La colonia de la furia

Los habitantes de la colonia Santa Cecilia, de Guadalajara, manifiestan su voluntad de transformar este campo de batalla de pandillas en un lugar habitable. Pero el círculo de la pobreza y del crimen arrasa con su buena voluntad, y con las débiles políticas de integración de los gobiernos municipales. La desesperada situación ya convirtió estas angostas calles en el escenario preferido de la muerte.

Las tardes de sábado las calles de Santa Chila (la colonia Santa Cecilia, en Guadalajara), parecen vacías; sólo hay movimiento en los comercios de la avenida Joaquín Amaro.

La soledad más notoria es la de un joven que permanece cerca de la calle Hacienda La Colmena, a dos cuadras de la avenida principal, uno de los sitios preferidos para las famosas peleas callejeras. Es un pandillero quien, al ver a la reportera con Mala Fama –el guía, conocedor de la vida urbana en esta zona– se acerca con cautela y avisa: “Hoy El Miclo salió hasta en las noticias. Desde el incidente de la semana pasada la banda anda bien alerta”.

Esto ocurre cada vez que se disparan las rachas de violencia y hacen eco en los medios de comunicación. Como si se pusieran de acuerdo, la policía merodea las calles y los jóvenes rijosos se mudan de la banqueta a la sala de su casa para ver la tele.

La noticia de la muerte de Margarita Lizette, una niña de siete años que falleció de un balazo el 2 de octubre durante una riña callejera, volvió a poner a la colonia en la primera plana de los periódicos locales, dos días después de que un centenar de vecinos realizaron una marcha por la paz. El asesinato se cometió en los cruces de las calles Alfredo Salmerón y Agustín Lara, donde ya se colocaron varios altares de muertos en memoria de los que dijeron adiós a la vida guerrera de esa cuadra.

Son esas cuadras, de calles angostas con baches y largos callejones, por las que sólo puede circular un carro chico y por lo tanto son intransitables para las patrullas, donde tienen su territorio los TPCH (Trabajo Pura Chingada), uno de los más peligrosos grupos de Guadalajara.

El hacinamiento y la violencia caracterizan a la colonia, que desde 2009 está entre las de mayor índice delictivo de la ciudad. Cada año se cometen aquí cerca de mil 500 delitos. Los homicidios son la especialidad de las pandillas. En la última quincena de septiembre, 10 adolescentes murieron en riñas y en los siete meses recientes van 47, según las estadísticas de la Asamblea Comunitaria de Santa Cecilia, cruzadas con datos de la procuraduría estatal.

“Cocos rapados”

 

La unidad deportiva Juan Soriano, también conocida como “Los Vochos”, que el entonces alcalde y hoy gobernador electo Jorge Aristóteles Sandoval hizo construir como parte del Programa de Intervención por Objetivos (PIO), es uno de los pocos espacios públicos en la zona. Sin embargo,  también es el punto de reunión donde se sienten cómodas las pandillas del sur de la capital y la utilizan incluso como set para grabar videoclips.

Los foráneos están advertidos: en las paredes de las canchas de frontenis está grafiteado con letras blancas el nombre de la clica (banda) anfitriona, BVL (Barrio Vatos Locos), que integra a muchachos de entre 12 y 16 años, de los cuales muchos brincarán a la pandilla más sonada de Santa Chila, La Florencia 13.

Durante la administración municipal de Aristóteles Sandoval en donde se implementó dicho programa en 2010, se tenían identificadas 12 pandillas en la zona. Pero para 2011 la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Guadalajara contabilizaba 19, y a la fecha siguen siendo dos las pandillas más peligrosas la Florencia 13 (una copia al carbón de una de las pandillas hispanas más violentas de Los Ángeles) y Los TPCH.

