigo el músico Conlon Nancarrow en la colonia de Las Águilas (…) y en los muros de los corredores de esa casa y en varios sitios del jardín realicé murales con piedras de colores. Esa fue la primera vez que en México se hicieron mosaicos con piedras de colores al exterior de un edificio. (…) Posteriormente usé esas mismas piedras para hacer los mosaicos del edificio de la Biblioteca Central de la Ciudad Universitaria.”1

Aun después de separarse, Margolis y Nancarrow mantuvieron siempre una buena amistad. Acordaron dividir el terreno, y el estudio-casa se convirtió en el número 46 de Las Águilas. Luis Stephens, el menor de los dos hijos que Margolis había tenido en su matrimonio anterior, recuerda a Nancarrow como una excelente persona y mantuvo un trato afectuoso con él toda la vida.

En 1955 Conlon Nancarrow se convierte en ciudadano mexicano. No obstante, nunca se integra plenamente a la vida cultural del país. Trabaja de manera muy intensa en la creación de su obra musical, pero en un considerable aislamiento, sin público ni crítica. Gracias a un fondo que dejó su padre, pudo arreglárselas hasta los años 60 dedicado casi exclusivamente a componer.

Pero poco a poco su trabajo obtiene más y más atención y comentarios. En 1972 empieza a mantener correspondencia con Peter Garland, editor de la célebre revista Soundings. Garland se convertirá en uno de sus más importantes difusores. En una entrevista realizada con Roberto García Bonilla en 1996, Garland explica:

“Cuando todos pensaban que ya nada era posible y que todo se había alcanzado, Nancarrow nos abrió nuevas puertas y direcciones… Lo más admirable de su obra, para mí, es que fue concebida lejos de la tecnología, con una enorme imaginación. En las partituras de él que yo publiqué, cada nota y cada ritmo fue imaginado completamente. Hay mucha gente que escribe con computadora ritmos similares a los de Nancarrow; ahora es muy fácil hacerlo, pero en los años cuarenta y cincuenta eso era impensable. Él encontró una tecnología con los pianos mecánicos y realizó una música que nadie soñaba. Yo creo que el dominio del arte siempre está en los sueños, en la imaginación, no en la tecnología. La técnica va detrás de la imaginación, ésa es una enseñanza que nos dejó su obra.”2

A comienzos de los años setenta Nancarrow se enamoró de una joven arqueóloga japonesa llamada Yoko Seguira y se casó con ella. Al poco tiempo tuvieron un hijo: David Makoto.

El renombre y la atención pública alcanzaron a Conlon Nancarrow en el último tercio de su vida. En 1977 se grabaron ocho de sus más de 40 estudios para pianola, y Nancarrow recibió su primera comisión para escribir una obra por parte de la European Broadcasting Union.

En 1980 el compositor húngaro György Ligeti se convierte en otro de sus entusiastas, y lo saluda como “el mayor descubrimiento desde Anton Webern y Charles Ives”. En 1982, al cumplir los 70 años de edad, se le otorga la famosa McArthur Genius Fellowship, con una bolsa de 300 mil dólares que le son entregados a lo largo de cinco años.

En México, José Antonio Alcaraz, el notable crítico musical y fundador de este semanario, le dedica dos artículos (Proceso 459 y 460, 19 y 26 de agosto de 1985) en los que da cuenta de la exuberancia de la música de Nancarrow y de su talento impar.

Julio Estrada entabla amistad con él y en 1990 organiza una gran celebración de dos días en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Hasta ese año, la salud de Nancarrow había sido muy buena. Comienza a mermar por problemas respiratorios. Ha sido un fumador empedernido toda su vida. Sufre una neumonía que se complica y le acarrea un leve derrame cerebral.

En 1992 se le hace miembro de la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos. Como ya no puede viajar a ese país, la ceremonia de su ingreso tiene lugar en la biblioteca Benjamín Franklin, en la Ciudad de México. En el curso de ella se dice que Nancarrow, “sobrepasando las habilidades del pianista virtuoso y utilizando solamente los recursos del humilde piano mecánico, ha expandido las capacidades del piano convencional en obras de elocuencia, complejidad y brillantez en el teclado, alcanzando una claridad expresiva, única en la música para piano del siglo XX”.

En 1993 se le distingue como creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Tres años más tarde se le rinde un homenaje en el marco del XXIV Festival Internacional Cervantino.

“Poeta de la pianola”, lo llamó en 1981 John Rockwell, uno de los más distinguidos críticos musicales de Estados Unidos, en un artículo publicado en The New York Times. Y como un poeta, en efecto, lo trató la revista Poesía y Poética (hecha en México por el escritor argentino Hugo Gola), que en su número 16, correspondiente al verano de 1994, le dedicó medio centenar de páginas en las que se presenta la traducción de ese trabajo de Rockwell y otros textos.

Gracias a la inmensa cantidad de música que puede escucharse a través de la red electrónica, la obra de Nancarrow –por lo menos una buena parte–, antes restringida a un público más bien pequeño, hoy se encuentra al alcance de cualquiera que tenga curiosidad por conocerla. No puede haber mejor homenaje para el compositor que escucharla.

 

1. Antonio Luna Arroyo: Juan O’Gorman: Autobiografía, antología, juicios críticos y documentación exhaustiva sobre su obra. Cuadernos Populares de Pintura Mexicana Moderna; México, 1973, Vol. 1, 146 p.

2. Roberto García Bonilla: Visiones sonoras. Entrevistas con compositores, solistas y directores. Siglo XXI/Conaculta; México, 2001, 141 p.