Señor director:
En Chihuahua los seres humanos no somos las únicas víctimas de las armas de fuego. También son abatidos a tiros, y a manos de las propias autoridades, los infortunados ejemplares de puma y otros animales que, acosados por la sequía y la destrucción de su hábitat, se acercan a algunos poblados en busca de refugio. Son animales que cometen el imperdonable error de volver a sus antiguos territorios, ahora ocupados por humanos.
Algunos de los animales matados a tiros son muy jóvenes, casi cachorros, como el puma acribillado por la Dirección de Seguridad Municipal en la ciudad de Chihuahua hace unos días; o no representan ningún peligro, como una víbora casera que recientemente fue muerta a pedradas también por oficiales.
Las autoridades ambientales federales y estatales no se dan cuenta, o parecen no darse cuenta de esta destrucción (la indiferencia es el apoyo silencioso a la injusticia), y las locales la justifican a la antigüita: “es que el animal estaba a punto de agredir al agente”.
Por contraste, en Nuevo León, cuando hace poco una osa con crías se acercó a un área urbana, fue tranquilizada con un dardo para ser reubicada, con sus cuatro oseznos, en un lugar silvestre seguro.
Es urgente que en Chihuahua se cree y opere un programa similar de relocalización de fauna que permita capturar vivos (mediante trampeo no-letal y con dardos tranquilizantes) a los pocos ejemplares que nos quedan; que, entre los costosos arsenales que se compran cada día, se invierta por lo menos en rifles lanzadardos y pinzas herpetológicas, cuyo costo es mucho menor al de un arma de fuego.
Al tiempo que protegemos a los pobladores, urgimos a nuestras autoridades para que protejamos también, y de manera efectiva, a la muy depredada fauna silvestre nativa de Chihuahua.
Atentamente
Doctor Álvaro Anchondo
y maestro en ciencias Manuel Bujanda.