De acuerdo con Mala Fama, expandillero, el número 13 representa la décima tercera letra del alfabeto, la M, de mexicano. Esto se debe, dice, a que La Florencia 13 tiene sus orígenes en el sur de California, Estados Unidos, pero a diferencia de las otras pandillas de la colonia esta conserva su vestimenta característica, de cholo: cabeza rapada, paliacate azul, camisa de botones o blancas y pantalones beige holgados. Era la moda entre los migrantes mexicanos en aquel país durante las décadas de los sesenta y los setenta, con el movimiento chicano, y llegó a Santa Cecilia desde hace más de tres décadas porque es una zona expulsora de migrantes.

Vatos tumbados, los tramos aguados, gafas en la cara, fajada la escuadra, saben los malditos, cabeza rapada, que Santa Cecilia está controlada… Cholos malvados, cocos rapados, en nuestra esquina Florencia rayamos, con unos tramos siempre planchados, paños azules siempre cargamos, cholos malvados, cocos rapados, en nuestra esquina Florencia rayamos…  se oye en el video musical que alguien subió al portal YouTube con el título La colonia Santa Chila. El intérprete es Mr. Yosie Locote.

El rapero Ramón, mejor conocido como Mr. Yosie, es un integrante de La Florencia que se convirtió en un fenómeno social y web star (estrella de internet). Desde 2010 sus videos han alcanzado cerca de millón y medio de visitas en su canal de YouTube. El más famoso se llama Duke y cuenta con un millón 401 visitas. Dice:

Pandilleros, delincuentes, somos dueños de las calles, te mete pa’ Santa Chila ya lo dije tú no sales. Malandrines de Guanatos, el control del sur de Oblatos, el terror de las colonias, el respeto de los barrios (…) Esto aquí no va a parar, mucho menos acabar, por las calles ya se mira puro morro criminal, topándole a las batallas, las jefas dicen no vayas, pero salen a topar y se mueren en la raya (…) Es mejor tenga cuidado si camina de este lado, somos puro malandrín y de las calles soldados. Santa Chila, mi colonia, puro loco de Guanatos, siempre listo pa’ las guerras y también pa’ balacearlo…

Los videos se graban en las avenidas principales de la colonia. Los seguidores del rapero son principalmente jóvenes que comparten sus canciones vía bluetooth en su celular. La reportera buscó a Mr. Yosie pero él mandó decir que “Santa Chila está muy caliente ahorita” y no le conviene exponerse.

No obstante, los vecinos confirman lo que canta Mr. Yosie: las pandillas mandan en esta colonia, ya que después de las 20:00 horas la policía no entra más allá de la calle Joaquín Amaro. La gente se queja también de que Santa Cecilia siempre ha tenido mala fama, pero ahora están matando a jóvenes en plena luz del día.

Círculo de pobreza

 

En entrevista, Rogelio Marcial Vázquez, investigador de El Colegio de Jalisco y experto en culturas juveniles, indica:

“El pandillerismo en Santa Cecilia no es nuevo; desde finales de los ochenta ha sido de las colonias más temidas de Guadalajara. Lo que es novedad es la nueva generación de jóvenes, hijos y hermanos de pandilleros, que ahora ejercen una violencia mucho más cruda que sus antecesores. Además, ahora se involucran en el crimen organizado más fácil y rápidamente: desde chicos tienes acceso a armas, muchos fungen como halcones, mulas o sicarios. Son ahora los soldados del crimen.”

Para él, las políticas públicas de los últimos ocho años han sido erróneas, pues los gobiernos las aplican como paliativos y, lejos de solucionar el problema provocan la formación de guetos (barrios marginales). Por esta razón, el problema se tornará más complejo si no se combaten la marginación y la violencia con políticas reales para integrar a esa parte de la población a la sociedad.

Al pandillerismo en Santa Cecilia se le suman el desempleo y la pobreza. De acuerdo con el estudio que realizó el municipio de Guadalajara en el primer año de gobierno se Aristóteles Sandoval para aplicar su proyecto PIO, el 39.46% de los habitantes recibían un salario mínimo y el 39% eran jóvenes entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan. El investigador comenta:

“Vivir en estas zonas sin involucrarte en el pandillerismo es muy difícil, dado que eso es lo normal. En estos sectores empobrecidos viven hasta tres generaciones en la misma casa. En la adolescencia estos jóvenes buscan sus espacios y el único lugar que lo ofrece es la calle.

