Abuso y represión

I

Delphine de Vigan (Boulonge-Billancourt, 1966) ha escrito varias novelas apreciadas en Francia como No soy yo y Las horas subterráneas. Hace unos meses ha conmovido al público lector de su país con Nada se opone a la noche (Ed Anagrama. Col. Panorama de narrativas, No. 812; Barcelona, 2012. 576 pp.), que vendió en un par de meses más de 500 mil ejemplares.

La novela autobiográfica inicia cuando Delphine descubre el cadáver de su madre Lucile. En ese momento se propone realizar una reconstrucción de las causas y lo ocurrido, a partir de fotografías familiares, videos, cintas magnetofónicas, conversaciones con hermanos, cartas y dibujos de Lucile, así como de sus propios recuerdos. La información la lleva a entender a su madre como una maniaco-depresiva y conocer las móviles de este trastorno: el abuso de su abuelo que perturbó a Lucile y creó un ambiente tenso en la familia.  También marcaron sus relaciones futuras, que serían rígidas y variables. En particular el paso del tiempo sumió en el abatimiento a Lucile y provocó actitudes agresivas y destructivas, que terminaron en el suicidio.

Nada se opone a la noche es una narración descarnada y sincera, en donde Delphine de Vigan muestra a su familia tal cual es y descubre los secretos que han llevado a la infelicidad a los abuelos, padres, tíos, hermanos y sobrinos.  l

 

II

 

Leopoldo Brizuela ganó el Premio Alfaguara 2012 de novela por Una misma noche. El autor nació en La Plata (1963), estudio Letras y es narrador, poeta, traductor y articulista. Ha publicada entre otras novelas Tejiendo agua (1985), Inglaterra. Una fábula, con la que obtuvo el Premio de novela del periódico Clarín en 1999, y Lisboa. Un melodrama (2010).

La narración inicia cuando Leonardo Bazán, alter ego del autor, presencia el robo de una casa vecina por unos malhechores protegidos por la policía. El hecho lo lleva a rememorar el secuestro, en el mismo domicilio, de una mujer judía en 1976 por parte de la dictadura militar argentina. Así inicia una pesquisa en donde conversa con los actores, revisa archivos, recopila información y visita el principal centro de tortura para conocer lo sucedido. A la par realiza un discernimiento sobre lo ocurrido en el presente. Los descubrimientos le permitirán comprender lo acaecido.

En Una misma noche Brizuela denuncia cómo ciertas fracciones de la sociedad se vincularon con la dictadura para eliminar o someter a los sujetos o grupos molestos a través del asesinato y la tortura. Años después cambió la forma de gobierno, a la de una oligarquía con tintes democráticos, pero que ha recurrido, igual que la tiranía, a la opresión para amedrentar a los disconformes, con la diferencia de que en el presente ya no echa mano de los aparatos represivos el Estado para suprimirlos sino a las bandas de delincuentes.

Una misma noche es una novela temáticamente interesante, aunque falla en la narrativa por ser reiterativa, excesiva en el manejo de la información y simplista en el tratamiento de algunos personajes.