“Por eso urge crear empleos juveniles y brindar mejores oportunidades salariales para sus padres, pues las alternativas para esos jóvenes son muy limitadas y esto los orilla a delinquir o emigrar. Para colmo, hoy ya no es tan fácil cruzar el otro lado de la frontera.”

También se ve una mayor participación de las mujeres en pandillas, pues si el promedio de integrantes es de entre 50 y 100 personas, se estima que poco menos de 20% son mujeres. Sin embargo, la persistencia de la ideología machista en las agrupaciones impide que ellas tengan reconocimiento pleno  como miembros activos. En respuesta, muchas de estas integrantes de pandillas tienden a masculinizar su actitud, aunque el sexo sigue siendo el medio más común de ganarse un lugar en el grupo.

Inermes ante los embarazos

 

Los embarazos a temprana edad y el pandillerismo van de la mano. Una investigación clínica-médica que publicó en 2008 el American Journal of Epidemiology, en Estados Unidos, concluyó que las adolescentes de origen hispano que tienen una pareja perteneciente a una pandilla son dos veces más propensas a quedar embarazadas. Se supone que los ritos de iniciación en las bandas exigen que las adolescentes que quieren ingresar sean “roladas” entre los cabecillas de la banda.

En el grupo de  vinculación social y prevención del delito a cargo del Ayuntamiento de Guadalajara, las responsables de impartir talleres de sexualidad en escuelas públicas de la zona de Oblatos, indican que si bien las jóvenes de secundaria muestran una conducta hipersexuada, muchas desconocen los riesgos de enfermedades de transmisión sexual.

“Hicimos un diagnóstico en nueve zonas de Oblatos y descubrimos que aquí las niñas inician su vida sexual entre los 12 y los 15 años. La mayoría quedan embarazadas ante el desconocimiento del uso adecuado de los métodos anticonceptivos. En los talleres que impartimos en escuelas, vemos que muchas adolescentes conocen la pastilla de al día siguiente, pero la usan como si fuera chicle, desconociendo los riesgos de su uso indiscriminado”, confía una de las talleristas que prefiere no publicar su nombre.

Su labor es obstaculizada por las iglesias de la zona, que al principio accedieron a que se dieran pláticas en sus instalaciones, pero al saber que se “promovía el uso del condón en menores de edad como método anticonceptivo”, un templo del barrio decidió cerrar sus puertas e invitó a los jóvenes a la “abstinencia” y el “autocontrol”.

Los datos más recientes de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid), de 2009, indican que la vida sexual de las adolescentes jaliscienses comienza en promedio a los 15 años. Del total de los nacimientos en el estado ese año, 15.6% correspondieron a madres adolescentes. El mismo estudio revela que en la entidad se produjeron 14 mil 608 embarazos adolescentes, con lo cual el estado se ubica en el quinto lugar nacional con mayor número de adolescentes que se unieron o se casaron como consecuencia de un embarazo.

Asimismo el Censo Nacional de Población 2010 detectó que 7% de las jaliscienses de 19 años o menos ya habían tenido por lo menos un hijo nacido vivo. Pero además estas adolescentes tienen una importante probabilidad de volver a ser madres aún en la adolescencia.

En el documento se da cuenta de 401 madres entre 12 y 14 años, y sólo cuatro de cada 10 mujeres entre 15 y 19 años utilizaron un anticonceptivo en su primer encuentro sexual.

Según especifica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en el segundo capítulo de su Panorama Social de América Latina 2011, el incremento de casos de embarazo entre adolescentes se relaciona con la pobreza, la desigualdad y bajos niveles educativos. El riesgo radica no sólo en el embarazo, sino en las malas condiciones en las que ocurre, además de que los adolescentes no previenen embarazos no deseados.